<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524</id><updated>2011-12-22T12:49:16.738-08:00</updated><title type='text'>Diario de un sicario</title><subtitle type='html'>Las memorias de un asesino a sueldo llamado Antonio García</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>76</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-116648325739921037</id><published>2006-12-18T14:43:00.000-08:00</published><updated>2007-01-19T15:42:33.553-08:00</updated><title type='text'>Sentidos aletargados</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7926/815/1600/861247/a%20quemarropa.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7926/815/320/129341/a%20quemarropa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hacía tiempo que no sentía esta sensación. Los músculos en tensión, la respiración contenida, el corazón tamborileando mi pecho y los ojos en llamas. Los dedos recordando segundo a segundo su oficio, el papel que deben jugar en cada instante, volviendo a reclamar su quehacer con cada movimiento. Recuperar los hábitos oxidados por el desuso, reconocer la sonrisa del lobo viejo que limpia su colmillo con la sangre de la presa que nunca pensó en volver a alcanzar con sus patas maltrechas: hay instintos que no se pueden aplacar por el olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paso a paso los pies del sicario viejo vuelven a encontrar los senderos de la noche al cobijo de las sombras. Eres un jodido yonki de este trabajo. Siempre piensas que será la última vez, que ya tienes dinero de sobra, que esto lo haces por darte un último capricho caro antes de colgar los guantes. Pero nunca lo dejas. Unos meses de retiro y otra llamada, otro porqué y otro porqué no. Un cliente, una bonita suma, un nuevo objetivo. El trabajo paciente y laborioso, el seguimiento, los sesos devanándose en la metodología, las rutinas, los puntos débiles, quizá un pavo, estudiar, repasar… hasta que llega la hora. Emerges de la sombra y contagias de ésta a tu víctima. Otra mirada desgarrada, la mueca desdibujada de un último suspiro y el engranaje de la huída comienza de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay cosas que un sicario no olvida. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-116648325739921037?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/116648325739921037/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=116648325739921037' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/116648325739921037'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/116648325739921037'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/12/sentidos-aletargados.html' title='Sentidos aletargados'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-114237196518478703</id><published>2006-03-14T13:16:00.000-08:00</published><updated>2006-03-14T13:35:24.906-08:00</updated><title type='text'>Cadáveres en el armario</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/1600/Armario.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/400/Armario.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A veces el trabajo se antoja monótono. Demasiados cadáveres en el armario y tan poco tiempo para las cosas realmente importantes. Ver amanecer, tomar una copa en el porche de casa mientras miras las estrellas, un baño de espuma, disfrutar de la fragancia de las rosas… Pequeños grandes placeres que se echan de menos cuando te metes en la vida de otra persona antes de ponerle fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Últimamente me noto descentrado, como si la cercanía de la jubilación me hiciera perder la concentración. Pienso en dejar todo esto atrás, unas vacaciones, una casa con vistas al mar, tiempo para mí y para mi vida. Vida después de la muerte. Cuando ejecute mi último encargo comenzará mi nueva y verdadera vida. Cuando mi objetivo deje de respirar, con él dejará de hacerlo el Sicario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces mis manos se dedicarán a otros menesteres más cotidianos. Podar plantas, acariciar el rostro de una mujer, cambiar las pilas del mando a distancia del televisor, tumbarme a la sombra de mi jardín y leer un buen libro… La vida es hermosa cuando dejamos atrás el trabajo y tenemos todo el tiempo del mundo para disfrutarla saboreando cada momento. Es entonces cuando podré ponerme en serio a redactar todos los pormenores de mi carrera. Esos que me recuerden quién solía ser Antonio García.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguiré leyendo y respondiendo a todos los que deseéis charlar con éste sicario en vías de jubilación. Entretanto quizá encuentre tiempo para ir dejando alguna que otra historia o retazo de los pensamientos que me abordan. El viaje todavía continúa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-114237196518478703?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/114237196518478703/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=114237196518478703' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/114237196518478703'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/114237196518478703'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/03/cadveres-en-el-armario.html' title='Cadáveres en el armario'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-114105642266354495</id><published>2006-02-27T07:34:00.000-08:00</published><updated>2006-02-27T08:07:02.683-08:00</updated><title type='text'>Sombra de Sicario</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/1600/sombra.0.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/320/sombra.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/1600/sombra.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La jubilación está a la vuelta de la esquina. El trabajo nunca debería ocupar tiempo en la vida de nadie si ya has ahorrado el dinero suficiente como para no volver a necesitar de él para vivir cómodamente. No se imaginan la cantidad de gente que conozco y he conocido gracias a mi trabajo que es incapaz de decir "¡basta!". Gente vacua que no es nadie sin su trabajo; individuos domesticados por su oficio; esclavos de su profesión. Renuncian a sus cónyuges, a sus hijos, al placer, a su vida por trabajar. Si el día de mañana perdieran su empleo se volarían la cabeza sin dudarlo en caso de que supieran que nunca encontrarían otro trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces la costumbre no nos permite ser conscientes de la verdad: que el dinero es sólo un medio para vivir bien, y que una vez ganado el suficiente, seguir acumulando es perder el tiempo; fórmulas sofisticadas del síndrome de Diógenes. Algunos continúan por el poder que detentan en sus puestos, otros porque sólo se realizan en su trabajo. Lo cierto es que si se retiraran cuando hubieran alcanzado una suma suficiente como para vivir con comodidad no existiría la palabra desempleo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Actualmente preparo mi último encargo, y apenas tengo tiempo para mis memorias. Sin embargo de vez en cuando encuentro algo de tiempo y me pongo delante del portátil para releer mis hazañas. Encuentro erratas y faltas; y en ocasiones mensajes dejados por aquellos que se dejaron caer y querían comentar algo que les había gustado de la historia. La sobra del sicario siempre está presente en éstas páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es por ello que abro la veda para aquellos que quieran hablar. Soy consciente de que en las actuales circunstacias no puedo escribir al ritmo que a mi me gustaría, pero sí hablar de vez en cuando con todos aquellos que quieran sobre el tema que más les guste. Prometo contestarles, pero les ruego que no me asedien con pormenores de mi trabajo. Cada maestrillo tiene su librillo, y no pienso tutorizar amateurs. Por encima de la sombra del Sicario está Antonio García; ese tipo gris que puede compartir con usted la máquina expendedora del metro por la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de éste momento es su turno. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-114105642266354495?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/114105642266354495/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=114105642266354495' title='18 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/114105642266354495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/114105642266354495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/02/sombra-de-sicario.html' title='Sombra de Sicario'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-113898612231266653</id><published>2006-02-03T08:53:00.000-08:00</published><updated>2006-02-03T09:03:25.403-08:00</updated><title type='text'>Una conversación privada (Capítulo Primero)</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/1600/conversacion.4.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/320/conversacion.4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“Cuando me casé fue el día más feliz de mi vida. Aquí tengo las fotos de boda; sólo con mi mujer; con mis padres; con mis suegros; el hermano de mi mujer, Diana, Andrés… En ésta estamos todos juntos; casi cien invitados, entre su familia y la mía. Los amigos también acudieron. Fíjate que sonrientes estamos todos. Éramos tan felices… Nada que ver con lo que pasa ahora. Aquel día cometí el mayor error de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy éstos recuerdos me hieren profundamente. Llámelo desengaño, pero esa mujer me ha destrozado la vida. Al principio todo iba como la seda. Fíjese que no tardamos en tener a nuestro primer hijo, y eso que yo no pensaba ser padre hasta unos años más tarde. Ahora veo que todo aquello fue un fallo terrible. ¡Qué engañado estaba!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis padres era gente de dinero. Hasta el día que cerraron los ojos se desvivieron por darme lo mejor: una educación, cariño, seguridad… El suyo fue un matrimonio felicísimo, casi cuarenta años juntos. Nada que ver con esto. Al fallecer mi madre yo lo heredé todo. Ahí se empezó a joder la cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos mudamos con el niño a la mansión donde me crié y abandonamos el piso de la ciudad. Yo tuve mucho lío con las testamentarías y todo eso. Entre el trabajo y el papeleo estuve un mes sin parar. Cuando terminé observé cosas extrañas en mi mujer; no sé… como cuando usted sabe que algo no va bien aunque la fachada le diga lo contrario. No sé si me explico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que yo seguía centrado en el trabajo. Ser empresario no es cosa fácil, ya sabe, viajes de negocios, reuniones, impuestos… siempre hay que andar controlándolo todo. Faltas un día a la oficina y te atosigan con llamadas al móvil. Como si la gente que tienes allí fuera una inútil. Tienes que estar a mil cosas y a ninguna. Por eso apenas piso mi casa desde que me voy antes de amanecer hasta que regreso al final de la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imagínese que sorpresa cuando aquel día volví a buscar unos papeles que me había dejado en el aparador para cerrar un acuerdo importante y me encuentro unos zapatos de un desconocido en el armario que tengo en la entrada. Subo a mi habitación y me encuentro a la muy puta de mi mujer botando encima de un malnacido encima de la cama de matrimonio que habían usado mis padres. La mujer del servicio se ocupaba del bebé mientras aquella zorra cabalgaba sobre un agente de seguros de mierda. Estaba al corriente de todo lo que pasaba en mi casa y no tuvo la decencia de decirme nada. Vivía engañado en mi propio hogar, ¿Se da cuenta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella criada se fue a la calle el mismo día. Sin embargo lo de mi mujer es mucho más complicado. El juicio del divorcio está visto para sentencia. La juez es una puta feminista de mierda; se la suda que yo haya sido el marido engañado y que sea la víctima de todo esto. Sé por un amigo que trabaja en el juzgado que la cosa pinta mal. Se las ha arreglado para tener la custodia del niño, y me quieren echar de la casa de mis padres para que esa zorra viva allí con mi pequeño. Como era nuestra residencia habitual, al parecer por ley puede ganarse el usufructo de la vivienda aunque no sea suya. Se queda con mi hijo, con mi mansión y con mi dinero, porque a buen seguro tendré que pasarle una pensión millonaria. No creo que con todo lo que me va a sacar se vuelva a casar con el puto agente de seguros. Mientras pueda desangrarme a mí y darse la gran vida a mi costa… Conociéndola estoy casi convencido de que no podré ni ver a mi pequeño; ya sabe, impedirá las visitas que marca la ley, y si vamos a juicio pueden pasar años hasta que vuelva a ver a mi hijo. El tiempo suficiente como para que le coma la cabeza y lo ponga contra mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé que hacer, de veras, por eso acudo a ti… sé que hace un tiempo tuviste un problema parecido al mío. Si no fuera porque tu mujer murió en aquel accidente con su nuevo novio, el juicio de tu divorcio habría salido enseguida. ¿Qué pasó exactamente? Tengo entendido que fue un accidente de submarinismo… ¡Vaya suerte tuviste! Bueno… ya ves, a mi mujer no le gusta el submarinismo, sólo follarse a perdedores entre las sábanas de mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eres un buen amigo por escucharme, Luis. Estoy jodido… de veras. Yo… ¡joder!... perdona que llore. Quiero a mi hijo ¿sabes?...Me han jodido la vida y me siento tan, tan, tan impotente… No hay justicia en ésta país. Te juro que no sé que pasa en ésta sociedad, pero no hay justicia. Eres un buen hombre, trabajador y eso… y eres culpable por todo; eres una ramera, pero como eres mujer y tu marido es rico… pues eres una víctima…¡Pues de puta madre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué puedo hacer? Lo voy a perder todo… voy a estar atado de por vida, por lo menos hasta que el niño crezca y se independice. Tengo que pagarle la manutención y todo ese rollo… ni siquiera sé si podré verle…¡Y yo no he hecho nada! Sólo trabajar, trabajar como un burro… mientras ella se acostaba con cualquiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dices que me puedes ayudar? Te lo agradezco; espera que tomo papel y lápiz… hmmmm… sí, dime, que voy anotando… ¿Esto es un número de teléfono?...Un contestador, ya… ¿Es un abogado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sicario, entiendo…" &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-113898612231266653?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/113898612231266653/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=113898612231266653' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113898612231266653'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113898612231266653'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/02/una-conversacin-privada-captulo.html' title='Una conversación privada (Capítulo Primero)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-113802906911712123</id><published>2006-01-23T07:06:00.000-08:00</published><updated>2006-01-23T07:11:09.146-08:00</updated><title type='text'>Respetables médicos</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/1600/medicos.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/320/medicos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Qué valor le pondrían ustedes a una vida? Dependiendo del tiempo y del lugar, la vida de un ser humano es un valor tan negociable como pueda serlo en éstos momentos el café de Colombia o té de la India. En tiempos de guerra la vida humana no vale nada. Por el contrario, en tiempos de paz la vida tiene un valor variable. Depende del individuo, sus circunstancias y su entorno, cada existencia tiene un precio. No cometan nunca el error de creerse indispensables, pues no ha pisado la faz de la tierra nadie sin cuya concurrencia el mundo se acabe. Muchos de los que cayeron ante mi buen hacer vivían en la ilusión de ser intocables, insustituibles. Esa falsa percepción les costó la vida. Una vez muertos sus negocios siguieron funcionando como si tal cosa, sus familiares lloraron su pérdida pero sacaron adelante sus vidas; incluso sus cónyuges o pretendientes encontraron de nuevo el amor en otras personas y dejaron atrás el pasado enterrado en una lápida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda vida tiene un precio, sólo es preciso encontrar a alguien que esté dispuesto a pagarlo para que los sicarios entremos a considerar la oferta. Sin embargo, la gente de mi oficio no es la única que se dedica a tasar el valor de la vida de otros. Los agentes de seguros o los médicos son personas que al igual que nosotros se ve habitualmente envuelta en la situación de valorar monetariamente la vida de un tercero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recientemente me ha llegado la factura de mi seguro sanitario. Aunque soy un firme defensor de los servicios públicos, tales como la sanidad o la educación, como persona que puede permitirse un trato cualitativamente mejor, me he decantado por el sector privado para atender mis necesidades de salud. No me gusta aguardar interminables listas de espera cuando me encuentro enfermo hasta que me atienda un especialista. Sin embargo, esto que en Europa conocemos como un servicio público, no lo es en otros países supuestamente “desarrollados” del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un par de meses visité a un viejo amigo de promoción que ha fijado su residencia en los Estados Unidos. Una vez allí mi compadre me enseñó orgulloso una cicatriz en su vientre fruto de una operación de apendicitis a la que se sometió. El precio de dicha intervención ascendía a 20.000 $. Una apendicitis que en Europa se atiende gratuitamente vale lo mismo que un utilitario: salvar el pellejo de mi amigo fue valorado por los médicos en una suma suficiente como para adquirir un coche. El valor de una vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De no haber pagado el montante de dicha operación, mi buen amigo estaría probablemente muerto. Sin embargo, nadie abre una investigación contra dicha práctica que desemboca en el mismo final que la dedicación de un sicario: la muerte. De hecho, nadie parecía encontrar el mínimo atisbo de duda respecto al derecho que los dueños del hospital tenían para cobrar por la vida de mi amigo. De hecho los números estaban claros: costes de la intervención, honorarios, estancia en el hospital…todo contabilizado al detalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el sicario pone precio a una vida, en realidad no hace un trabajo mucho más difícil que el de éstos matasanos. Estima el precio de su tiempo, sus costes de trabajo, la dificultad del encargo, y por último, en base a la elevada demanda de nuestros servicios y la escasa oferta de profesionales, establece sus honorarios. Se da entonces la paradoja de que el precio de una vida es mucho más elevado para quien profesionalmente se dedica a arrebatarla que para aquellos que en base al juramento hipocrático se han comprometido a preservarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En base a esto podría llegar a concluir que resulta mucho más peligroso para su salud acudir a su cita con el médico que compartir techo con un sicario. No por ello resulta ciertamente cómico que la mayoría de ustedes prefieran vivir puerta con puerta con un cirujano a hacerlo con alguien dedicado a mi profesión.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-113802906911712123?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/113802906911712123/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=113802906911712123' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113802906911712123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113802906911712123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/01/respetables-mdicos.html' title='Respetables médicos'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-113770888741423279</id><published>2006-01-19T14:03:00.000-08:00</published><updated>2006-01-19T14:16:56.343-08:00</updated><title type='text'>El valor de las cosas</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/1600/contabilidad.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/320/contabilidad.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El mundo contable es algo que me apasiona. ¿Saber por qué? Pues porque todo el mundo tiene un precio. Estoy seguro de que alguna vez ustedes han jugado a imaginar qué serían capaces de hacer por dinero. Cotidianamente escuchamos frases hechas como “no haría tal o cual cosa ni por todo el oro del mundo”. Son frases soltadas sin pensar, construidas para dar énfasis a algo que reprobamos especialmente. Sin embargo créanme cuando les digo que el más común de los mortales sería capaz de rebajarse a niveles infrahumanos si se le ofrece el precio adecuado. Los escrúpulos se atenúan a medida que va creciendo la suma que nos ofrecen sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éste es un mercado libre en el que todo está en venta: amigos, familia, sexo, orgullo… cualquier cosa que se les venga a la cabeza. El problema de un mercado es saber cuándo tratamos con un comerciante respetable y cuándo con un cuatrero redomado. La gente que no sabe moverse en el mercado, fracasa. Algunos mueren. Piensen que éste mercado no es simple. No movemos sólo dinero, sino valores mucho más preciados como el afecto, la amabilidad, la compañía…étc. A veces lo inmaterial resulta mucho más crítico que el dinero. La mayoría de mis víctimas fueron en su mayoría muy malos agentes dentro del mercado. Desconocían el valor de sus vidas, y por ello se les fueron arrebatadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sicario no es más que un pequeño intermediario que ajusta los precios en el mercado de la vida. Pongamos que usted ama mucho a una persona, y esa persona no valora bien el precio de su amor. Decide especular con él, manejándolo a su antojo, y consigue obtener delicada información sobre su vida que pueda usar contra usted cuando se canse de jugar con su valioso corazón. Un buen día llega otro valor al mercado y su persona amada le abandona por él. Es más controla datos críticos sobre su persona que no sería loable que se difundieran, sobre todo si usted ocupa un cargo importante o posee una cierta posición. El nuevo valor no puede competir con usted, y esa persona que usted amaba se ha pasado de la raya: todo el afecto invertido, toda la confianza, todo aquello que usted tanto valoraba es pisoteado por su desengaño amoroso. Usted ha invertido mucho y no ha obtenido nada, salvo decepción y poner en peligro su posición inicial. Su saldo precisa volver a equilibrar el debe y el haber: es hora de cuadrar el balance, y para ello existe un recurso contable especial: gente como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sicarios ajustan cuentas pendientes de quienes jugaron mal en el mercado de su vida. Somos inversiones, gastos y auditores: todo en un mismo individuo. Nuestro trabajo es hacer que todo cuadre como debe. Para ello nuestro precio es elevado, pero los beneficios son mucho mayores de los que nuestros clientes esperan obtener sin nuestra concurrencia. A fin de cuentas, la inmensa mayoría de nuestra clientela conoce el mundo de los negocios, maneja sumas importantes y conoce el valor del dinero. Cada encargo que recibimos no es sino la constatación de nuestra necesaria presencia como una herramienta más del mercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si ustedes son conscientes de su precio, pero los sicarios tenemos bien claro cuál es el coste de nuestros servicios. Somos conscientes de qué podemos sacrificar y cuál es su verdadero valor. Cada vez que entramos en acción ponemos precio a la vida de quien, relacionándose con otros, no supo poner el precio adecuado a las cosas que hacía y que le llevaron a la muerte. No cabe duda de que sus deudas generaron unos intereses demasiado altos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-113770888741423279?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/113770888741423279/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=113770888741423279' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113770888741423279'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113770888741423279'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/01/el-valor-de-las-cosas.html' title='El valor de las cosas'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-113751532337204123</id><published>2006-01-17T08:21:00.000-08:00</published><updated>2006-01-17T08:28:43.813-08:00</updated><title type='text'>Miedo mortal</title><content type='html'>&lt;a href="http://es.geocities.com/eurostia/Calavera.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://es.geocities.com/eurostia/Calavera.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El mayor obstáculo mental que se levanta el ser humano a la hora de decidirse a actuar es el miedo a la muerte. Existe en la sociedad contemporánea un miedo reverencial y paralizante hacia éste lado de la realidad del mundo. De hecho todo animal vivo con una mínima conciencia de sí mismo se esfuerza por sobrevivir. Es una tendencia natural que se encuentra en todos: evitar la muerte al máximo. Sin embargo, ésta lógica inclinación puede hacer en muchas ocasiones a las personas esclavas de su propia supervivencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me explicaré: la principal razón por la que muchos de ustedes nunca aceptarían el oficio de sicario es por su miedo a la muerte. Ya sea en carne ajena o en la propia, la muerte les resta libertad para elegir vivir mejor de lo que actualmente viven. Prefieren trabajar sirviendo café diez horas al día, seis días a la semana; así durante el resto de su vida, para ganar el sueldo que les permita sobrevivir en éste mundo. El dinero les hace esclavos de su trabajo; a cambio ganan una cierta seguridad: no van a arriesgarse a morir en un intercambio de disparos con nadie. Desde luego eso tampoco les asegura que mañana no les arrolle un automóvil mientras cruzan tranquilamente la calle y les mande al cementerio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sicario es una persona muy consciente del riesgo que asume. Conoce lo que es la muerte y la ejerce sobre los otros; toma medidas para evitar caer en sus manos y acepta el hecho de que, si todo falla, sea él mismo quien acabe en la tumba. Dicho así parece muy fácil, sin duda. Cualquiera podría acusarme de banalizar la muerte; cosa que por otro lado disto mucho de desear. Sin embargo les invito a hacer el siguiente ejercicio mental: existe un momento en el futuro más o menos cercano o lejano, en el que usted, quien está leyendo éstas líneas, va a morir. Llegará un día en el que dejará de respirar, tal vez lentamente, tal vez de golpe. Puede que sea consciente hasta el último momento, o bien suceda de forma súbita. Lo cierto es que va a fallecer. Va a dejar de existir, por los siglos de los siglos. Pasarán milenios que usted no verá, se extinguirán las especies de la tierra, quizá el propio universo, y usted nunca jamás va a volver. Por mucho que se esfuerce en evitarlo ése momento llegará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reflexione sobre lo consciente que está en éste mismo instante, mientras me lee. Pues eso ya no va a pasar; tan vivo como está usted va a dejar de estarlo. Puede intentar esconderse tras alguna religión que le prometa vida más allá del final, pero le aseguro que ninguno de sus profetas ha dejado de perecer por sabias y reconfortantes que fueran sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, amigo, no debe usted tener ningún miedo. De hecho ya conoce la sensación de estar muerto. El único milagro del que yo me quiero hacer eco es que usted no existía antes de nacer y ahora existe. En el futuro volverá a dejar de existir. De momento tiene tiempo para hacer lo que desee, así que aprovéchelo bien, no se deje explotar vilmente desperdiciando el poco tiempo que tiene. Apure cada instante de vida, y no tema a lo que venga después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Recuerda usted haber tenido miedo al pasado antes de nacer? ¿Le da miedo que Napoleón haya invadido Rusia? Es absurdo: usted no estaba allí para verlo o padecer las consecuencias. No existía de ningún modo. De la misma forma, el miedo a lo que pueda venir con la muerte es absurdo. Su cadáver no será sino un inerte montón de carne y hueso; lo mismo que el bistec que pida mañana en un caro restaurante de diseño. Puede elegir entre quemarlo o enterrarlo, o lo que sea; lo mismo da. Ese pedazo de carne ya no será usted, será otra cosa; células en descomposición, átomos inútiles. Su conciencia, que es lo importante ya habrá desaparecido. Son los que permanecen vivos los que sufrirán, los que tendrán el miedo irracional a la muerte; los que le lloren y echen de menos. Esos a los que usted podría cuidar mientras trabaja desperdiciando su tiempo como un esclavo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Créanme cuando les digo que el sicario es la persona que más conoce cual es el valor de una vida. Por ello nunca cometerá el error de matar a nadie por el mero hecho de hacerlo; como esos que acuden a la guerra con la misma facilidad con que deciden ir a tomar unas cervezas. El sicario asume que la muerte está ahí, y teniendo eso presente, la transforma en su medio de vida. Convierte la muerte en vida. Hace que quien desee que alguien desaparezca de la faz del universo por el resto de la eternidad, se encargue de pagar un justo precio por ello. Lo suficientemente suculento como para que el sicario no desperdicie su tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-113751532337204123?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/113751532337204123/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=113751532337204123' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113751532337204123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113751532337204123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/01/miedo-mortal.html' title='Miedo mortal'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-113729145145948791</id><published>2006-01-14T18:14:00.000-08:00</published><updated>2006-01-14T18:17:31.476-08:00</updated><title type='text'>El motor del mundo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/1600/Dinero%20mundano.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/320/Dinero%20mundano.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Que el dinero mueve el mundo es algo que no se le escapa a nadie. Admiro a aquellos que no dependen del papel moneda para sobrevivir. Por lo general son personas que o bien pertenecen a cerradas comunidades autárquicas o viven formas sociales propias del paleolítico. Todos los demás nos levantamos cada mañana a la sombra del vil metal para mantenernos a flote. Ésta es la base de la existencia del sicario: el dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si no fuera por el dinero, el sicario se dedicaría a menesteres mucho más corrientes y seguros que su profesión. Sin embargo la variable económica es lo que nos hace dar el paso hacia éste camino. Es un tránsito que nace de la conciencia de la realidad: que en éste cochino mundo sólo se vive cómodamente si el dinero soporta dicha comodidad. Al final del camino no hay nada más, que dejas de existir y el tiempo es corto. Puede elegir entre trabajar cincuenta años para adquirir una vivienda diga, sacar adelante a sus hijos y morir entre las blancas sábanas de un hospital debido a las toxinas que aspiró mientras ejercía su profesión; o bien trabajar quince años, amasar una pequeña fortuna, disfrutar de treinta años buenos sin preocupaciones económicas y terminar sus días en una residencia de lujo, al igual que aquellas personas que habiendo tenido una familia numerosa han acabado solos entre decenas de desconocidos a los que sus hijos dieron la espalda por tener que dedicarse del todo a sus familias o trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La diferencia radica en el nivel de riesgo. Como sicario me he expuesto siempre a ser detenido, vivir años de mi única vida entre rejas o morir en acción. Sin embargo no corro mucho más riesgo que aquel que esforzándose en la obra de sol a sol se precipita al vacío desde un andamio para acabar muerto o paralítico el resto de su vida por un salario de mierda. Las probabilidades no son mucho más lejanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piensen ustedes en la vida de un militar profesional. Se pasa su vida útil obedeciendo órdenes; su trabajo es exponer su vida y estar dispuesto a arrebatarla por una bandera (que a la postre no es más que un llamativo pedazo de tela); y su sueldo dista mucho de ser una fortuna. El sicario por su parte no obedece más órdenes que las de su conciencia, arriesga su vida y la sustrae a cambio de dinero y al final de su vida útil se retira con muchos más beneficios que el soldado. A fin de cuentas un militar profesional no es sino un mercenario; está dispuesto a obedecer y dejarse matar por un jornal. El sicario no obedece más que a sus normas de seguridad y se cuida mucho de dejarse matar inútilmente a las órdenes de nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede que les parezca obsceno, y en cierto modo soy consciente de que éste es un argumento reiterativo en mis memorias, pero es la cruda realidad. Si no hubiese sido por la cantidad de dinero que he percibido por mis encargos, hubiera dedicado mi vida a otros menesteres mucho menos atrevidos. El dinero paga el riesgo. A fin de cuentas, ser abatido en medio de la ejecución de un encargo es algo que el sicario asume como una posible consecuencia de su oficio; morir sepultado cavando una zanja para una empresa de construcción se considera un “accidente laboral”.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-113729145145948791?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/113729145145948791/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=113729145145948791' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113729145145948791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113729145145948791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/01/el-motor-del-mundo.html' title='El motor del mundo'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-113684639118159495</id><published>2006-01-09T14:26:00.000-08:00</published><updated>2006-01-09T14:43:40.150-08:00</updated><title type='text'>Personajes de maíz.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://es.geocities.com/eurostia/popcorn.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://es.geocities.com/eurostia/popcorn.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hoy he visto una película. Hacía tiempo que no gastaba el tiempo viendo algún filme de las mentes más secas del mundo: los guionistas norteamericanos de Hollywood. Prefiero cuidar de cosas pequeñas como mis rosas, o disfrutar de los pequeños placeres de la vida; aquellos que por los general tienen poco que ver con el ocio de masas que todo el mundo consume. Sin embargo, como todo tipo "normal", debo cuidar mis relaciones sociales, y por tanto me he visto en la obligación de invitar a un grupo de amigos a mi casa para estrenar mi nuevo aparato de televisión. Dado que yo he puesto la casa, las cervezas y la cena; uno de ellos ha elegido la película por mí. Créanme, me he aburrido soberanamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El filme en cuestión trataba sobre un supuesto colega de profesión que como es natural, tiene de asesino profesional lo que yo pueda tener de monjita de la caridad. Es increíble la cantidad de clichés y estereotipos que se levantan sobre éste oficio. No me extraña que alguno de los que llegue a leer estas líneas pueda pensar que el sicariato es una profesión ejercida por tipos interesantes y sofisticados que visten trajes caros mientras disparan con gatillo fácil sobre sus víctimas. Nada más lejos de la realidad. Piensen que el cine, la televisión y la prensa no son más que productos baratos de ocio. Usted los consume a bajo precio y no le obligan a pensar demasiado. Apenas requieren una hora o dos para entretenerle, no como un libro que le exige concentración en su lectura y tiempo para comprender todo lo que entrañan sus palabras impresas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta naturaleza de consumo fácil y rápido obliga a simplificar. Le dibujan a un individuo que responda a las expectativas que espera usted de él: si es un hombre rico le rodearán de lujo, joyas, mujeres hermosas y coches caros; si es un soldado crearán la figura de un muchacho temeroso e inseguro que supera todas las trabas del mundo para servir a su país y morir o sobrevivir entre litros de hemoglobina de pega. Si es un sicario, seremos tipos duros y desalmados, implacables e imperturbables, cómo autómatas a los que se les ha ordenado matar a cualquier precio y disfrutan con sadismo de sus obras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, el sicario se parece tanto a usted mismo que no lo reconocería por la calle. De hecho su trabajo consiste precisamente en eso: que usted no repare en su presencia hasta el mismo momento en que le da el pasaporte; que nadie repare en su trabajo ni cuando la policía levanta el cadáver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que me sienta personalmente ofendido. Sé que los sicarios debemos tener mala prensa. Somos un gremio pequeño y bien pagado: no nos gustaría tener demasiada competencia, y menos de semejantes chapuceros como nos venden desde las salas de los multicines; aquellas donde usted come palomitas y bebe Coca-Cola mientras el supuesto asesino a sueldo apura sus últimos noventa minutos de vida (aquellos que de promedio dura un filme), antes de que el protagonista lo liquide sin haber conseguido cobrar su presa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que quiero transmitir aquí es que el mundo real es mucho más complejo. Los buenos brillan por su ausencia, y todos somos en cierto modo los malvados. Sólo que algunos concluimos nuestra tarea con sangre. Lo demás son personajes de maíz servidos a pocos euros en su sala de cine más cercana.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-113684639118159495?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/113684639118159495/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=113684639118159495' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113684639118159495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113684639118159495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/01/personajes-de-maz.html' title='Personajes de maíz.'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-113668195392107736</id><published>2006-01-07T16:55:00.000-08:00</published><updated>2006-01-07T17:05:09.880-08:00</updated><title type='text'>Silencio</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/1600/utiles.1.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7926/815/320/utiles.1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El silencio es una de las pocas cosas que el ser humano puede controlar. Guardar silencio no significa desaparecer, o no tener opinión. Simplemente huelga todo el contacto. Es un modo de hacerse invisible. El silencio es un instrumento más en el maletín del sicario. A veces sirve para reflexionar sobre aquello que no podíamos pensar cuando hablábamos. Ayuda a ordenar las ideas, permite escuchar ese zumbido que permanece en el aire y es inaudible mientras hablamos: es un bien difícil de tasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo cuando se permanece en silencio se puede establecer si hemos hablado demasiado. Continuar por ahora con el relato de las lágrimas de Medellín quizá sería demasiado arriesgado, dado que estoy en proceso de jubilación y me quedé con un par de cabos sueltos en aquel asunto. Quizá cuando retome en serio mis memorias me decida a contarlo todo sin tapujos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De momento trato de seguir con la rutina. La muerte de mi padre fue un golpe de la vida un tanto repentino, pero surtió el efecto contrario al que esperaba. Durante meses no he hecho otra cosa más que centrarme en mi trabajo. Quería acumular más dinero, el suficiente como para dejar atrás mi profesión y retirarme dignamente. Por suerte, la miseria humana siempre me proporciona encargos que cumplir. Me miro en el espejo y mis canas acusan a mi cuerpo de ser demasiado viejo para éste oficio. Ya estoy en la edad límite para seguir ejerciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otro lado, ya empiezo a poner las vías para convertirme en uno de vosotros, otro aburrido ciudadano de los setecientos millones que cada día se levanta en su casa dentro de la Unión Europea, besa a su mujer en la frente, prepara café con tostadas y ojea el periódico mientras menea la cabeza con desaprobación ante sus titulares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empiezo a hacerme mayor. De hecho ya lo era, pero algo en mi interior me dice que va siendo hora en asumirlo. Debo formar mi propia familia y traer al mundo alguna que otra criatura que ocupe el lugar de aquellas personas que he liquidado. Éste instinto me recuerda que soy un animal más que se pasea sobre la faz de la tierra. Cuando el cazador envejece debe preocuparse de que otros le tomarán el relevo para traer presas a casa. A fin de cuentas, ser un sicario no significa dejar de ser humano; tener necesidades fisiológicas, comer, beber, tener instintos sexuales, relaciones afectivas; caer enfermo o pagar impuestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un tránsito que comencé hace tiempo. Ahora me propongo completarlo. Guardar mis armas en un viejo maletín y esconderlo en el fondo más oscuro y polvoriento del desván. Escribir mis memorias por si dentro de un tiempo el nuevo Antonio decide asomarse por aquí y recordar cómo era. Tener un testimonio de aquella persona que deberé negar haber sido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá mi diario en éste rincón me permita saber qué fue de mí mismo dentro de unos años, cuando ya no recuerde el olor de la sangre, el sonido de la respiración entrecortada de quien agoniza ante tu labor, el cortante estrépito de un cuerpo al desplomarse contra el suelo ante tus pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He roto el silencio. Estoy de vuelta, pero escribo mis memorias para mí mismo. Para Antonio García.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-113668195392107736?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/113668195392107736/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=113668195392107736' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113668195392107736'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/113668195392107736'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2006/01/silencio.html' title='Silencio'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111615592056411762</id><published>2005-05-15T04:15:00.000-07:00</published><updated>2005-05-15T04:18:40.570-07:00</updated><title type='text'>Ausencia (inciso)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/generacion.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Te has ido. Te fuiste apagando poco a poco, hasta que al final te extinguiste. Conozco el proceso, yo lo ejerzo, es mi trabajo. Tu nunca lo supiste, y ya no tendrás ocasión de saberlo jamás. Quizá en tu último aliento, cuando dejaste de existir y volviste a la armonía del universo en su quietud; tal vez en el último segundo de tu vida, todo lo que existe quedó abierto a tus ojos y llegarías a ver hasta la última molécula de lo que dejas atrás. Sólo entonces sabrías qué hace, qué siente, qué pasado y presente arrastra tu hijo Antonio. Si eso fuera así estoy indefenso ante tu juicio, pues tú siempre fuiste un hombre de valores, padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Durante tu agonía en el hospital no me he separado de ti. Te he visto hundirte lentamente ante mis ojos. Me has hecho llorar. En la oscuridad de la noche he lamentado profundamente todo lo que no te he dado. El tiempo que no he pasado contigo, nuestras riñas del pasado, todo aquello que esperabas de mí y no he cumplido: darte un nieto como mis hermanas, sentarme en la mesa todas las navidades junto a ti porque estaba absorbido por el trabajo, heredar alguna de tus aficiones, dar continuidad a alguno de tus proyectos. Ahora que me llena de vacío tu ausencia y sé que no puedo arreglarlo me siento vulnerable por todo eso. El reflejo del espejo me muestra a un hombre abatido. ¡Qué poco me reconozco!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Yo que estoy acostumbrado a repartir la muerte entre los demás no pude reprimir el sollozo cuando me dijeron que habías muerto, que tu corazón ya no aguantaba un segundo más en tu pecho sin colapsar, que todo tú habías dejado de existir. No pude reprimir el llanto al depositar un ramo de rosas en tu sepultura; unas rosas que tanto me ha costado darte en vida y que me he visto colocándolas sobre tus restos cuando ya no puedes disfrutarlas. El dolor sigue siendo intenso en mi interior, padre, y no encuentro modo de desahogarlo en el corto plazo. Quizá es hora de dejar atrás al sicario, quizá vaya siendo hora de sentir piedad por el dolor que los demás sienten como yo en éstos momentos cada vez que culmino con éxito mi tarea. Son tantas las ideas que pasan por mi cabeza…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Son retazos fugaces de ti los que arden en mi interior: tu risa, tu respiración al dormirte en el sofá, tu rostro enjabonado ante el espejo antes de pasar la cuchilla de afeitar, tu mano ya anciana sosteniendo la de tu primer nieto cuando le sacabas a pasear por el parque; acompañándole en sus primeros pasos como me acompañaste a mí en los míos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Descansa en paz, José Ángel García, padre, papá… Te guardaré luto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111615592056411762?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111615592056411762/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111615592056411762' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111615592056411762'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111615592056411762'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/05/ausencia-inciso.html' title='Ausencia (inciso)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111513207347104826</id><published>2005-05-03T07:31:00.000-07:00</published><updated>2005-05-03T07:55:34.716-07:00</updated><title type='text'>Familia (Inciso)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/hospital.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Ni vacaciones, ni viajes, ni trabajo. Pasadas las festividades de comienzos de mayo, me encuentro en una situación que me va a impedir continuar con el relato regular de mis memorias durante un tiempo aún por definir. Aunque no dejaré de plasmar en éstas líneas mis vivencias pasadas, me temo que no podré hacerlo del mismo modo en que acostumbro ahora que mi tiempo se reparte entre la familia y el hospital.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Antonio García, el hombre que hay fuera del sicario, el tipo gris y aburrido, tiene compromisos ineludibles con su familia: el sábado pasado, José Ángel García, padre de quien escribe éste diario, sufrió una angina de pecho que le mantiene ingresado en el hospital. La edad es más mortal que cualquier sicario, y aunque en principio no se teme por su vida, lo cierto es que no sabemos cuándo podremos tenerlo de nuevo entre nosotros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Es por eso que no me encuentro en la mejor de las situaciones para escribir con la calma necesaria mis memorias, si bien iré completando la larga narración del encargo de las Lágrimas de Medellín. Espero que los habituales sepan respetar ésta situación y acepten mis disculpas por el seguro retraso de mis mensajes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111513207347104826?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111513207347104826/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111513207347104826' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111513207347104826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111513207347104826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/05/familia-inciso.html' title='Familia (Inciso)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111476886028139278</id><published>2005-04-29T02:52:00.000-07:00</published><updated>2005-04-29T03:01:00.290-07:00</updated><title type='text'>Las Lágrimas de Medellín (Capítulo IV: Un cadáver entre el ganado)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/ganadomedellin.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Estuve un tiempo aclimatándome en Venezuela al clima tropical de la zona, antes de dirigirme hacia la frontera. Cuando un europeo aterriza en un país como Colombia o Venezuela siente en primera persona los efectos del calor y la humedad pesando sobre su espalda. Debo confesar que no me gusta ejercer mi trabajo en sitios como éstos, prefiero éste tipo de clima para mis ratos de ocio en sus hermosas playas, con una botella de ron cercana, chicas en bikini y el aire acondicionado esperando en las habitaciones del hotel. Hasta aquel entonces sólo había visitado el caribe en mis tiempos de estudiante universitario, cuando acudí al viaje de fin de carrera con mis compañeros de promoción a la isla de Cuba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Me costó un tiempo cambiar la mentalidad ociosa de la hermosa ciudad de Caracas hacia el objeto del trabajo que me esperaba en Medellín. Sin embargo, la soledad de aquellos momentos me ayudó a concentrarme en mi labor. Debía coger un bronceado que me ayudara a dejar atrás mi palidez europea habitual; así conseguiría pasar algo más desapercibido en las calles de Colombia. El idioma no resultaba una barrera insalvable, pero el acento me delataba. A pesar de todo, eso no era un gran problema; tampoco tenía la necesidad de ocultar mi nacionalidad. De hecho esto sería muy positivo para ocultar el propósito de mi viaje: pocos policías sospecharían de un sicario extranjero ejerciendo su profesión en una ciudad como Medellín. Por primera vez en mi carrera no iba a precisar actuar de un modo tan sigiloso como acostumbro, dado que a nadie le extrañaría que mis víctimas fueran blanco de sicarios autóctonos. Es por ello que me agencié varias armas de fuego para poder llevar a cabo mi tarea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, mi trabajo iba a sustituir el valor cualitativo de mis servicios por el cuantitativo. En lugar de eliminar a un solo individuo de una manera trabajosa, la dificultad del encargo radicaba en la cantidad de sujetos a abatir. Y es que la persona que me contrató tenía dinero suficiente y motivos sobrados como para pagar una carnicería. Nunca he sido partidario de tales actos, y ésta ocasión tampoco resultaba una excepción a la regla. Sin embargo, mi cliente me aseguró que no era el único sicario que había contratado para aquel trabajo, y es por ello que me pagaría en función de mi “productividad”. Las técnicas de motivación empresarial de éste hombre aplicadas al negocio de la muerte me resultaron, cuando menos, llamativas. Dado que era un tipo joven y ambicioso no me pareció mal eliminar a un par de individuos que me dieran cierto renombre antes de volver a casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Mi cliente era un acaudalado directivo de una empresa maderera. Perteneciente a una familia de buen nombre, había viajado por todo el mundo gracias a su padre diplomático. Ello le ayudó a fraguar buenos contactos a lo largo del globo, que más tarde resultaron muy rentables cuando decidió apartarse de la estela de su padre y dedicarse al mundo de los negocios. Su fortuna fue creciendo durante años de manera geométrica, siendo una de las figuras más acaudaladas de la esfera internacional a mediados de los años noventa. Su nombre era Rubén Aguirre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Rubén tuvo varios matrimonios a lo largo de su vida. A pesar de enfrentarse a dos divorcios y una viudedad, nuestro hombre era todo un seductor. No volvió a casarse tras la muerte de su última esposa, pero sí frecuentaba la compañía de mujeres bastante más jóvenes que él: a pesar de superar los cincuenta años, sus amantes nunca llegaban a los treinta. Digamos que Rubén era un playboy que supo sustituir la decadencia de su físico con el atractivo color del dinero. De cualquier modo, esto le alejó de su única hija y heredera: Helena Aguirre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Helena había sido fruto de su primer matrimonio. Al igual que su padre, Helena era una mujer de mundo con una especial inclinación hacia los negocios. Rubén la adoraba, y pese a sus diferencias, siempre fue un padre cercano y preocupado. A pesar del divorcio con su madre, los viajes de negocios, y el tiempo que padre e hija dedicaban a su trabajo y estudios respectivamente; Rubén siempre trataba de ajustar sus fechas de asueto para pasar largos periodos con su hija. Sólo la injerencia de Paula, su primera esposa y madre de Helena, había conseguido abrir una pequeña brecha entre los dos. Paula era una mujer muy religiosa que siempre vio con malos ojos la vida libertina de su primer marido. El divorcio fue para ella algo traumático, dado que como católica practicante, jamás contempló la idea de llegar a tener que recurrir a ésta figura. Sin embargo, ante la insistencia de Rubén, agotó todos los procedimientos hasta que la iglesia le concedió la anulación matrimonial a cambio de un buena suma de dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Al divorciarse, fue ella quien se hizo cargo de la educación de la hija de ambos, y le pagó una estricta educación religiosa en uno de los colegios internos más selectos de Europa a cargo del dinero de su exmarido. Cuando Helena regresó del internado, seguía siendo una amante hija, pero había desarrollado una profunda desaprobación hacia el comportamiento matrimonial de su padre, que por entonces ya hacía frente a la separación de su segunda esposa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Tanto Paula como Helena eran colombianas. Rubén conoció a Paula en un encuentro de negocios con la alta sociedad de Medellín; y fijó su residencia en la capital de Antioquia durante el tiempo que duró su vida conyugal. No fue hasta que contrajo matrimonio por tercera vez, cuando nuestro hombre por fin se asentó en su España natal, fijando su residencia en una lujosa masía en la isla de Mallorca. Desde allí controlaba sus negocios a la vez que convivía con su tercera esposa, la cual encontraba en aquel clima mediterráneo un lugar privilegiado para luchar contra la enfermedad respiratoria que la consumió hasta la muerte. Rubén celebraba desde la lejanía el éxito de Helena en sus primeros pasos empresariales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, sucedió algo que hizo tambalear los pilares asentados de la vida apacible de mi cliente. El lujo y dinero de Helena no pasaron desapercibidos en todo Medellín. A pesar de vivir blindada, un grupo de delincuentes secuestró a la hija de mi cliente tras acribillar a balazos a sus dos escoltas. Aquello fue todo un mazazo para Rubén, que se desplazó a Colombia de inmediato, y volvió a compartir por primera vez en veinte años una habitación con Paula. Rubén vivía en la incertidumbre sobre la identidad de los secuestradores: no sabía si aquello era obra de la guerrilla, del cártel de la droga o de una banda de delincuentes comunes. La policía se volcó con el caso y rastreó las comunas de Medellín en busca del paradero de Helena. A la vez, nuestro hombre contactó con los mejores mediadores de secuestros que su dinero pudo pagar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Todo parecía ir sobre ruedas, cuando una redada policial lo echó todo a perder. El mismo día en que Rubén hizo entrega del dinero del rescate, la policía irrumpió en el territorio de una banda conocida como “el combo del Lucio”. Tras un tiroteo con varios de sus sicarios que acabó con la vida de dos policías, tres miembros del combo y un transeúnte, los acontecimientos se precipitaron. El “patrón Lucio”, que era quien andaba detrás del secuestro, tomó serias represalias por aquella incursión en su feudo. Helena fue devuelta a su padre maniatada y ejecutada de un disparo en la cabeza. Fue encontrada por un ganadero de Medellín que descubrió el cadáver de la mujer entre el barro y los excrementos del lugar donde pacen las vacas de su granja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Aquello abrió la puerta de las tormentas. Rubén explotó de ira: le habían arrebatado a su única hija. No se fiaba de la labor de la policía, que era incapaz de incriminar a Lucio; ni contaba con la profesionalidad de los sicarios autóctonos, la mayoría de los cuales, bien respetaba demasiado al “patrón” como para intentar matarle, o bien estaban a servicio del mismo. Así pues mi cliente echó mano de los profesionales del exterior. Buscaba un grupo selecto de individuos que exterminase a los miembros del combo; y a su vez, ofrecía dos millones de libras esterlinas por la cabeza de Lucio. Por cada miembro de la banda muerto pagaría &lt;st1:metricconverter productid="100.000 Libras" st="on"&gt;100.000  Libras&lt;/st1:metricconverter&gt;, y dejaba en manos del afortunado que diera caza al tipo en cuestión, apoderarse del dinero del rescate cobrado por Lucio: casi 10 millones de dólares americanos. Ante semejante oferta económica, fuimos pocos los que nos resistimos a participar en aquel encargo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Así pues, preparé mi paso a través de la frontera amazónica entre Venezuela y Colombia con destino a Medellín, haciendo una escala previa en Cúcuta para aprovisionarme de herramientas de trabajo. Ante mí se abría un encargo demasiado jugoso económicamente como para despreciarlo. Sin duda fue un error de percepción que más tarde me ayudaría a cambiar mi política laboral. En aquel entonces no era consciente del baño de sangre al que me dirigía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111476886028139278?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111476886028139278/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111476886028139278' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111476886028139278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111476886028139278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/las-lgrimas-de-medelln-captulo-iv-un.html' title='Las Lágrimas de Medellín (Capítulo IV: Un cadáver entre el ganado)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111468142784253523</id><published>2005-04-28T02:37:00.000-07:00</published><updated>2005-04-28T02:43:47.853-07:00</updated><title type='text'>Las Lágrimas de Medellín (Capítulo III: Hugo)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/callesdemedellin1.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Hugo Balboa era un alma libre. Las normas no estaban echas para él, aunque sabía que para poder sobrevivir es necesario contemplarlas. De ese modo siempre se pueden saltar en el momento oportuno. Lo importante para él era poder moverse por sus propias leyes. Su hermana Lucita había intentado en vano meterle en cintura: sus esfuerzos porque acudiera a la escuela, a la misa dominical o a las tareas del hogar habían resultado infructuosos. Hugo aprovechaba el menor despiste para hacer novillos, salir por la puerta lateral del templo o remolonear los deberes caseros para endosárselos a la vieja Milagros. Vivir bajo el dictado de su hermana no era lo que nuestro chico entendía como “el destino de un hombre”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Hugo vivía convencido de que el mundo deparaba algo grande para él. Daba igual que viviera en una de las comunas más miserables de todo Medellín: si sobrevivía en aquella inmundicia era porque con ello estaba labrando la base de su futuro. Sabía de sobra que los árboles con las raíces más sólidas son aquellos que crecen en las laderas más escarpadas. Para poder hundir de manera más profunda sus raíces y mantenerse siempre en pie, debía crecer en las peores zonas de Medellín. Quizá por ese motivo aprovechaba la menor ocasión que se presentara para escapar de la escuela y empaparse hasta los huesos de las enseñanzas de la universidad de la calle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En el aprendizaje siempre le acompañaban dos inseparables compadres: Roque y Mateo “el negro”. Roque era un chico alto y flacucho: a pesar de ser un año menor que Hugo, su estatura siempre le daba un aspecto mayor al de su edad. Había ido a la misma escuela que Hugo, hasta que comprendió que aprendería mucho más en sus correrías callejeras que entre los libros. Mientras estuvo en las aulas aprendió a leer y a escribir, a sumar y a restar; todo lo demás que pudieran enseñarle ya tendría poco sentido. En la calle podía aprender otro tipo de cosas: trepar a los árboles, colarse en las casas de los vecinos, practicar su puntería con tirachinas sobre los perros callejeros, o robar con el oficio de un raterillo a los transeúntes más despistados. Por lo demás, Roque no era una lumbrera; sabía de sus limitaciones y aceptaba de buen grado los consejos y compañía de sus camaradas. Seguía las indicaciones que le hacían al pie de la letra, sin pensarse las cosas demasiado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Mateo “el negro”, por su parte, era un muchacho que nunca había pisado la escuela. Abandonado por sus padres, había vivido con su abuela hasta la muerte de ésta. Desamparado por todos, Mateo había salido adelante por sus propios medios. Al principio mediante la mendicidad, hasta que un día un grupo de mendigos profesionales le propinaron una golpiza debido al éxito que cosechaba aquel niño negrito y desangelado en la piedad de las beatas. Después de eso, Mateo fue acogido por un comerciante bienhechor que se compadeció de él y le ofreció un pequeño empleo repartiendo el pan a los clientes de la tienda que regentaba. El dinero que sacaba Mateo de aquel trabajo eran tan escaso que apenas le daba para comer; así que de vez en cuando metía algún bocado al pan que tenía que repartir. Las quejas de los clientes por el estado del género llevaron de nuevo a Mateo a tener que ganarse la vida por sus propios medios. Empezó entonces su carrera de ratero: se mezclaba entre la multitud que se agolpaba frente a los puestos del mercado y allí levantaba con bastante talento alguna que otra cartera, o algo de comer de entre la mercancía a la venta. Rara vez le cogían con las manos en la masa, y las cachetadas que recibía eran poca cosa comparada con los beneficios que obtenía. Si los vendedores del mercado empezaban a familiarizarse con su cara, Mateo cambiaba de zona hasta que le expulsaran de su nuevo campo de trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Entre éstos dos compañeros de correrías: un gigante sumiso, y un ignorante de acción; Hugo destacó enseguida por su capacidad de liderazgo. Eran como su banda particular. Juntos planeaban pequeñas jugarretas que les reportaban satisfactorios beneficios. Y es que Hugo tenía talento para el crimen: poniendo al desangelado Mateo en una posición adecuada junto a un semáforo, el negrito fingía ser atropellado por el primer auto en que veía que el conductor miraba más a la luz roja que a la calle en el momento de la frenada. Al ser el más bajito y patético de los tres, la víctima se sobresaltaba al sentir el golpe contra el parachoques: como si hubiera arrollado a algún animal callejero. Cuando el incauto salía para ver la magnitud del impacto, Hugo y Roque corrían a desvalijar lo que hubiera a la vista dentro del vehículo. Era una operación que se hacía en segundos, y por lo general siempre conseguían escabullirse con éxito entre las callejuelas embarradas de la comuna antes de que la víctima pudiera reaccionar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, aquellos pequeños golpes no eran más que un trabajo de principiantes. Lo que realmente admiraba Hugo era el combo del Lucio. El combo era la banda que reinaba sobre la comuna. Había nacido inspirada por los grandes dirigentes de la droga que sucedieron a la muerte de Pablo Escobar en 1993; en medio de la guerra de los narcóticos que había sacudido Medellín durante los tiempos del cártel. Lo que al principio era un grupo de matones a las órdenes de los caudillos de aquella guerra subterránea; terminó asentándose como una organización jerárquica en la que grupos de sicarios dirigidos por el líder local, Lucio, ejercían un poder efectivo sobre su territorio. Actualmente se calcula que en Medellín existen más de 8500 personas integradas en unas 200 bandas criminales. El combo del Lucio fue una de las bandas pioneras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Hugo admiraba a todos los que trabajaban para Lucio. Él era “el patrón”. Dirigía el comercio de la droga en la comuna, empleaba a jóvenes para hacer de camellos, mensajeros o incluso sicarios. Con el patrón se sabía que el dinero estaba asegurado. Sus allegados vestían ropa cara y llevaban prendidas joyas de oro. Sabían que nadie se atrevería a tocarlos, pues ellos eran la seguridad de la barriada: los peones que hacían imperar la ley real de Lucio. Ninguna otra banda, la policía o guerrilla importunaría a los miembros de la comuna mientras Lucio estuviera al mando. Si alguien cometía una falta grave, sabía que Lucio haría imperar su ley. Era a su manera como un juez que intermedia en los problemas de su comunidad. Cuando alguien tenía algún problema serio, una disputa o una queja, acudía donde Lucio. Éste repartía consejo, daba órdenes y mediaba en los conflictos para mantener un cierto orden entre las chabolas. Su poder no se basaba tanto en el miedo a la fuerza como en el respeto entre sus convecinos. La violencia la reservaba para sus enemigos fuera de la comuna. Allí es donde Lucio se mostraba más expeditivo: mataba, secuestraba, torturaba y amenazaba a todo aquel se interpusiera en su camino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Hugo supo desde el principio que quería formar parte de la gente del “patrón”. Con Lucio era como mejor se prosperaba dentro de la comuna. Él aseguraba el pan, las chicas y el dinero. Sus gentes eran respetadas y temidas. Cuando un conocido suyo entró a formar parte del combo, Hugo sintió las punzadas de la envidia en su interior. El patrón se había fijado en un chico bajito y moreno llamado Norberto, a quien Hugo conocía bien. Norberto y su hermano Nicolás hacían de sicarios para el patrón. Si alguien defraudaba a su jefe, Nicolás se ponía a los mandos de una desvencijada motocicleta que les proporcionaban otros miembros de la banda y sentaba Norberto tras de sí con un arma. Esperaban a que su víctima saliera a la calle y entonces arrancaban el motor y salían a su encuentro. Todo era cuestión de segundos: en cuanto pasaban a la par del desgraciado, Nicolás reducía ligeramente la marcha y Norberto descerrajaba varios disparos sobre el objetivo. Todo rápido y eficaz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Y qué se siente al matar a alguien?- Preguntaba ávido de respuestas nuestro chico cuando oía las aventuras de Norberto rodeado de sus amigos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Alivio.- Decía Norbeto haciéndose el interesante.- Alivio, porque sabes que no has defraudado al patrón. Sabes que el patrón te recompensará.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pero me refiero cuando matas al cabrón.- Insistía Hugo.- ¿En que piensas en el momento de disparar?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Entonces Norberto sacaba su revólver del calibre 38 y lo empuñaba con sus dos manos apuntando a la cara de Mateo “el negro”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pienso: “¡Pirobo e Hijoeputa! ¿Pensabas que te ibas a ir de vacío? ¡¡Pues yo te voy a llenar de plomo!!”- Y torciendo la boca en una mueca de odio imitaba el sonido de las detonaciones como si vaciara el cargador sobre la cara sorprendida de Mateo- ¡Bang, Bang, Bang, Bang, Bang, Bang! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111468142784253523?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111468142784253523/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111468142784253523' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111468142784253523'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111468142784253523'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/las-lgrimas-de-medelln-captulo-iii.html' title='Las Lágrimas de Medellín (Capítulo III: Hugo)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111459938689241958</id><published>2005-04-27T03:38:00.000-07:00</published><updated>2005-04-27T03:56:26.900-07:00</updated><title type='text'>Las Lágrimas de Medellín (Capíluto II: Lucita)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/chabola2.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Lucita se levantaba cada mañana antes del alba para poder ir a trabajar. Para ser una mujer de la comuna era bastante afortunada, ya que esquivando las dificultades de la vida había conseguido un empleo en un hotel del centro de Medellín. A pesar de su aspecto frágil y delicado, era una mujer hecha a sí misma. Quedó huérfana de padres con quince años, y pasó auténticas dificultades para sacar adelante su propia vida y la de hermano menor, Hugo, que por entonces contaba con nueve años. La vida en las chabolas de la comuna no es fácil para nadie, pero ella supo apañárselas para sobrevivir. Desde el primer momento sabía que no estaba echa para la mendicidad; tenía la suficiente cabeza como para saber que el dinero fácil de la prostitución puede convertirse demasiado pronto en una trampa sin salida en la que lo más probable era que acabase muerta, enferma o dominada por alguna de las bandas locales; y la droga era algo que aborrecía: ya se había llevado por delante la vida de sus padres. Fue así que Lucita decidió trabajar duro, como miles y miles de compatriotas esforzados que sobreviven haciendo trabajillos que les permiten salir adelante cada día. La muchacha se levantaba temprano y acudía el centro a vender flores que ella misma recogía. La venta ambulante era su medio de subsistencia provisional. No daba para mucho, pero siempre podía llevar algo de pan a casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La suerte comenzó a sonreírle pasado un tiempo, cuando encontró un empleo de asistenta en un hotel cercano a donde vendía su mercancía. No era una maravilla: muchas horas y pocos pesos, pero por lo menos le daba una mayor estabilidad que la venta de las flores. La labor en el hotel era muy sacrificada. No sólo tenía que lidiar con la limpieza de las habitaciones, la colada de los huéspedes y el estropajo de la cocina: tenía que aguantar también las insinuaciones de los asistentes, el desprecio de los recepcionistas y el acoso de Héctor, el cocinero. Ser una chica joven y sin compromiso era sinónimo de ser el juguete de todo aquel cabrón que pensaba que una doncella frágil como ella debía estar agradecida por los toqueteos a los que la sometían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Entraba a trabajar muy temprano, y sólo volvía a su casa cuando, al caer la tarde, los empleados del hotel procedían al cambio de turno. Volvía entonces hacia las luces titilantes que trepaban por las laderas de las montañas por las que se expande la ciudad. Allí le esperaba Hugo, su única familia y mayor preocupación. Hugo era todo lo contrario a su hermana, irresponsable, alocado y descreído. Mientras Lucita se había sacrificado por mantener a flote la vida de ambos, ganando dinero para que pudieran comer y vestir, su hermano vivía a su aire. A pesar de los esfuerzos de Lucita porque fuera a la escuela y pudiera aprender un oficio, Hugo aprovechaba la menor oportunidad que se le presentaba para hacer novillos y corretear por las calles junto con sus compañeros de fechorías: Roque y Mateo “el negro”. Su hermana sólo pudo contagiarle una parte de su piedad religiosa, pero él no vivía la fe católica más que a su manera: como una forma de superstición santera. Él era un producto de la comuna, un hombre de la calle. Admiraba a los chicos del combo del Lucio, la banda local que dirigía la barriada como un feudo medieval. Los miembros del combo eran los que marcaban las normas, vestían la mejor ropa, besaban a las mejores chicas, exhibían cadenas y pulseras de oro y dominaban la seguridad del barrio a golpe de balacera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Lucita sabía de las correrías de su hermano, pero no podía hacer mucho. El trabajo apenas le dejaba tiempo para atender a su hermano menor. Cuando llegaba del trabajo, con los pies pidiendo descanso, la cara fatigada y la espalda molida de cansancio; apenas se quitaba el uniforme del hotel, guardaba la placa de identidad donde su nombre de pila –María de &lt;st1:personname productid="la Luz Balboa-" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Luz" st="on"&gt;la Luz&lt;/st1:PersonName&gt; Balboa-&lt;/st1:PersonName&gt; se adosaba junto a una foto suya descolorida; nuestra chica tenía que ponerse a preparar la cena y arreglar la casa. Hugo no colaboraba en aquellas labores: no era propio de un hombre respetable, ni su hermana podría obligarle como cuando era un niño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Así pasaba la vida de Lucita, con 23 años, soltera, trabajadora y cabeza de una pequeña familia en una de las zonas menos recomendables de Medellín. Levantándose al alba, trabajando como una esclava y con un ojo pendiente en su hermano de 17 años: una edad demasiado difícil como para que no se viera seducido por el dinero fácil de las bandas, la droga o el crimen que reinaba en la comuna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La única aliada con que contaba Lucita era la vieja Milagros; una vecina viuda y arrugada con la que compartía misas los domingos. Milagros era una anciana alegre y dicharachera. Vivía sola desde hacía más de diez años, cuando su marido murió de cáncer. Tenía ocho hijos que le daban una parte de su sueldo: no era mucho, pero ella había criado a su prole con mucho menos dinero y sabía como sobrevivir. Cuando Lucita quedó huérfana, la vieja Milagros le ayudó desinteresadamente. Le enseñó donde recoger la mejores flores silvestres y a cultivar rosas y claveles en el pequeño patio embarrado que ambas compartían. De vez en cuando, si Lucita regresaba agotada a casa, Milagros ya se había encargado de hacer la cena, y nuestra chica podía irse a la cama a descansar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cuando Lucita tenía tiempo libre, acudía a tomar algo de café y galletas a casa de Milagros, y allí charlaban delante de una pequeña televisión en blanco y negro donde la anciana veía las novelas que tanto la entretenían. Allí la viejilla pasaba los mejores ratos, entre el sabor intenso de la bebida y la compañía agradable de la joven.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿No vas a buscar marido, Lucita?-Milagros siempre le hacía las mismas preguntas mientras los enamorados de la televisión vivían intensos dramas- Estás en edad de merecer…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Para qué lo necesito? Bastante tengo con Hugo, que sin ser marido ya me trae por el camino de la amargura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-El matrimonio es sacramento cristiano, no debe ser motivo de amargura, mi &lt;i style=""&gt;paisita &lt;/i&gt;–la anciana insistía.-Treinta años estuve desposada con Guillermo, a quien Dios tenga en su gloria, y fueron los más dulces de mi vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pues yo no veo qué puede tener de bueno otra boca que alimentar.-Lucita se hacía de rogar.- Los hombres de la comuna son vagos o miserables…¡O una mezcla de ambos! Y mis compañeros de trabajo no son mejores…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-El que busca encuentra- interrumpía la vieja Milagros-…eso dice &lt;st1:personname productid="la Biblia. Adem￡s" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Biblia." st="on"&gt;la Biblia.&lt;/st1:PersonName&gt; Además&lt;/st1:PersonName&gt;, no todo es dinero y sacrifico en el matrimonio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Acaso hay algo más?-la joven bostezaba y ponía cara de aburrimiento&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-El goce de la vida conyugal, mi &lt;i style=""&gt;paisita&lt;/i&gt;- la anciana abría entonces una sonrisa amplia y desdentada- ¡Si es que tienes vida entre las piernas!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Lucita se sonrojaba durante un momento antes de acompañar a la anciana en sus sonoras carcajadas. Fuera de la casa la lluvia caía torrencialmente, purificando con su agua los polvorientos tejados de uralita de las chabolas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111459938689241958?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111459938689241958/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111459938689241958' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111459938689241958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111459938689241958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/las-lgrimas-de-medelln-capluto-ii.html' title='Las Lágrimas de Medellín (Capíluto II: Lucita)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111450835525129542</id><published>2005-04-26T02:35:00.000-07:00</published><updated>2005-04-26T02:39:15.256-07:00</updated><title type='text'>Las Lágrimas de Medellín (Capítulo I: Rumbo a Colombia)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/localizacion.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sobre la pantalla de la terminal del aeropuerto parpadeaba el aviso de embarque para el vuelo de Caracas. Por fin iba a abandonar aquella sala de espera maloliente. Junto a mí un tipo bigotudo y sudoroso leía la prensa recostado sobre el asiento de plástico. Actuaba como si se encontrara en su propia casa, despatarrado sobre la silla, ajeno al mundo que le rodeaba. Mantenía el periódico ligeramente levantado, pegándoselo a la cara, como si fuera miope. Ignoraba que con esa postura elevaba ligeramente las axilas, dejando a la vista un cerco asqueroso de sudor en su camiseta del que se desprendía un hedor inaguantable. Estuve a punto de llamarle la atención si no fuera por el hecho de que por fin nos llamaban a embarcar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Al llegar a mi asiento de clase turista, lo primero que hice fue quitarme los zapatos. El retraso de mi vuelo de enlace me había hecho correr con el equipaje de mano de una punta a otra del aeropuerto por temor a perder el pasaje a Venezuela. Ahora mis pies se resentían de aquel calzado tan poco apropiado para la carrera. Iba a estar horas metido en aquel trasto, así pues lo mejor era acomodarse. Tuve suerte de compartir asiento con un matrimonio de jubilados irlandeses. Fingí no comprender palabra alguna de inglés y me dejaron en paz. Tenía la cabeza ocupada en asuntos más interesantes. Si les molestaban mis pies descalzos podían irse al infierno; no estaba dispuesto a ceder ni un milímetro de confort en aquel largo trayecto que me esperaba. Por fortuna pareció no importarles mi actitud en absoluto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Obvié las indicaciones de seguridad para caso de accidente que nos mostraba la azafata –como si una caída en picado al mar desde miles de metros pudiera amortiguarse con una posturita sobre el asiento- y desvié mi atención hacia el trabajo que me iba a mantener ocupado durante los próximos meses. No era la primera vez que cruzaba el charco por motivos laborales, pero nunca hasta entonces debía ir a un sitio donde esperara menos mi concurrencia: Colombia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Por lo general mis primeros trabajos no me habían echo abandonar Europa mas que en un par de ocasiones, donde los pasos de mis víctimas me condujeron a las ciudades de Filadelfia y Boston; en la costa este de los Estados Unidos. Jamás se me había pasado por la cabeza que alguien llegara a contratar los servicios de un sicario europeo para trabajar en Colombia. Éste es un país de contrastes, un lugar donde la industria de seguridad es la primera empresa privada –y legal- de su economía. Fue en Colombia donde mi profesión fue denominada con el cultismo castellano que la define; el lugar donde abandonamos el arabismo del “asesino” para volver a las raíces latinas del “sicario”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Siempre me ha fascinado Colombia. En cierta manera es un país sobre el que se ha fraguado una leyenda negra alrededor del mundo. Nadie en su sano juicio viajaría hacia ese estado Caribeño sacudido por una larga guerra civil entre el poder establecido en el gobierno legal, las guerrillas y los paramilitares: todo ello sin mencionar la fama adquirida por sus cárteles de la droga y su elevado índice de criminalidad. Sin embargo, donde todo el mundo ve peligro y miedo, para mí, Colombia es el país más renacentista del mundo. Es &lt;st1:personname productid="la Italia" st="on"&gt;la Italia&lt;/st1:PersonName&gt; del S XVI con la cara de la postmodernidad; y Medellín es su Florencia. La adversidad política suele generar la primavera del talento: esto parece una norma universal. La pugna entre los republicanos y los príncipes de la familia Médici brindó a &lt;st1:personname productid="la Florencia" st="on"&gt;la Florencia&lt;/st1:PersonName&gt; renacentista de genios artísticos como Da Vinci; o literatos como Maquiavelo. La decadencia política española del SXVII es conocida como el siglo de oro de sus artes con Velásquez en la pintura, Calderón de &lt;st1:personname productid="la Barca" st="on"&gt;la Barca&lt;/st1:PersonName&gt; o Cervantes en su literatura. Algo semejante ocurre con Colombia. De la tragedia nacional en que vive sumida, sus gentes han aprendido a brillar con luz propia, otorgándonos a escritores como García Márquez, artistas como Botero o músicos que venden millones de copias de sus trovas a lo largo y ancho del mundo: Carlos Vives, Shakira, Juanes… y un largo etcétera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Frente a lo que piensa el resto del planeta; Colombia es el estado menos machista de América Latina (si bien el machismo sigue teniendo un peso importante en todo el hemisferio); además de expresarse en el idioma castellano de la manera más refinada. Las gentes que tienen acceso a la cultura colombiana no pueden por menos que quedarse prendados de ella; tras la falsa apariencia tercermundista del país, se esconde una auténtica potencia cultural.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, debemos tener en cuenta la otra cara de la moneda. El alma de Colombia se asemeja mucho a su naturaleza. La belleza del Caribe tiene sus peligros en forma de huracanes o enfermedades tropicales. Así Colombia tiene en su alma un peligro que debe ser tenido en cuenta antes de cruzar sus fronteras: la selva virgen que se extiende en su territorio no acaba en las lindes de la ciudad. De hecho, sus ciudades forman una parte integral de ésa selva; y en ellas impera su ley. Es la ley de la supervivencia. Es peligroso dejarse engañar por sus rascacielos y la apariencia de sus avenidas, ya que en un país de contrastes como éste, con megalópolis construidas en el corazón del bosque más frondoso; la distancia que separa a la riqueza más ostentosa con la miseria más extrema es una línea demasiado delgada como para obviarla. El lujo y el hambre no sólo conviven codo con codo, sino que se interrelacionan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;De ésta forma ha florecido el negocio del crimen; y entre los criminales, el sicario es una institución. En un lugar donde la tasa de paro y la desesperanza son tan elevadas; el sicario es un profesional liberal que obtiene una salida fácil de la miseria. Su salario dista mucho del que obtiene un tipo como yo en un país europeo: de las decenas o centenas de miles de euros que puedo llegar a cobrar por un encargo; un sicario colombiano apenas percibe un par de miles de dólares por trabajo. Es por ello que jamás pensé que alguien de éste país acabara recurriendo a mis servicios y pagara la suma que cobro por encargo. Sin embargo en ésta ocasión, mi cliente requería mano de obra de importación sin importar los gastos. Tenía entre manos un encargo muy particular para alguien como yo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En éstos pensamientos tenía centrada mi atención cuando rugió el sonido de los motores y el avión comenzó su carrera precipitada por la pista del aeropuerto. Mi idea era llegar a Caracas y pasar allí unos días para hacerme al clima tropical. Haría algo de turismo y pasaría como un visitante más de la bella ciudad caribeña. Después tomaría rumbo hacia la frontera: entraría en el país por la ciudad amazónica de Cúcuta. Desde allí prepararía el viaje hacia mi destino final en el corazón de Antioquia: a más de mil cuatrocientos metros de altura me esperaba la urbe de Medellín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111450835525129542?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111450835525129542/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111450835525129542' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111450835525129542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111450835525129542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/las-lgrimas-de-medelln-captulo-i-rumbo.html' title='Las Lágrimas de Medellín (Capítulo I: Rumbo a Colombia)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111442227215869590</id><published>2005-04-25T02:40:00.000-07:00</published><updated>2005-04-25T02:44:32.160-07:00</updated><title type='text'>Las lágrimas de Medellín (Introducción: Muerte de un transeúnte)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/trabajo.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El sol cae a plomo sobre la calle. Nada parece raro, salvo éste calor insoportable. Los escolares vuelven a sus hogares con el uniforme del colegio, unas mujeres regresan del mercado con sus bolsas cargadas de hortalizas y en la esquina hay un anciano que vende tabaco a los transeúntes. Nada que temer: todo parece estar en su sitio. Unas cuantas zancadas más y en casa esperarán unos frijoles con arroz y carne molida de ternero. Todo un manjar de manos de la mejor cocinera de todo Medellín. En la mesa se está a salvo de todos los peligros que acechan en las calles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Unos cuantos pasos y todo habrá pasado. ¡Maldito calor! El sol se hace pesado y nubla hasta la vista. Costaría hasta respirar bajo su peso. Su luz es tan luminosa que hace entornar los ojos para evitar su reflejo en las pupilas. Tal es la claridad que hasta la última mota de polvo suspendida en el aire queda expuesta a la vista. La sombra del hogar y la comida reconfortarán al hombre de la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Algo sucede que frena en seco los pasos de nuestro hombre. El ruido de una cadena de motocicleta ha destacado de entre los sonidos del tráfico: alguien ha abierto fuego. Las detonaciones han sido breves pero han bastado para sembrar la calle de gritos y carreras. Los autos se han detenido en la vía y los conductores salen con gesto incredulidad. Se suceden los bocinazos de quienes quedan bloqueados en el tráfico sin haberse percatado del suceso; los curiosos no tardan en llegar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El tirador ha desaparecido al doblar la esquina, dejando tras de sí un revuelo caótico de chillidos, desconcierto y estupor. Sobre el asfalto yace el cadáver inerte de su víctima. El reguero de sangre que nace en su cuerpo se extiende lentamente hasta colarse por una alcantarilla. Las comunas habrán de llorar el luto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111442227215869590?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111442227215869590/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111442227215869590' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111442227215869590'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111442227215869590'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/las-lgrimas-de-medelln-introduccin.html' title='Las lágrimas de Medellín (Introducción: Muerte de un transeúnte)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111416549740617715</id><published>2005-04-22T03:04:00.000-07:00</published><updated>2005-04-22T03:24:57.410-07:00</updated><title type='text'>El mundo de los virus</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/virus.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Más difícil que el mundo del sicariato; el campo de los virus se me antoja inescrutable. Gusanos, troyanos, y correos infectados son para mí un fenómeno difícil de entender. No logro hacerme a la idea de qué se pasa por la cabeza de un individuo que gasta su tiempo en crear ésta molesta tecnología que sólo sirve para hacernos la vida un poco más difícil a todos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;¿Acaso alguien con la autoestima lo suficientemente baja como para tener que llamar la atención haciéndonos perder nuestro tiempo? ¿Algún inepto antisistema que con la excusa de fastidiar un monopolio se dedica a llenar las arcas de las empresas antivirus? ¿O simplemente es algún tipo de sádico que disfruta haciéndonos perder la paciencia delante de la pantalla?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Mi portátil está infectado por un virus. Me sorprendió hace un par de días al no dejarme iniciar la sesión, y el técnico ha sido muy explícito: un troyano. Para mí eso es como un galimatías, pero al parecer es bastante común. Así pues, estoy privado de la escritura de mis memorias hasta el lunes por la mañana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Tendré tiempo entonces de poder empezar a narrarles uno de mis primeros trabajos como sicario: sin duda el más violento de mi carrera. Nunca debí haberlo aceptado, pero en cierto modo, fue como mi bautismo de fuego: hasta ése momento jamás me replanteé mi carrera de sicario tal y como hoy la ejerzo. Allí asenté mis bases en el mundo del asesinato profesional, estableciendo mis normas y modo de trabajo. Era un tipo joven que estaba empezando; y sin duda cuando salí de aquello era ya un sicario curtido en el arte de matar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Pero no adelantemos acontecimientos. El lunes les hablaré de aquel encargo: el de las Lágrimas de Medellín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111416549740617715?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111416549740617715/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111416549740617715' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111416549740617715'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111416549740617715'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/el-mundo-de-los-virus.html' title='El mundo de los virus'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111391011008049857</id><published>2005-04-19T04:19:00.000-07:00</published><updated>2005-04-19T04:28:30.086-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Epílogo:  Purgando penas)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/acusado.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Con la muerte de Silvia Ramos había terminado mi trabajo. Sin embargo no puedo terminar mi historia sin hablarles de otros fallecimientos que se sucedieron en los meses siguientes a mi partida de regreso a casa; y de cuyos ecos tuve noticia gracias a la prensa sensacionalista que siguió escarbando en los hechos sin llegar a sacar a la luz la verdad de los hechos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La muerte de Marcos González fue muy comentada tanto por la prensa rosa como por los medios de comunicación especializados en asuntos económicos. El fatal “accidente” de caza que le privó de la vida fue recibido como un ensañamiento del destino en aquella familia señalada por la tragedia. Severiano apenas fue investigado, pues mostraba claras señales de abatimiento personal tras haber matado a su propio hijo. Sabía que no tenía otro remedio de mantener a flote al conjunto de su familia: sin embargo había tenido que actuar de un modo radical en su círculo más cercano: el núcleo afectivo de su vida había quedado mutilado y eso era algo demasiado duro para él. Las semanas siguientes al entierro de Marcos, Severiano entró en un estado depresivo que se agravó con los preparativos del juicio de Sonia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En éstas condiciones tuvo que dejar los negocios en manos de su primogénito y único hijo capaz de llevar a cabo las finanzas familiares. Se encerró en su casa junto a su esposa Trinidad, y durante meses se mantuvo alejado del mundo. Apenas hablaba con gente fuera de con su mujer, y no asistió a ninguna de las vistas del juicio contra Sonia. De hecho su vida se fue apagando poco a poco tras aquella depresión y retiro. Apenas un año después de haber disparado a su hijo en el bosque, Severiano González moría en su casa, apenas acompañado por su esposa e hijo: solitario y triste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Un final discreto para un hombre tan sobresaliente en vida. Su fortuna fue heredada por sus dos hijos: Ignacio y Sonia; si bien la segunda tardaría un tiempo en poder disfrutarla por su proceso abierto a causa del asesinato de Roberto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La muerte de Silvia Ramos tuvo cierta repercusión tras el descubrimiento de su cadáver por un par de mendigos que había acudido a pernoctar a la casa donde quedó tendido su cuerpo. La policía quedó impresionada por la violencia del suceso. La atroz agresión sexual cometida sobre la joven camarera fallecida fue muy comentada en algunos medios de comunicación; especialmente en los programas televisivos dedicados a los sucesos. La juez de guardia encargada del levantamiento del cadáver no pudo evitar el vómito tras inspeccionar el cuerpo. Aquello sin duda era la obra de un monstruo, y la policía no dudó en investigar a fondo aquel crimen. Los rastros de ADN extraídos del semen del agresor, el patrón de comportamiento y la cercanía geográfica no tardaron en apuntar hacia David Jiménez. Éste fue detenido intentando salir del país; y su confesión ante la policía no dejaba lugar a dudas. Su relato de los hechos fue bastante escabroso: relató como Silvia la había atacado, mostró su herida en la pierna, y detalló minuciosamente su explosión de ira: incluso él mismo pensaba que habían sido sus golpes los que habían acabado con la vida de la mujer fatal. No le era difícil llegar a tal conclusión a la vista del rostro desfigurado con que me encontré al entrar en la habitación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;David Jiménez fue visto como un monstruo por la prensa. La gente de bien esperó su juicio con expectación, y el furgón policial que lo trasladaba hasta los juzgados fue golpeado por la masa que se arremolinaba ante la corte de justicia el día en que fue a prestar declaración. Por la televisión desfilaron cada una de sus víctimas anteriores, quienes hicieron unos macabros relatos de sus traumáticas experiencias a manos de mi “pavo”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La condena a prisión fue muy celebrada. Sin embargo poco sabían entonces que David Jiménez no llegaría nunca a cumplir ni un año en prisión. Fue asesinado de un disparo limpio mientras paseaba por el patio de la prisión. Al parecer un francotirador sin rostro acabó con la vida de mi “pavo”; alguien con quien la policía nunca pudo dar. Sin duda no encontraron el arma que Andrés Padilla utilizó para matar a quien pensaba que le había amenazado a él y a su familia. La pulsera que había visto en el asesino de su protegida era la prueba fehaciente de que había confundido mi trabajo con la chapuza de de mi “pavo”. Andrés no podía dormir con la idea de que un cafre como David Jiménez saliera un día de la cárcel y recordara la amenaza que le había hecho en el coche. Creía haber matado al “hombre del saco”, y a mí no me preocupó más el asunto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, yo, Antonio García; regresé a mi hogar. Sin embargo, aquel trabajo supuso para mí una etapa de reflexión muy seria. Había aprendido de mis errores y había salido victorioso de aquel encargo. Sin embargo me costó un tiempo volver a aceptar otro trabajo. Me planteé la posibilidad de dedicarme a otros menesteres; especialmente cuando por primera vez en mi vida, el asesinato de uno de mis objetivos afectó mi vida privada. Tras el lamentable estado en que me encontré a Silvia antes de rematarla, tengo que aceptar que me costó un tiempo volver a estar con una mujer. Cada vez que recibía una insinuación, un leve coqueteo, o un flirteo sensual, sobre mi cabeza revoloteaba la imagen del cuerpo desnudo e hinchado de la camarera. Entonces sentía una sensación difícil de describir; una mezcla de repulsión y asco: me volvía irritable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Para solucionarlo tuve que estar varios meses desconectado de todo. Finalmente decidí poner mi vida al día: acepté la invitación a la boda de un amigo de toda la vida y acudí con mi mejor imagen. Nunca me he corrido una juerga tan grande en mi vida. Al despertar al día siguiente en el lecho del hotel, acompañado por una de las damas de honor, supe que el sicario que vive en mí estaba de nuevo preparado para entrar en acción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;br /&gt;Por cierto... Sonia González acabó siendo absuelta por falta de pruebas en el asesinato de su amado Roberto. Otra cliente satisfecha.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111391011008049857?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111391011008049857/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111391011008049857' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111391011008049857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111391011008049857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-eplogo-purgando-penas.html' title='Mujeres Fatales (Epílogo:  Purgando penas)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111382970051838030</id><published>2005-04-18T05:49:00.000-07:00</published><updated>2005-04-18T06:08:20.523-07:00</updated><title type='text'>Conexiones de transporte y regreso.</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/conexiones.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;He vuelto. Durante los dos últimos días he estado perdido entre conexiones de tren, vuelos, autobuses y coches de alquiler. Hoy por fin he cruzado el umbral del mi casa. Estoy absolutamente exhausto. Sin embargo, el trabajo fue completado satisfactoriamente. Apenas una nota en la prensa daba fe de la muerte de mi objetivo. La seguridad de un trabajo como el mio me impide darles datos sobre el trabajo en cuestión; al menos por el momento. Cuando pasado el tiempo y el asunto esté cerrado y olvidado ya me encargaré de señalarlo en mis memorias. Por ahora es preferible guardar un absoluto mutismo respecto a todos los pormenores del tema.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Ahora mismo estoy de nuevo en casa. Todo sigue igual a como lo dejé. Ya me he puesto en contacto con mi familia y amigos. Ésta tarde tomaré unas cervezas con los segundos, mientras que a la noche cenaré con los primeros. Sin duda se alegrarán de ver a Antonio de vuelta. He tenido oportunidad de recolectar regalos y recuerdos de las ciudades que he visitado en mi trayecto de vuelta. Ello me ayudará a apuntalar mi coartada ante ellos. De nuevo vuelvo a ser el tipo gris de siempre. Mañana haré cola ante la caja del supermercado con barba de dos días, playeras y ropa deportiva. Volveré a llenar la nevera y tendré que hacer limpieza en casa. El jardín y mis rosas precisarán de mayor cuidado y tiempo para que la primavera pueda culminar en una fabulosa explosión de fragancias y colores en mayo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Atrás queda otro mes y medio de vida. Ha dado para mucho: viajes, barro, cafés en las terrazas con los primeros soles de primavera, copas en la noche; algo de sexo con la ardiente Patricia… No puedo quejarme. A fin de cuentas ha sido la sangre de otro quien ha sido derramada. Mi cliente estará satisfecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cuando estime que he descansado lo suficiente me pondré a estudiar con detenimiento mis merecidas vacaciones. Añoro la arena blanca, el agua azul turquesa, el helado de ron con pasas y el cielo raso y puro de los paraísos del Caribe o &lt;st1:personname productid="la Polinesia." st="on"&gt;la Polinesia.&lt;/st1:PersonName&gt; ¿Riviera Maya o Bora Bora? Ya veremos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;De momento sólo escribo unas palabras aquí. Cuando repose volveré a coger el hilo de mis relatos. Aún les debo el epílogo de las mujeres fatales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Definitivamente es bueno estar de regreso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111382970051838030?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111382970051838030/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111382970051838030' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111382970051838030'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111382970051838030'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/conexiones-de-transporte-y-regreso.html' title='Conexiones de transporte y regreso.'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111351053911078744</id><published>2005-04-14T13:13:00.000-07:00</published><updated>2005-04-14T13:28:59.113-07:00</updated><title type='text'>Frenético.</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/disparar.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Mañana es el día. Tenía intención de haber acabado hoy con el epílogo de mi experiencia a manos de las mujeres fatales; ya que, aunque el trabajo ya estaba terminado, creo que les interesaría saber el desenlace del destino de todos aquellos que compartieron aquella experiencia. Sin embargo, no me es posible: en éstos momentos estoy frenético, y sólo dispongo de un rato para dejarles éstas líneas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Mañana es el día. Ejecutaré a mi víctima como está planeado; mi trabajo finalizará y deberé dejarlo todo. Me marcharé durante dos días y daré vueltas enrevesadas hasta llegar a mi hogar. Todo con tal de borrar rastros e identidades. El dinero ya ha sido ingresado, el plan trazado, y mi maquinaria engrasada. Experimento ahora la hiperactividad que se sucede antes de cada encargo; el momento de la reflexión y el juicio. Atar los últimos cabos, preparar todos los engranajes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Mañana es el día. La persona a la que he seguido durante éste mes largo aún no sabe que hoy es la última noche que se acuesta, que ya ha visto su último atardecer; que en menos de veinticuatro horas ya no existirá. Vive en una burbuja, es un mundo en que nada le indica que deba temer al futuro cercano. Todo es normal; la normalidad es el todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Mañana es el día. Sé que todo va a salir bien. Sé que lo he hecho todo como debía. Sé que voy a ejecutar el plan al milímetro. Sé que no voy a fallar. Sé que estoy preparado ante los imprevistos. Sé que si por alguna improbable casualidad fuera yo quien fracasara, estoy dispuesto a asumirlo. Sé que estoy dispuesto a morir. Pero no quiero pensar en la muerte. Sólo estoy frenético.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Mañana es el día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111351053911078744?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111351053911078744/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111351053911078744' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111351053911078744'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111351053911078744'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/frentico.html' title='Frenético.'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111341602145212518</id><published>2005-04-13T11:12:00.000-07:00</published><updated>2005-04-13T12:58:31.680-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte XI): La conclusión)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/violacion.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;¿De veras creen que no pensaba que Silvia me la iba a jugar? Llevo demasiado tiempo en esto como para ser un estúpido. Tampoco me gusta tratar a la gente como tal; de momento ya me había demostrado que era una mujer de armas tomar… literalmente. Es por esto que guardaba mi as en la manga. La pulsera de plata que le había enviado era mi pequeño caballo de Troya. Una joya inofensiva a primera vista, pero un buen motivo para un asesinato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;La joven camarera llegó puntual a su cita. Estudió bien la casa en la que la había citado. Era un edificio semiderruido y abandonado. Sin embargo aún tenía una planta baja habitable en la que por la noche pernoctaban algunos vagabundos. Por el día permanecía abierta y deshabitada; quedaba tan alejada de la ciudad que ni siquiera los adictos a las drogas la utilizaban para pincharse sus dosis. Tras unos instantes en los que creyó cerciorarse de que había llegado la primera a la cita entró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Me la imagino impaciente en su interior, mirando cada rincón de la casa con prudencia. A fin de cuentas su cita era con un sicario. Todavía no sabía que su querido Marcos había muerto; contaba entonces con la supuesta protección que le había prometido el fiambre. Llevaba puesta la pulsera que le envié. De eso me aseguré en mi inspección visual desde la lejanía. No tardaría poco en recorrer el inmueble y ser consciente de que estaba sola… de momento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Minutos después de entrar en aquella casa, Silvia oyó el ruido de un motor. Su cita llegaba; y ella estaba preparada para recibirla. A través de una abertura en la pared ruinosa de la fachada, vio como un hombre descendía del coche y se dirigía a paso vivo hacia la puerta. Una hoja de cuchillo brilló entre la penumbra: la señorita Ramos se disponía a eliminar a su segunda víctima. Le debía estar cogiendo el gusto al asesinato; sin duda tenía madera para dedicarse al sicariato. Lástima que aquella madera estuviera a punto de ser quemada en una bonita hoguera prendida a distancia por mi mano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Apenas cruzó aquel hombre el zaguán de la puerta, Silvia se abalanzó sobre él, hundiéndole el cuchillo en un muslo. En realidad había apuntado hacia el costado, pero el visitante había reaccionado con reflejos y se apartó a tiempo. Aún así no pudo esquivar la descarga: un aullido de dolor se escapó de sus labios. Llevándose la mano a la pierna herida, sujetó la mano que asía el arma. Luego lanzó un golpe con toda su fuerza en la cara preciosa de su agresora. El terrible impacto hizo que Silvia cayera sobre su espalda en el suelo; su nariz empezó a sangrar con violencia. Después la puerta se cerró bruscamente. Como supongo que ya habrán adivinado, el individuo a quien Silvia había atacado no era yo. Al cerrarse la puerta perdí la visión de lo que sucedía en el interior, pero pude acercarme lo suficiente como para escuchar lo que allí pasaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;En el interior de aquella casa alguien estaba a punto de sufrir un infierno. Los golpes de sucedieron junto a los gritos de dolor, a los que seguía una voz grave que insultaba a cada puñetazo, patada, mordisco o bofetada que propinaba. Luego de un silencio pude percibir unos lastimosos gemidos, seguidos de unos gruñidos y jadeos animales: como si un perro rabioso se hubiera colado en la habitación. Por fin, al cabo de una hora, la puerta se volvió a abrir. De ella salió un hombre cojeando, con un vendaje rudimentario en el muslo, hecho con la camiseta escotada de Silvia. En su muñeca: una pulsera; lucía la joya que había enviado a mi víctima. En su rostro se dibujaba una sonrisa de satisfacción. Aquella cara familiar se había vuelto a reencontrar consigo misma, además de recuperar un bien preciado que había perdido tras llevarlo años encima: David Jiménez acababa de terminar una de sus obras macabras en la persona de Silvia Ramos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Esperé a que mi “pavo” se marchara. Sin duda debió enojarse mucho cuando perdió su pulsera. Había recibido una carta invitándole a recuperarla a cambio de un dinero en aquel sitio, lo cual debió enfadarle de sobremanera. El ser atacado por sorpresa sólo había contribuido a aumentar su furia. Había dado rienda suelta al monstruo que anidaba en su interior, facilitándome el trabajo. Ahora se marchaba satisfecho, con su pertenencia colgando de su muñeca, y su víctima tirada en el sucio suelo de aquella vivienda abandonada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;En cuanto se alejó el coche de David, procedí a entrar en el lugar de los hechos. El espectáculo era demencial; sin duda nuestro hombre se había empleado a fondo. No pude reprimir un gesto de asco ante lo que tenía delante. Recuerdo que lo que más me impresionó al entrar era aquel olor; el aire viciado pese a los agujeros de las paredes. En el suelo yacía lo que quedaba del cuerpo ensangrentado semidesnudo de Silvia Ramos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Tenía la cara hinchada y amoratada por los golpes, varios dientes rotos de su dentadura nacarada, donde ahora se mezclaban la sangre de la nariz y de la boca con la saliva y el semen de mi “pavo”. El cuerpo estaba lleno de cardenales, y emitía un sonido sordo al respirar, como un gemido prolongado con cada aspiración. Sin duda tenía varias costillas rotas por el modo en que le costaba tomar aire. Del estado en que quedaron sus senos y su sexo, prefiero no hablar. Lo había visto antes en las fotos, pero allí, en vivo, la cosa era aún mucho peor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Avancé unos pasos y examiné a mi mujer fatal. Sin duda me veía a través de las hendiduras de sus ojos; pues sus párpados estaban hinchados por la paliza. David no podría salirse con la suya tras aquello. Su violenta violación estaba a punto de convertirse en un asesinato con alevosía. Para mí casi fue un acto de piedad. Sin embargo no puedo negar que la hostilidad ardía en mi interior tras aquel horrible encargo que ahora terminaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Lo último que vieron las pupilas de Silvia fue la suela de mi zapato acercándose hacia ellas. Como quien apaga una colilla humeante restregándola con sus pies, así aplasté el cráneo de la mujer fatal contra el suelo. Mi trabajo estaba concluido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111341602145212518?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111341602145212518/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111341602145212518' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111341602145212518'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111341602145212518'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-parte-xi-la-conclusin.html' title='Mujeres Fatales (Parte XI): La conclusión)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111333680032944831</id><published>2005-04-12T13:08:00.000-07:00</published><updated>2005-04-12T13:13:20.346-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte X: Confesiones en el bosque)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/bosque.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Todo había pasado a escasos metros de donde Ignacio y yo conversábamos. El sonido de los disparos a tan corta distancia me había sobresaltado; como en un acto reflejo brinqué detrás de un grueso árbol tras mi interlocutor. Tenía la experiencia suficiente como para saber que quien había tirado estaba demasiado cerca como para que no hubiera reparado en nuestra presencia. Además estaba el ruido del cuerpo al caer. Aquello no había sido un jabalí. Juraría que a escasos quince metros de donde me encontraba había tendido de bruces un cadáver. Eso me volvía especialmente peligroso. No estaba dispuesto a tener más sobresaltos en aquel trabajo. Si me veía envuelto en un intercambio de disparos tenía muy claro que no iba a andarme con rodeos: desplegaría toda mi capacidad de respuesta y mataría a todo aquel que se interpusiera en mi camino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Una voz grave se dirigió a mí desde el otro lado del grueso tronco que me brindaba cobertura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Puede salir de detrás de ése árbol.-era evidente que no se refería a Ignacio, a quien había dejado en el mismo sitio donde habíamos estado hablando.- Y le rogaría que sin el arma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Ni por todo el oro del mundo.- repliqué mientras estudiaba el modo de escabullirme entre la maleza en caso de tener que abrir fuego.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-No tema; es mi padre.- Ignacio intervino para serenar la cosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Aún así prefiero quedarme donde estoy.- respondí mientras en mi cabeza ya tenía trazada una ruta de escape entre una zona frondosa al este de mi posición.- Si cualquiera de ustedes viera mi rostro no tendría otro remedio que dispararles; si tienen alguna objeción a que permanezca aquí, pueden irse al infierno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-De acuerdo.- La voz grave parecía hacerse cargo de la situación, sin embargo en su tono había un aire melancólico; como si le faltase el aliento para terminar las palabras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¡Dios mío!- Ignacio se movió en la dirección en que había visto el cadáver abatido en la espesura.- ¡Oh…… Dios! ¿Es…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Marcos.- La voz grave pareció quebrarse.- Mi propio hijo… ¡Que el infierno me trague! No había otra solución… ¡Que el infierno me trague!- repitió esto último en voz baja y después pude percibir un sollozo sordo y prolongado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Empecé a atar cabos: Severiano González era una persona demasiado curtida en el mundo como para no tener sus propias fuentes de información. Un hombre de negocios como él; alguien capaz de controlar todo un imperio económico a lo largo del mundo; era evidente que estaba al tanto de todo lo que ocurría en un espacio tan reducido como su propia casa, su propia familia. La relación de Marcos con Silvia no debía haber sido un secreto tan grande para él, lo que sin duda no sopesó apropiadamente fue el nivel de lealtad hacia la familia que esperaba de su propio hijo. El reciente encarcelamiento de Sonia y las pesquisas que debió emprender por su parte le habían llevado al mismo puerto que a mí. La diferencia es que mientras yo pensaba consultar con Ignacio una decisión antes de liquidar a Marcos, Severiano había actuado como patriarca del clan. Había sacrificado a su propio hijo para salvar a los otros dos que corrían el riesgo de ser devorados por la ambición del fallecido. Sin embargo, esa decisión debía de haber sido la más difícil de su vida. La prueba era el llanto del anciano en aquel bosque; separado a escasos metros de un sicario, un cadáver y un atónito miembro de su familia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Qué va a pasar ahora?- La voz de Ignacio sonaba nerviosa.- Marcos está muerto. ¿Qué va a ser de nosotros?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Yo sabía la respuesta de antemano. Sin embargo opté por guardar un pudoroso silencio. La pregunta iba dirigida a Severiano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-No va a pasar nada.- el viejo lo tenía todo pensado.- Ha sido un accidente de caza. Pensaba que era un jabalí y he disparado. No es la primera vez que pasa. De momento debemos avisar a un ambulancia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pero si está muerto.- Ignacio parecía incapaz de comprender la frialdad racional de su padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Eso es algo que usted no sabe si el disparo no ha sido intencionado.- le respondí yo. Me parecía que Severiano no estaba en condiciones de hablar. El cadáver de uno de sus hijos de desangraba a escasos metros de él.- La policía se interesará por saber si llamaron a algún tipo de servicio de emergencia para salvarle la vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El silencio de Ignacio me hizo comprender que entendía la lógica del procedimiento. Aquella sesión de caza no había sido preparada por el padre de familia tanto para escapar de la prensa amarilla como para dar muerte a Marcos. Sin duda, Trinidad había sido partícipe de la decisión. Éste es uno de los motivos por el que no me he visto empujado a formar una familia a pesar de mi edad. No lo descarto en el futuro, pero me cuesta imaginar que hubiera hecho yo en el lugar de los González. Si conseguían salir cuerdos de todo aquello ya sería un gran logro. Aunque Sonia se pudriera en la cárcel. De momento, la prensa amarilla acababa de recibir una nueva ración de morbo en aquella desgraciada familia en la que se cebaba el infortunio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Sigue ahí, sicario?- La voz de un repuesto Severiano me hizo volver en mí tras mis reflexiones alentadas en aquella pausa de silencio de apenas unos segundos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Váyase y termine su trabajo. No vuelva a acercarse a nosotros cuando termine. Sabremos arreglarnos. El dinero ya le ha sido transferido, no volveremos a estar en contacto.-Sus palabras denotaban que era un hombre juicioso. Obviamente aquellas eran mis intenciones. Era lo más racional para que nadie pudiera sospechar de mi presencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Me alejé sigilosamente. Cuando hube recorrido una distancia prudencial comencé mi huída a través de la frondosidad de la espesura. Corrí durante largo rato hasta alcanzar el linde del bosque y subir a mi coche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Tenía que eliminar a Silvia Ramos. Aquella hija de puta sabía por medio de Marcos que un sicario la acechaba. Se había vengado bien de mi cliente: conocedora de su obsesiva fijación con Roberto sólo tuvo que matar a éste con un cuchillo utilizado previamente por Sonia que le facilitó su amante. Estaba claro que Sonia visitaría a Roberto aquella noche; al igual que hacía siempre que estaba en la ciudad. Cuando mi cliente encontró el cadáver de su amado era la única y mayor sospechosa del crimen. No podría explicar que hacía aquel cuchillo con sus huellas clavado en el vientre de Roberto. Es probable, que lo extrajera en su sorpresa, cuando buscaba un resquicio de vida en el cuerpo del periodista. Eso sólo hizo que sus huellas manchadas de sangre quedaran mejor grabadas en el arma homicida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Silvia era sin duda una mujer fatal. Había asimilado muy bien el rol del sicario: se había buscado un “pavo”; mi cliente. Además tenía la fortuna de tener la misma complexión física de la principal sospechosa, con la diferencia de que ella era una ejemplar pareja del fallecido, mientras que Sonia era una desquiciada acosadora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Aquella zorra había intentado matarme cuando fuera a eliminarla. Era el momento de devolverle todas las deudas juntas. Aquella misma tarde me puse en contacto con ella. Estaba claro que ya no necesitaba ocultarme; tampoco tenía intención de ello. Mediante una llamada telefónica, mi voz susurrante la conminaba a recoger un sobre en su buzón. En él había una dirección de una casa de las afueras, además de una pulsera de plata que serviría de contraseña de contacto para la cita: le dí a entender que en lugar de matarla pretendía chantajearla. Tenía pruebas de que estaba envuelta en la muerte de Roberto. Le desgrané la serie de fallos que como buen sicario había visto en su crimen. Conocía el informe policial y la autopsia de Roberto de memoria como para poder llegar a alarmarla de verdad. Mordió el anzuelo y accedió a verme. Lo que no sabía era que acababa de cerrar su cita con la muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111333680032944831?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111333680032944831/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111333680032944831' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111333680032944831'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111333680032944831'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-parte-x-confesiones-en.html' title='Mujeres Fatales (Parte X: Confesiones en el bosque)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111325175413058984</id><published>2005-04-11T13:32:00.000-07:00</published><updated>2005-04-11T13:35:54.143-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte IX: La verdad al descubierto)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/mujer.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Ignacio era la persona a quien buscaba. Tenía que verme las caras con él en lo profundo del bosque; mientras los demás miembros de la familia batían a los animales. Íbamos a tener un encuentro cara a cara… más bien, nuca a cara: no podía permitir que nadie viera mi rostro. Es una norma en éste oficio permanecer anónimo. Nunca sabes si en el futuro alguien que te contrató en el pasado puede acabar en tu punto de mira. El servicio del sicario termina con la muerte de su objetivo; la lealtad es cosa que sólo practican los vasallos. Si alguien le paga para eliminar a un antiguo cliente, no tiene porqué guardarle ningún tipo de fidelidad pese a que ambos compartan un secreto de sangre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Por éste motivo pensaba salir al encuentro de Ignacio tomándole de espaldas, colocando el cañón de mi escopeta en la base de su cráneo; como medida preventiva ante cualquier brusco cambio de orientación de su cabeza. Tenía que hablar con él. La información de Andrés era demasiado delicada como para no empujarme a actuar. Si quería mantener mi seguridad, era del todo imperativo que terminasen los contactos telefónicos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Así pues, apenas transcurridos unos minutos desde la suelta de los animales, cuando los miembros del clan se separaron lo suficiente como para poder abordar a mi interlocutor con seguridad, me dispuse a salir al paso de éste. En la profundidad del bosque sonaban lejanas las detonaciones de una escopeta: alguien estaba poniendo en apuros a un jabalí. Ignacio giró la cabeza levemente, aguzando el oído. Me detuve en seco. Acechar a alguien armado en el bosque es una tarea titánica que requiere de un gran esfuerzo para no ser descubierto. El suelo está cubierto de hojarasca y matorrales; amén de que hay ramas por todas partes. Cada pisada poco comedida es como un concierto de chasquidos capaz de despertar la atención de la presa más despistada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente pude acercarme lo suficiente como para poder encañonarle en la distancia corta más aceptable. El contacto del metal en su cabeza le hizo detenerse en seco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-No se dé la vuelta o me obligará a dispararle.- Hablaba de nuevo a susurros; el mejor modo de ocultar la propia voz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Quién es? ¿Qué quiere?.- Ignacio era un hombre de negocios frío y duro, no se impresionaba fácilmente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Usted me contrató.-mi tono se dulcificó al máximo para explicarle la situación.- No tiene nada que temer mientras no se gire. Sólo he venido a hablar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Es preciso apuntarme con un arma para esto?-era obvio que el cañón sobre su nuca le ponía nervioso, pero nuestro hombre se mantenía entero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Me temo que sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Está bien; charlemos.- había tirado su arma al suelo y me mostraba los brazos en alto para darme a entender que tenía intención de colaborar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Usted ha sido un mal cliente, señor González.- Mi reproche sonaba duro en una situación tan incómoda, pero era preciso que comprendiera que aquello me causaba casi mayor malestar a mí que a él.- La discreción es un bien muy preciado para mí; cuando ésta escasea los problemas se multiplican.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Ignacio asentía, dando a comprender que entendía que yo sabía el hecho de que había más gente al corriente de mi tarea aparte de él y su hermana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Soy consciente de que es usted un hombre de familia.- Continué con mi explicación.- Sin embargo, que usted no tenga secretos con sus personas más cercanas puede causar graves complicaciones a mi tarea, el ejemplo más claro es el de su hermana en prisión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Me temo que no le sigo señor…- dejó arrastrar la última palabra como dando a entender que quería conocer mi nombre. Sin duda como hombre de negocios acostumbrado al regateo entendía que le sería más fácil dialogar poniéndome un nombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Si se siente más cómodo, puede llamarme Daniel.- un nombre bastante metafórico para la situación; a fin de cuentas llevaba demasiado tiempo en la jaula de los leones como para que ninguno me hubiera devorado todavía en todo aquel lío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-De acuerdo, Daniel.-Adiviné una sonrisa en su rostro pese a darme la espalda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-El caso es que hay alguien de su entorno que nos ha traicionado… a los tres.-La sonrisa que intuía se transformó en un gesto de asombro.- Alguien que le ha engañado a usted, a su hermana, y que ha jugado conmigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿Quién?.- su voz era una mezcla de duda y enfado.- ¿Cómo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Ayer hablé con un tipo que se dedica a labores de seguridad.- quería ponerle en antecedentes.- Se dedicaba a vigilar a la persona que ustedes me pagaron por eliminar. Quería matarme a la menor oportunidad para que luego pudieran acusarlo a usted de haber contratado un sicario para solucionar un asunto familiar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Ignacio permanecía petrificado. No tenía muy claro si se estaba preguntando la identidad de la persona que se la estaba jugando o bien se cuestionaba el destino que dí a Andrés tras mi conversación con él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Ese individuo se dedicaba a escoltar a directivos de empresas cuando se desplazaban con el dinero en “B” de sus cuentas a hacer ingresos.-Continué con mi explicación.- Es así como conoció a la persona que le contrató.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿A quién?-la voz de Ignacio temblaba, como temeroso de conocer la respuesta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-¿No lo adivina?.- Hice una larga pausa, como esperando una respuesta que no llegó.- Su hermano Marcos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Ignacio pareció tambalearse ligeramente con mis palabras. No podía creérselo. Sin embargo le expliqué todo el asunto con detenimiento; del mismo modo en que me lo había contado la víspera Andrés Padilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cuando Sonia perseguía al difunto Roberto, Silvia se quedaba en la casa donde servía su padre, como una buena amiga. Sin embargo, la indecisión del muchacho acabó por hartar su paciencia. Ella era una chica hermosa. Demasiado como para que no se salieran pretendientes en su entorno ¿Qué mejor pretendiente que un joven y ambicioso miembro de la familia González? Cuando Roberto se mostraba más apabullado por la insistencia de Sonia, Silvia no se atrevió a decirle que su relación, encubierta tantos años, se había terminado. De hecho, cuando por fin se dio la ruptura, comenzó a salir oficialmente con el periodista, si bien con el beneplácito y comprensión de Marcos. Sin embargo, cuando se enteró de los planes familiares para matar a la mujer que deseaba, su punto de vista cambió por completo. Era de paso el más ambicioso de los tres hermanos… y sabía que aquella era una buena oportunidad para convertirse en el único heredero viable de la enorme fortuna familiar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;A fin de cuentas, a diferencia de Ignacio, él era demasiado personalista como para dejarse guiar por el dictado de su padre: no le gustaba someterse a nadie. Es por eso que sus negocios los llevaba en solitario; y así pretendía hacerlo con el patrimonio familiar. Sonia, por su parte, era la niña mimada. Era obvio que una persona tan poco estable no podía compartir la responsabilidad sobre el dinero de los González cuando sus padres murieran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Con aquella jugada pensaba quitarse la presencia de sus dos hermanos de por medio: Sonia encarcelada por asesinato de su obsesivo desamor, Ignacio camino del juzgado cuando aquel militar profesional abatiera al sicario que había contratado en el momento de ir a matar a su objetivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-Pero hay algo que no me cuadra-Ignacio interrumpió mi explicación- ¿Cómo sabía que mi hermana fuera a matar a Roberto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-No lo sabía.- daba por sentado, que como hermano daba por sentado la inocencia de su hermana; máxime cuando me llamó preguntándome sobre mi posible concurrencia en el crimen.- Le mató una mujer, sí, pero no la que ahora está en prisión. Silvia Ramos es una mujer fatal si quiere: sobre todo si con ello encarcelan a la persona que le ha sentenciado a muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Las cartas estaban al descubierto. De pronto una chasquido de pisadas nos interrumpió. Una detonación hizo levantarse a los pájaros del bosque. En el suelo quedó tendido un cuerpo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111325175413058984?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111325175413058984/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111325175413058984' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111325175413058984'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111325175413058984'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-parte-ix-la-verdad-al.html' title='Mujeres Fatales (Parte IX: La verdad al descubierto)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111306130987792915</id><published>2005-04-09T08:40:00.000-07:00</published><updated>2005-04-09T08:42:29.016-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte VIII: Preparando la caza)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/trofeos.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La familia González se había refugiado de los periodistas que les acosaban en una amplia propiedad rural que pertenecía al cabeza de familia. A la imponente mansión que allí tenían le rodeaba una inmensa extensión de bosque y monte donde los miembros del clan practicaban la caza mayor de ciervos y jabalíes. El sitio era lo suficientemente apartado como para no tener que vivir la constante persecución de los medios de comunicación que se abalanzaron sobre los miembros de la saga González cuando Sonia fue detenida y encarcelada. Desde allí podrían encontrar la calma necesaria para estudiar la defensa de la más pequeña de la familia. En la quietud del campo podían reflexionar y elaborar estrategias para el juicio, a la par que contaban con medios para dirigir sus negocios a distancia y desconectar del mundo con jornadas de monterías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El edificio tenía un aspecto rústico, amplio y confortable. Era una construcción del S XIX en sólida piedra, de dos pisos de altura y con varias chimeneas que le daban una imagen palaciega. En su interior, la madera de los suelos se confundía con la roca fría de las paredes donde colgaban los trofeos de caza de la familia. Allí estaban los cuatro miembros de la familia que quedaban, guarecidos del mundo: Severiano, el padre, Trinidad, la madre, Ignacio, el hermano mayor y Marcos, el mediano: sólo faltaba la pequeña de la familia, acusada de asesinato. No habían llevado consigo a nadie del servicio, no querían que ningún ojo ajeno a la familia más cercana violara su intimidad en aquellos difíciles momentos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Severiano era el patriarca de la familia; había sido un hombre de negocios duro, un tipo hecho a sí mismo. Me constaba que en el pasado también había echado mano de algún que otro sicario para quitarse de en medio a competidores. La familia había sido para él su único refugio en el mundo darwingniano de la empresa: amaba con locura a sus hijos, pero especialmente a la niña de sus ojos, Sonia, que ahora estaba en la cárcel. Su detención había sido un golpe terrible para él. Sonia era para él una alegre luz de sol en una vida difícil; su jovialidad, su sonrisa siempre presta a relucir a la menor ocasión le habían hecho mimarla con dulzura. Dado que Ignacio y Marcos habían estudiado carreras sólidas en el campo económico, no puso el menor obstáculo para que su hija labrara su talento en el mundo de la danza. El primer día que la vio subirse a un escenario de manera profesional, moverse de aquel modo tan hermoso bajo el suave sonido de la música, los delicados movimientos del ballet que ejecutó de manera tan perfecta… nuestro hombre no pudo evitar derramar lágrimas de emoción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Trinidad era su esposa, una amante mujer proveniente de la aristocracia. Bajo la falsa apariencia de mantenida que inspiraba por su renuencia a meterse en asuntos de negocios, la dama era el auténtico cerebro de la familia en el campo económico. Había sido la mejor consejera y estratega con que Severiano había contado; en su caso el tópico de que todo gran hombre cuenta con una gran mujer a su sombra era totalmente cierto. Sin embargo, ella se había decantado por la discreción de la educación de sus hijos, había elegido un papel a la sombra de su marido, a sabiendas de que en un mundo machista como el de los negocios, la familia obtendría más éxito si ella permanecía en un segundo plano. Así se centró en formar a sus dos hijos mayores, haciendo de ellos dos hombres de provecho, mientras que a la jovial Sonia la empujó por el camino del arte. Fue ella quien la apuntó a clases de ballet cuando aún era niña, consciente de su potencial. Como mujer culta e intuitiva supo animar a su hija a profundizar en la danza, trabajar su talento y compartir el orgullo de su esposo en el palco; aquel día en que todo el auditorio aplaudió el estreno de su pequeña: fue uno de los momentos culminantes de su vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Por su parte, Ignacio, el primogénito de la familia, era una joven copia de su padre. Fue él quien puso en contacto a Sonia conmigo. Había seguido los pasos de su progenitor de manera milimétrica, destacando tanto en sus estudios como en su carrera profesional. No había dudado en recurrir a medios poco convencionales para superar los obstáculos que se cruzaron en su camino; y como buen hermano siempre estuvo presto a ayudar a su querida hermana. Su detención por el asesinato de Roberto le había hecho dar pasos en falso: buscando el contacto conmigo. Me llegó a preocupar la noche en que hablé con él al teléfono, cuando percibí que mi voz era escuchada por más personas a juzgar por el eco que transmitía su auricular. Tras negar mi concurrencia en los hechos y prometerle investigar me apresuré a colgar sin dar más detalles. Ahora tendría oportunidad de verle las caras con él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Por último quedaba Marcos. Había seguido los pasos de Ignacio, pero era un individuo mucho más retraído y silencioso que sus dos hermanos. Tras su silencio se escondía un cerebro brillante que le había hecho ser el primero de su promoción. Quizá no contaba con la frialdad de su hermano mayor, ni con la jovialidad de su hermana, pero era el más ambicioso. Se movía en negocios algo más modestos que Ignacio, pero a cambio obtenía el control total de sus acciones, sin depender de la sombra de su padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La familia compartía todo; desde las alegrías hasta las miserias. Eran como un solo hombre ante las adversidades que como ahora les azotaban; y a su vez eran una sola voz en las decisiones importantes. Cuando Sonia recurrió a mis servicios contó con el beneplácito de todos los componentes de su círculo familiar: ninguno objetó pega alguna a mi contratación… todo con tal de volver a ver la alegría en el rostro de la joven. Sin su vitalidad, sin su sonrisa fresca empañada por el desamor; todos comprendieron la necesidad de Sonia de hacer cumplir su venganza contra la rival que le había arrebatado la ilusión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El día en que me infiltré en su propiedad, todos los miembros de la familia se disponían a relajarse con una jornada de caza en los bosques que rodeaban a la casa donde se habían refugiado. Habían comprado dos jabalíes a los que abatir para poder descargar algo de adrenalina. Lo que no sospechaban es que alguien más se sumaba a la caza… si bien la presa de éste último era humana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Entre la espesura, armado con una escopeta y varios cartuchos, yo me disponía a eliminar al traidor que anidaba en aquella familia; la persona que había vendido mi seguridad y la felicidad de los suyos por un secreto que no había confesado. La persona cuyo nombre había salido de los labios de Andrés Padilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111306130987792915?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111306130987792915/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111306130987792915' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111306130987792915'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111306130987792915'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-parte-viii-preparando.html' title='Mujeres Fatales (Parte VIII: Preparando la caza)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111298451303999335</id><published>2005-04-08T11:16:00.000-07:00</published><updated>2005-04-08T11:21:53.040-07:00</updated><title type='text'>Problemas técnicos</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/problemastecnicos.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Debido a problemas técnicos con el servidor de blogger no he podido colgar en el tiempo que yo deseaba el post que leerán bajo éstas líneas. Por fin parece que el servicio se ha restablecido satisfactoriamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Éste tipo de errores sin explicación me ponen del hígado, se lo juro. Máxime cuando a una semana vista, como ya sabéis, tengo que culminar mi último encargo. Que las cosas fallen sin explicación aparente y nos dejen colgados son cosas que en campo de la tecnología no dependen del todo de nosotros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Espero que esto no se vuelva a repetir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111298451303999335?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111298451303999335/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111298451303999335' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111298451303999335'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111298451303999335'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/problemas-tcnicos.html' title='Problemas técnicos'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111298341212256382</id><published>2005-04-08T11:01:00.000-07:00</published><updated>2005-04-08T11:26:04.290-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte VII: El hombre del saco)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/muerte.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Andrés Padilla era un hombre venido a menos. Había sido boina verde en el ejército: un cuerpo de elite encargado de misiones peligrosas en un país que hace décadas que no interviene en una guerra donde se movilice a la población. Era un tirador experto, se había encargado de cubrir grandes eventos con gente importante durante su etapa como militar; ahora, ya entrado en los cuarenta años, sin haber desarrollado una carrera en el cuerpo de oficiales, era un anciano. Ya no era útil para servir en el ejército, y no sabía hacer otra cosa que aquello a lo que se había dedicado durante toda su vida. Es por eso que había montado una empresa de seguridad de medio pelo: tenía que seguir ganándose la vida y dar de comer a su amante esposa Lucía y su hija Aurora de cinco años. Sus trabajos eran principalmente chapucillas: cónyuges celosos que querían saber si su pareja tenía algún amante, seguridad de locales nocturnos, escolta de directivos de medianas empresas cuando se desplazaban con grandes sumas de dinero de las cuentas en “B”… parece que ahora por fin había encontrado su primer gran encargo. Vigilaba a Silvia Ramos, igual que yo. La pregunta era quién había contratado a aquel tipo y por qué.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Se pasaba el día entero cubriendo a mi víctima fallida. Pude comprobarlo a partir del día siguiente a mi frustrado intento de liquidarla. Lo que Andrés no sabía era que él era vigilado a su vez por un tipo mucho más peligroso que él mismo. Le seguí hasta su casa en una urbanización residencial de las afueras, le vi besar a su mujer, cenar en el comedor en familia, jugar con su pequeña y arroparla junto a su osito de peluche, “Yogui”, para después acostarse temprano con el fin de levantarse antes del alba y preparar la vigilancia del día siguiente. Por la mañana la casa se vaciaba por completo: los dos componentes del matrimonio trabajaban, la hija estaba en la escuela… pude merodear en busca de respuestas sin que nadie reparara en mi registro. Por desgracia no encontré nada que relacionara a Andrés con Silvia o con la persona que le hubiera contratado por seguirla. Ni un teléfono, ni una dirección, ni un nombre… nada. Estaba irritado. Tenía que salir de mi incertidumbre, y hacerlo rápido. De pronto tuve una revelación, una chispa que encendió un plan en mi cabeza. Cogí un par de cosas de la casa y me fui. Tenía una cita con Andrés… muy a su pesar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Sabía que vigilaba a Silvia hasta entrada la noche. Se quedaba en su chatarra de coche, sentado y fumando en la oscuridad. De vez en cuando abría la ventanilla para tirar la ceniza y las colillas acumuladas en sus esperas. Cuando llevaba mucho tiempo sentado salía del coche para orinar en una esquina oculta por la penumbra, estirar las piernas y regresar corriendo a su atalaya. Era patético.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Tenía que hacer cantar un nombre a aquel tipo. Sin embargo no podía subestimarle: siendo un tirador de elite estaba seguro que tendría un arma de largo alcance en la guantera del coche o bajo el asiento… un arma con la que poder abatir a un sicario que se abalance sobre su vigilada. Me di cuenta del riesgo que había corrido la noche que esperé entre las tinieblas a Silvia: no había caído en la presencia de aquel vehículo desvencijado con el viejo militar en su interior hasta que cometió el error de encender su pitillo. Un fallo propio de un puto inepto. Ahora las tornas habían cambiado; quien podía haberme cazado se convertía en mi presa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Hacerle confesar, de cualquier modo, no iba a ser cosa fácil. Como antiguo militar de una brigada especial, era una persona acostumbrada a soportar el dolor físico. Además, para su edad no se encontraba en mala forma: tenía que conseguir información de aquel tipo y reducirle por medios eficaces. El mejor de todos es la psicología. Cualquier policía del mundo sabe que éste es el mejor modo de obtener datos de un crimen: las torturas, los insultos, el miedo al dolor… sólo pueden servirnos para que un tembloroso delincuente nos diga lo que queremos que salga de sus labios; lo cual no es necesariamente la verdad. Algunos delincuentes, como los terroristas o los guerrilleros pueden llegar a soportar éste tipo de tratos degradantes: para ellos es el martirio por dios o la causa, son unos héroes que ya han asumido el purificante y redentor acto del dolor. ¿Cómo puede temer un terrorista suicida islámico al dolor si ese martirio le acerca más a su dios? ¿No reafirma al guerrillero en su lucha contra el estado el ser torturado por la policía?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;En cambio la psicología es diferente. Puede ser mucho más dolorosa que cualquier golpe físico, mucho más destructiva si sabe conducirse con inteligencia. Aquella noche di una lección a Andrés Padilla que jamás olvidará. Cuando salió para orinar de su coche no sospechaba que al volver ya no estaría solo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Nada más entrar de nuevo en el interior lóbrego del vehículo reparó que el espejo retrovisor interior había desaparecido. Sobre su cara el frío cañón de una pistola tocaba su mejilla derecha, el arma estaba sujeta por una mano enfundada en un guante; sólo una pulsera de plata con una “D” y una “J” grabadas -¿Les suena? En efecto, era la pulsera de mi “pavo- delataban algo de la identidad del individuo sentado en el asiento trasero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-Si vuelve la cabeza dispararé.- Hablaba entre susurros, pero con tono firme, para que comprendiera que aquello no era un juego- ¿Lo ha entendido? Mantenga las manos en el volante, donde yo las vea, y no gire la cabeza si no quiere que una bala salpique su coche con sus sesos ¿Entiende? Y olvídese de coger el arma que tenía debajo del asiento, un bonito juguete. ¿Me sigue?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Andrés asintió silenciosamente, apenas dejó escapar un escueto “sí” casi imperceptible. Sin duda mi presencia le había sobresaltado. Le había cogido desprevenido; algo imperdonable en su carrera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-Va a empezar a hablar.-continué susurrando- Me va a contar todo desde el principio; para quién trabaja, por cuánto, qué encargo le han encomendado y qué es lo que ha hecho hasta ahora. Todo con pelos y señales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;El militar pareció reponerse de la impresión inicial, parecía algo más entero tras el súbito susto de verse encañonado por la pistola.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-No me da miedo ¿Sabe?- se hacía el duro- No es la primera vez que me apuntan con un arma. Soy un buen profesional&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Su actitud digna me causaba una profunda hilaridad que disimilé con mi silencio. Mi voz se hizo aún más dura; empecé a jugar con la psicología.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-¿Usted celebra Halloween?-mi pregunta le dejó totalmente descolocado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-¿Perdón?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-Halloween- continué con mi juego- La víspera del día de todos los santos. Los niños se disfrazan en Estados Unidos y visitan a sus vecinos ofreciéndoles a elegir entre “truco” o “trato” ¿Lo celebra usted con su familia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-No.-Andrés parecía incómodo con aquello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-Yo sí, es una fiesta que me encanta.- mi insistencia le desquiciaba y eso me divertía todavía más.- Si los vecinos aceptan el “trato” los niños comen caramelos; si optan por el truco, su casa puede ser embadurnada por huevazos o pinturas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Mi interlocutor movía nervioso los dedos en el volante. No comprendía a qué venía todo aquello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-Usted y yo vamos a jugar a Halloween esta bonita noche.-proseguí con mi monserga.- Yo soy el niño que viene disfrazado de “Hombre del Saco” y le ofrece truco o trato. ¿Sabe quién es el hombre del saco?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Andrés asintió en el asiento delantero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-Sé que le cuenta éste cuento a su hija Aurora- mi frase produjo un respingo en mi buen militar- el hombre del saco se lleva a los niños malos que no se duermen. Sé que es usted un profesional, la pregunta es ¿Trabaja por amor al arte o por alimentar a su familia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;El boina verde sudada; por fin le había hecho inquietarse, pareció empezar a ser más hablador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-¿Es usted el sicario?.- por fin una pregunta coherente, iba por buen camino.- ¿Qué sabe de mi familia? Le juro que si les toca un pelo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Mi pistola se apretó aún más sobre su cara sin dejarle terminar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-Sé que si no me cuenta lo que quiero oír le voy a pegar un tiro.- mi voz se volvió irritantemente dulce- Y luego iré a su casa y le pegaré otro tiro a su mujer, Lucía, para después hacer que el hombre del saco vea hasta donde puede hacer llorar a la pequeña Aurora con sus trucos.- al decir esto deslicé hacia el asiento del copiloto un bulto- Esa niña preciosa, con esas coletitas, ese cuerpecillo… ¿No es como un peluche?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Andrés vio ante sí a “Yogui”, el muñeco de su hija vestido con unas braguitas de la pequeña. Aquello lo hundió del todo. Se derrumbó sobre el volante entre sollozos; impotente ante aquel extraño que le conocía en profundidad. Había tocado su punto sensible y lo sabía. Sentado sobre el asiento trasero del coche escuché atentamente todo lo que Andrés me tenía que contar. Su información despejó todas mis inquietudes. Por fin sabía de qué iba todo aquello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Cuando hubo terminado de contarlo todo, Andrés sabía que su vida no valía nada. Se quedó como inerte, tendido en el salpicadero. Esperaba lo obvio; que como buen asesino abriera fuego sobre él. Sin embargo no me habían pagado por matar a aquel imbécil. Hasta cierto punto me daba hasta lástima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;-Dedíquese a proteger a su familia la próxima semana. No se entrometa. Aléjese de éste trabajo o le mataré junto con los suyos- mi voz fue fría como el hielo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;No le dí tiempo a responder: descargando un fuerte golpe sobre su nuca le dejé inconsciente sobre el volante. Tenía que darme prisa en informar a los interesados en mi servicio. La información que tenía era de una importancia crítica para el buen fin de ésta historia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111298341212256382?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111298341212256382/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111298341212256382' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111298341212256382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111298341212256382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-parte-vii-el-hombre.html' title='Mujeres Fatales (Parte VII: El hombre del saco)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111281505496446869</id><published>2005-04-06T12:14:00.000-07:00</published><updated>2005-04-06T12:17:34.973-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Falales (Parte VI: Extraño crimen pasional)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/crimen.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Roberto había sido asesinado; de eso no cabía duda. Ya sabía por qué mi objetivo no había acudido a su cita conmigo. Sin embargo esa duda que acababa de despejar no resolvía todo el galimatías que tenía en la cabeza. ¿Me la estaban jugando? Necesitaba respuestas y sabía donde encontrarlas. Sólo tenía que tirar de los hilos necesarios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Para empezar regresé a la calle donde minutos antes acechaba a mi víctima. Allí seguía aquel sujeto, dentro de su tartana, con la vista clavada en el portal bajo su vigilancia. Me acerqué sigilosamente a unos escasos metros del auto y anoté el número de matrícula y el modelo del vehículo. Con eso sería suficiente… de momento. Ya tenía un rastro que seguir. La muerte de Roberto tenía que haber sucedido hacía menos de cuatro horas; cuando su querida Silvia le dejó en casa antes de ir a trabajar. La policía no es tan rápida en sus investigaciones como para poner a alguien a vigilar a sus personas cercanas en tan poco tiempo. Además: aquel tipo no era policía eso estaba claro. Me deslicé oculto en la oscuridad fuera de la calle y me encaminé al escenario del único crimen de la noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cuando llegué a la altura del apartamento de Roberto la policía aún seguía allí. El juez de guardia aún no había llegado para autorizar el levantamiento del cadáver. En la entrada del portal había una ambulancia en la que seguramente habrían intentado reanimar al pobre desgraciado. Lo sabía porque había varios periodistas gráficos del periódico del fallecido intentando conseguir una instantánea del cadáver que yacía en su interior. Sólo consiguieron una instantánea de sus pies desnudos y ensangrentados. Toda la acera estaba llena de vecinos y curiosos. No me fue difícil confundirme entre la multitud.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Allí pude enterarme de los pormenores del asunto. Uno de los transeúntes hablaba con el padre de un testigo de todo lo sucedido. Al parecer su hijo estaba en casa, testificando ante la policía. Habían detenido a una joven en la escena del crimen: aquella chica que merodeaba al pobre chico muerto. Le había acosado hasta la muerte. El hombre contaba todo con pelos y señales. Al parecer, su vástago oyó un terrible grito al salir del ascensor. Corrió un piso más arriba y se encontró a la joven con la mirada perdida y un cuchillo a sus pies. El muchacho yacía en un charco de sangre. Según le habían contado, la chica estaba como en estado catatónico. Fue incapaz de articular palabra: estuvo como paralizada durante todo el tiempo. Cuando la policía la esposó ni siquiera reaccionó. Se la tuvieron que llevar en volandas, pues era incapaz de caminar por sí misma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La historia parecía tener sentido. Sonia había sido muy insistente. Desde el principio me molestó mucho su obsesión con Roberto, su fijación pueril, su desequilibrado carácter tras la traumática ruptura. Días más tarde pude tener acceso a la autopsia tras pagar un buen dinero de soborno a un buen funcionario del hospital donde ingresaron el cadáver del joven periodista. Todo parecía cuadrar; la fuerza de las puñaladas, el orificio de entrada de la hoja, su dirección: coincidían con el perfil de la principal sospechosa. El fallecido había sido incapaz de reaccionar. Estaba claro que era más fuerte y corpulento que su agresora; una mujer joven y diestra de una altura entorno al metro sesenta y nueve centímetros de altura. Sin embargo, como sicario sé bien que la fuerza física es una variable de poca importancia a la hora de matar a alguien. La primera puñalada fue a traición, en las distancias cortas. Una herida en el abdomen. Un par de días después tuve acceso al informe policial. Había huellas de Sonia por toda la casa y en el cadáver. En la casa sólo habían encontrado rastro de tres personas: el fallecido, Roberto Eguia; su compañera sentimental, Silvia Ramos y la presunta asesina; Sonia González. Como siempre, la policía no se había matado a investigar. El móvil pasional, las huellas, el arma con las huellas de la sospechosa, la declaración de los testigos que señalaban la obsesión de la chica con su víctima… todo señalaba en la misma dirección. Hasta la prensa se hizo un enorme eco del suceso, dado que tanto Sonia como Roberto eran por un lado una bailarina famosa, y por otro un miembro del gremio periodístico de creciente fama. El sensacionalismo encontraba un nuevo filón de carnaza podrida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo mi intuición de asesino a sueldo me decía que allí fallaba algo. El ejercicio de mi profesión me convierte en un gran conocedor de su práctica, y allí habían muchos cabos sueltos. Además…¿Qué sentido tenía contratar a un sicario de mi caché para cometer un crimen tan burdo? ¿Por qué Sonia estaba como desquiciada tras cometer un asesinato amateur como aquel? Si tan fuerte era el impulso que le había llevado a matar a su antiguo amante por despecho, lo normal es que se sintiera liberada. Por el contrario estaba ausente, en un estado de shock permanente. El juzgado se vio empujado a sacarla de prisión e ingresarla en un sanatorio penitenciario donde recibiera asistencia psicológica. Tomarla declaración fue tarea imposible: su mente estaba a miles de kilómetros de distancia; buscando el alma de su querido Roberto en el más allá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Algo me decía que Sonia González era inocente del crimen que se le acusaba. Alguien la estaba usando de “pavo” del mismo modo en que yo pensaba utilizar a David Jiménez en el asesinato frustrado de Silvia Ramos. Ahora lo que me importaba era saber quién estaba interesado en que tal cosa pasara; ¿Quién había eliminado a la persona que llevaba a mi cliente a la cárcel y por qué lo había hecho?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En mi mano tenía un papel con un nombre que me ayudaría a dar con la solución de todo aquel lío. Desconocía si mi posición de sicario peligraba, y necesitaba obtener respuestas sobre mi propia seguridad personal antes de continuar trabajando en el asunto de la bailarina homicida. El nombre era Andrés Padilla: un militar retirado que se dedicaba a labores de seguridad e investigación privada. El mismo tipo que fumaba en el coche aquella noche en que acechaba a mi víctima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111281505496446869?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111281505496446869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111281505496446869' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111281505496446869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111281505496446869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-falales-parte-vi-extrao-crimen.html' title='Mujeres Falales (Parte VI: Extraño crimen pasional)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111273337954686636</id><published>2005-04-05T13:34:00.000-07:00</published><updated>2005-04-05T13:36:19.556-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte V: Mensajes en el busca)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/beeper.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La calle estaba desierta. Ya había anochecido y yo esperaba agazapado a que Silvia acudiera a su cita con la muerte. Había meditado cada uno de los movimientos a realizar antes de darle el golpe fatal. Lo primero era derribarla al suelo contando con el efecto sorpresa; luego debía dejarla inconsciente en el menor tiempo posible para evitar que sus gritos alertasen a cualquier vecino desvelado. Aquel día le tocaba cerrar el bar y sabía que volvería tarde. No habría testigos de cómo la golpeaba hasta arrebatarle su último aliento. Podría rasgarle la ropa con tranquilidad, hacerle cortes y rasguños mientras estuviera inconsciente, y por último aplastar su cabeza contra el asfalto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;A esa hora, David Jiménez dormía borracho en su casa, después de que un tipo al que conoció en el autobús que le trajo de la prisión hasta la ciudad le invitara durante toda la tarde a copas para celebrar la recién adquirida libertad de ambos. Nunca había visto a aquel individuo tras las rejas, pero eso no era extraño dado que no compartían módulo carcelario. Aceptó de buen grado la bebida y agradeció que aquel individuo le dejara en la soledad de su casa para dormir la mona. Poco sospechaba que ese buen hombre le acababa de sustraer una pulsera de plata que lucía desde los veinte años; la misma que al día siguiente aparecería entre los dedos de una mujer asesinada por un violento violador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Silvia se retrasaba. Aquello no era normal. Escondido en un oscuro soportal al que no iluminaba ninguna farola, yo templaba mis nervios mientras repasaba cada uno de los pasos a dar. Había planeado todo al detalle. Estaba concentrado en la tarea, con la mirada fija en la calle por la que mi víctima tendría que caminar hasta su casa. De pronto una vibración en mis pantalones me sobresaltó. Era el busca. Por aquel entonces, los teléfonos móviles eran unos artilugios demasiado caros y aparatosos como para pasar desapercibido con uno de ellos. Me daba cuenta de que en mi contestador de contacto alguien había dejado un mensaje. Aquello era muy inoportuno; me había hecho desviar durante unos instantes la atención a lo que me ocupaba. Era un momento crítico para éste tipo de cosas. Volví a escudriñar la calle: todo seguía igual de calmado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;¿Dónde se habría metido la condenada camarera? Nunca era tan impuntual en sus rutinas. No daba fe a que en las tres semanas en que me había centrado en preparar a mi “pavo” hubiera cambiado tanto de costumbres. Los horarios del bar y los turnos de salida seguían siendo los mismos; me había cerciorado de ello la víspera. Quizás fue un error el haber dejado de vigilar tan estrechamente a mi presa durante los días precedentes al golpe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Algo captó de pronto mi atención. Fue como una punzada en la nuca que me recorrió todo el cuerpo: no estaba sólo en mi espera. Al final de la calle alguien estaba fumando un pitillo dentro de un coche. No había pasado un auto desde hacía más de media hora, y las aceras hacía tiempo que estaban desiertas del trasiego de vecinos que bajan a basar la basura a los contenedores de desperdicios. Quien fuera que estuviera dentro del coche llevaba allí un buen rato; tanto que debía aburrirse. La luz de la llama avivada con cada calada delataba al observador. No parecía haber reparado en mi presencia en el soportal; y su propia presencia resultaba excesivamente sospechosa. ¿A qué o a quién esperaba? ¿Alguien había reparado en mi labor? ¿Era un policía que por casualidad vigilaba a alguien en la misma calle? ¿Estaba sólo en aquél coche?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Me deslicé entre la oscuridad para tener una mejor visión del sujeto. Al parecer estaba sólo en el vehículo. Lo revisé de arriba abajo: sea quien fuera podía ser un testigo del crimen. Aquello no era de recibo. Poco a poco fue desgranando un breve exámen preliminar. No podía ser de la policía: estaba claramente sólo en la vigilancia, sin ningún tipo de cobertura. Además, su coche era una chatarra, no aguantaría una carrera en el caso de tener que perseguir a algún delincuente. Sin embargo era obvio que estaba vigilando la calle. Más aún, estaba situado para observar el portal de mi víctima. ¿Podría tratarse de otro sicario? Era poco probable: cobro demasiado como para que alguien se preocupe de contratar a otro individuo con tan poca diligencia como para encender un pitillo en mitad de una vigilancia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Una nueva vibración de mi busca volvió a sobresaltarme. Aquello era muy extraño; el número de contacto nunca tiene esa frecuencia de llamadas; alguien quería ponerse en contacto conmigo. Alguien estaba vigilando el escenario del crimen. Alguien estaba arruinando mis planes. Silvia no acababa de llegar, rompiendo su rutina de un modo extremadamente raro. Mi olfato y la lógica me ordenaron desistir de cometer el crimen aquella noche. Me retiré silenciosamente de mi escondite y salí de la calle sin que el individuo del auto reparara en mi presencia. Tenía muchas preguntas en mi cabeza y alguien tenía que responderlas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Al llegar a una cabina lo suficientemente alejada del lugar marqué el número que tan insistentemente había estado intentando ponerse en contacto conmigo a través del contestador. Era del hermano de mi cliente; el mismo que había puesto a Sonia al corriente de mis servicios. En su voz se confundía una mezcla de miedo y enfado. Su mensaje me dejó totalmente descolocado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-“¿Has sido tu?”- parecía nervioso y confundido- “Dime que no has sido tú, cabronazo.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;- “No entiendo.”- mi voz volvía con eco a través del auricular; el volumen de su teléfono era elevado ¿Me estaría escuchando alguien más?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;-“Roberto está muerto. La policía ha detenido a Sonia. Llevaba dos días en la ciudad”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La cosa se ponía extremadamente peligrosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111273337954686636?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111273337954686636/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111273337954686636' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111273337954686636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111273337954686636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-parte-v-mensajes-en-el.html' title='Mujeres Fatales (Parte V: Mensajes en el busca)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111264327532861732</id><published>2005-04-04T12:30:00.000-07:00</published><updated>2005-04-05T13:39:25.336-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte IV: Discreta coquetería)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/escote.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Observé a Silvia Ramos con mucha atención. Era una mujer muy hermosa, de largos cabellos morenos y curvas pronunciadas. Extremadamente introvertida, de trato frío y mirada aún más gélida. Su vida no era nada del otro mundo; era una vulgar camarera que vivía en un apartamento de alquiler. Nada hacía pensar que aquel no fuera un encargo sencillo si no fuera por las intromisiones en que había incurrido Sonia al principio de mi trabajo. Ahora, libre de su presencia, tenía tiempo de sobra para elaborar un buen plan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Conseguí instalarme en una casa justo enfrente del piso donde vivía mi objetivo. Desde allí podría observarla con tranquilidad. Se levantaba temprano para acudir a servir desayunos en el bar donde trabajaba; después de las once de la mañana tenía unas horas libres que aprovechaba para hacer unas compras o hacer las tareas del hogar. Al mediodía acudía a su cita con los clientes que acudían a comer; pasadas las cuatro y media de la tarde regresaba a casa y echaba una cabezadita; luego quedaba sobre las siete de la tarde con su querido Roberto, paseaban cogidos de la mano, comían helado, charlaban en la terraza de un café, se besaban en el parque, o hacían el amor en casa de alguno de ellos… un precioso par de tortolitos. A las ocho Silvia volvía al trabajo y se quedaba bien hasta las diez y media, cuando se marchaba a casa; o bien hasta el cierre, según unos turnos establecidos con anterioridad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Recuerdo su rutina a la perfección. En un mes dejé de observarla estrechamente para centrarme en mi pavo. David saldría pronto a la calle y tenía que tejer una larga madeja de hilos que conectaran la futura muerte de mi objetivo con su primera salida de prisión. Éste fue el primer error que cometí; subestimé a mi presa. Sabía que era una persona fría, silenciosa y de rostro hermoso. Di por buena su vida monótona y humilde, no entré a analizar una serie de datos que llegaron a llamar mi atención pero que no quise o supe relacionar a tiempo: pequeños detalles que no cuadraban con el retrato de joven insegura y tímida que me habían pintado. El diablo se esconde en los detalles. Le gusta jugar con ellos, mostrándonos fugaces chispazos de luz que enseguida se apagan ante nuestros ojos; dejándonos de nuevo en tinieblas cuando empezábamos a enfocar una imagen en nuestra pupila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Para ser una mujer tímida e introvertida, Silvia hacía una serie de cosas poco convencionales en éste tipo de gente. Gustaba de calzar zapatos de tacón; de modo que sus pasos resonaran en su camino: haciendo girar a los hombres a su paso. Los encandilaba con su belleza natural; se sabía hermosa y le divertía exhibirse ante aquellos transeúntes hipnotizados por el suave movimiento de sus caderas. A esto debemos sumar que acostumbraba a realizar una serie de toques de coquetería sibilinos para el observador perezoso. Cuando no lucía un escote generoso, utilizaba una ropa interior que realzaba su pecho; ya de por sí delicioso; o bien vestía con prendas ceñidas en exceso a su cuerpo. No quiero decir con ello que las personas tímidas no sean o puedan ser atractivas, o que no gusten parecer hermosas; pero por lo general no buscan ser el objeto de atención cotidianamente. Había algo que no casaba. Sin embargo no le dí mayor importancia. Eso fue un grave error.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Yo por entonces ya estaba enfrascado en cocinar a mi “pavo”. Soborné a un funcionario judicial para saber cuándo sería la vista para el primer permiso de mi hombre. Tuve acceso a los informes psicológicos de David; estudié en profundidad los archivos policiales que relataban sus anteriores asaltos contra mujeres. Era un individuo realmente despreciable: un sádico en toda regla. No quiero darles datos demasiado escabrosos, pero los informes forenses de los médicos que atendieron a sus víctimas eran como un relato de terror. Las fotos de su obra eran aún peores. Jamás pensé que se podrían hacer cosas como las que allí ví al sexo de una mujer. Las otras partes del cuerpo tampoco se libraban de su saña; a una de sus víctimas casi le seccionó un pezón con los dientes. Imitar su grado de violencia en mi crimen contra Silvia iba a ser complicado. Asumiendo lo desagradable de las heridas que debía provocar antes de matarla, lo que más me preocupaba es que el proceder de mi pavo era excesivamente carnal: su contacto físico era brutal. Los arañazos, los mordiscos, la saliva con que embadurnaba a las agredidas al lamer su cuerpo ensangrentado, el forcejeo, los golpes, los desgarros, la penetración… algo demasiado a quemarropa como para no dejar rastros de ADN, fibras, huellas... No tenía intención de violar a Silvia Ramos: soy un sicario, no un agresor sexual. Mi idea era dar la imagen de una violación no consumada; una víctima que intenta escapar en los preliminares de un asalto muy violento; un agresor que la persigue en su huída, la da alcance, la intenta retener y la mata a golpes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Trabajé concienzudamente para llevar a cabo aquel encargo a la vez que mantenía ocupado a mi pavo. Debía buscarle un entretenimiento que lo alejase de los ojos del mundo durante el tiempo que durara la acción; privándole de toda coartada ante la policía. Le sería muy difícil explicar por qué una mujer de los alrededores de su vivienda había muerto en una situación tan familiar para él; máxime cuando no podría explicar con quién había estado en el momento del crímen. A la vez estudié en profundidad el modo de asaltar a Silvia. Debía evitar en todo momento que su resistencia me delatara: un arañazo, una dentellada desesperada que me hiciera sangrar podrían poner en riesgo mi posición.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Por fin llegó el día del crimen. Silvia jamás sospecharía que su discreta coquetería, su caminar seductor con tacones y su escote eran un perfecto móvil para la actuación de un falso violador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111264327532861732?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111264327532861732/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111264327532861732' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111264327532861732'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111264327532861732'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-parte-iv-discreta.html' title='Mujeres Fatales (Parte IV: Discreta coquetería)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111253871067638156</id><published>2005-04-03T07:12:00.000-07:00</published><updated>2005-04-03T07:36:11.263-07:00</updated><title type='text'>Un receso.</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/pareja.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Hago un pequeño paréntesis para dedicar un post entero a la pregunta de mi buen amigo Jorge, quien desde su rojo sillón me confiesa un par de mensajes más abajo que le gustan las historias de enamorados. Sé que no es habitual en mis memorias que les cuente asuntos que se salgan del hilo conductor del relato que me ocupa en el momento; en éste caso el lío en que me metí con el trabajo de las mujeres fatales. Sin embargo no me resisto a responder desde aquí a la pregunta que me hace ¿Es posible el amor?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Una pregunta difícil para un sicario en medio de un encargo. Dentro de dos semanas mi siguiente víctima estará muerta y yo de vuelta a casa, preparando unas vacaciones. Sin embargo debo confesarte que en éstos momentos, camuflado entre el mundo “normal” que me rodea, soy uno más. Como tal tengo una vida gris, pero también en las vidas grises nace la chispa de la pasión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Vigilar a alguien en una discoteca, de noche, entre la multitud que baila enfervorecida por el ritmo de la música y el alcohol, mientras acechas a tu objetivo, no te hace invisible para el resto del mundo. Es por eso que ella me vio. Se llama Patricia y me preguntó que hacía un tipo como yo, sólo, con una copa en mi mano, en aquel establecimiento. Llevaba un rato observándome beber ajeno a la música, silencioso, ausente. Eso había despertado su interés. Le parecía un poco viejo para aquel ambiente, pero a la vez notaba que se sentía atraída por aquel extraño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Para ella me llamo Esteban; y bebía solo porque mis antiguos compañeros de promoción me habían dado plantón a la cita en aquel oscuro templo de la música electrónica y las drogas de diseño. No hablamos demasiado; aún paladeo el gusto de sus labios en mi boca, el tacto de su cuerpo contra el mío al compás hipnótico de la música. Tiene 34 años, cabellos morenos y ojos marrones. Es de mediana estatura y de movimientos felinos: obviamente ignora quién soy. A pesar de ello su teléfono está guardado en mi agenda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;No es amor, porque no es posible. Sólo deseo. El sicario está condenado a mentir mientras siga siendo lo que és: y no hay amor con mentira. Sólo hay atracción física, manos acariciando las mejillas cuando las miradas se cruzan antes de cerrar los ojos y beber de los labios del otro. Fundiéndote en su boca. Buscando la dosis de afecto de la que me veo privado cuando estoy en acción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;El amor es posible, Jorge, pero sólo lo alcanzaré cuando camine libre, de la mano de quien decida compartirlo conmigo; el día en que mate al sicario. Ése día en que deje atrás mi pasado y me pierda en el horizonte en la compañía de quien acepte al nuevo Antonio, y le ame.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111253871067638156?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111253871067638156/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111253871067638156' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111253871067638156'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111253871067638156'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/un-receso.html' title='Un receso.'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111253673722036115</id><published>2005-04-03T06:53:00.000-07:00</published><updated>2005-04-03T06:58:57.226-07:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte III: Intromisiones en el café)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/cafe.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Quien limpia pozos sépticos acaba su jornada laboral oliendo mal. Es algo irrefutable. No es posible hundir los brazos en la mierda sin acabar impregnándote de su hedor, contagiándote de su insufrible pestilencia. La pregunta es por cuánto dinero estás dispuesto a arriesgarte a ser devorado por la montaña de basura que debes remover. Algo así fue el encargo de Sonia González para acabar con la vida de Silvia Ramos. Desde el principio vi en el proceder de Sonia una personalidad poco equilibrada: su historia era pueril y el encargo patético. Sin embargo un sicario no está para evaluar cuestiones de forma, ni para hacer de psicólogo de sus clientes: nuestro cometido es dar muerte a quien se nos ordena y cobrar el dinero prometido. A partir de ahí, los problemas de conciencia, el sufrimiento mental de quienes nos han pagado debe ser tratado por confesores, enfermeros, pastillas antidepresivas y otro tipo de remedios al uso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Desde el principio Sonia resultó ser una cliente problemática. La primera premisa que pone un sicario para poder actuar con eficiencia es que le dejen trabajar. El contratante, la persona que desea que nuestras víctimas sean eliminadas, debe mantenerse lo más al margen posible. Es algo que ponemos como una condición de partida para poder actuar con la profesionalidad que se nos exige. Los contactos con el futuro cadáver deben limitarse el mínimo para que nadie relacione la muerte con quien ha pagado por ella. La idea es que no se rompa ninguna rutina habitual que pueda hacer sospechar algo que algo raro se está tejiendo alrededor del objetivo, pero a la vez, mantener las distancias mínimas precisas para que la policía no le relacione con el crimen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sonia incumplía esta premisa desde el principio. Su obsesión con Roberto y Silvia era enfermiza. Les acosaba de una manera realmente desagradable. Llamé su atención sobre ello en un par de ocasiones a su hermano. Quería limitar al mínimo mis conversaciones con la propia Sonia. Su primera conversación al teléfono ya me dejó bien a las claras que era una mujer con alma de niña mimada. Mis mensajes de advertencia para que se cumpliera la disciplina de las distancias no surtieron efecto hasta pasado un mes desde mi contratación. Fue frustrante perder ese tiempo valioso viendo cómo la rutina habitual de mi futura víctima era constantemente interrumpida por la intromisión de Sonia. A pesar de que en mi profesión es importante la paciencia, durante esos treinta días la joven bailarina puso a prueba mi aguante en las vigilancias al domicilio y trabajo de mi objetivo. Acudía a media noche y llamaba al portero automático de su antigua amiga para salir corriendo una vez la hacía levantar de la cama, frecuentaba constantemente el bar donde trabajaba Silvia, y se tiraba horas enteras callada, removiendo su café, con la mirada clavada en la nuca de su rival. Sus ojos inyectados en odio, el gesto enfurecido y su silencio eran desquiciantes para mi víctima. No podía expulsarla del local, ni negarse a servirla: a fin de cuentas Sonia sólo tomaba una consumición en silencio en un local que frecuentaba desde hacía años; cuando todos eran un alegre grupo de estudiantes. Sin embargo se veía que la joven camarera sufría un intenso tormento con aquellas visitas: su agotamiento mental tras las sesiones de vigilancia estrecha por parte de la que había sido su amiga la dejaban extenuada e irascible. No podía trabajar en aquellas condiciones. Si mataba a Silvia enseguida todo el mundo señalaría a mi cliente como la principal sospechosa, además necesitaba que mi objetivo se relajara, bajara la guardia y entrase en una rutina monótona donde poder darle muerte de un modo plausible. En aquella situación de tensión permanente, Silvia se mantenía constantemente alerta; temerosa de que en cualquier momento le asaltara una Sonia cegada por la ira que cultivaba durante las horas de silencio y odio visceral que le brindaba en el trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, pasado el mes, su hermano consiguió que mi cliente entrara en razón. El problema que tenía estaba en manos de una persona de confianza que cobraba un buen sueldo por el encargo: había que dejarle trabajar. Si mantenía aquella actitud sólo conseguiría alargarlo todo, aumentando el tiempo de su sufrimiento. Tenía que volver a centrarse en su trabajo para que la gente la tomara en serio; alejarse por una temporada. La tregua de Sonia, embarcada ahora en una gira de su grupo de danza fue el comienzo de la tranquilidad de Silvia. Por fin podía respirar tranquila en el trabajo, verse con normalidad con Roberto y descansar sin sobresaltos en la noche. A su vez, yo podría poder hacer mi labor sin interferencias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Al ser una persona de rutinas estables y sin grandes sorpresas en su vida, Silvia era un objetivo engañosamente fácil. Entraba en constantes rutinas de riesgo, volvía sola a casa por calles poco frecuentadas una vez se había puesto el sol. Era la víctima ideal de un violador a quien se le fuera la mano en su asalto. Alguien capaz de salirle al paso en la oscuridad, arrancarle parte de la ropa y machacarle el cráneo con algún objeto contundente de modo que su ensañamiento le produjera la muerte. Una acción de unos pocos segundos, limpia y eficiente. El momento ideal: cuando después de cambiarse en su casa tras el trabajo acudía andando hacia el domicilio de Roberto, unas calles más abajo. Ahora sólo necesitaba un “pavo”; alguien que pudiera cometer semejante atropello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La persona ideal se llamaba David Jiménez: un convicto por asalto sexual que vivía en una casa de los alrededores. La única pega que tenía es que en esos momentos se encontraba en prisión tras pasar cinco años a la sombra por dos violaciones consumadas y un asalto extremadamente violento en que su víctima consiguió zafarse malherida y poner a la policía sobre aviso. Por suerte, nuestro hombre contaba con un buen equipo de abogados costeado por un pariente adinerado: en un par de meses saldría de permiso penitenciario y yo podría elaborar un modo en que David fuera incriminado por un nuevo delito. Ni todo el dinero del mundo podría evitar a aquel criminal pasar el tiempo que merecía entre rejas. Si les interesa un detalle anecdótico e irónico les diré que la madre de Roberto trabajaba en la oficina de picapleitos que iban a sacar a mi pavo a la calle ¿Acaso el mundo no es un pañuelo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111253673722036115?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111253673722036115/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111253673722036115' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111253673722036115'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111253673722036115'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-parte-iii.html' title='Mujeres Fatales (Parte III: Intromisiones en el café)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111236957914358542</id><published>2005-04-01T07:28:00.000-08:00</published><updated>2005-04-01T07:32:59.150-08:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte II: Compromiso roto)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/compromiso.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El detonante de todo éste asunto se llamaba Roberto Eguia; un joven tímido y risueño que vivía en el mismo barrio. Desde los dieciséis años, Roberto había sido el amor platónico de Sonia. Era un chico bien parecido, si bien no era la octava maravilla; ni siquiera un Casanova del estilo del difunto “As de corazones”. A pesar de todo, el muchacho tenía su encanto, y Sonia no tardó en prendarse de él. Roberto era de una familia de clase media, huérfano de padre y con dos hermanas. Había tenido que asumir su papel de “hombre de la casa” de forma prematura: su madre trabajaba de abogado y él se tuvo que ocupar de sus dos hermanas menores como si de su padre se tratara. A pesar de todo, el chico era una persona poco dotada para el mando; dubitativo e inmaduro. Le costaba mucho expresar sus sentimientos y manifestar autoridad: sin embargo tenía un carácter dulce y amable con todos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Para Sonia, Roberto era más que un amorío de juventud: era su primer y único amor. La personalidad jovial y extrovertida de mi cliente no tardó en apabullar al chico: ella se autoproclamó como su pareja, lo invitaba a visitar su casa constantemente, le hacía regalos, cuidaba con él de sus dos hermanas y las enseñaba a bailar. Roberto aceptó al principio de buen grado la alegría desbordante de Sonia: no estaba enamorado de ella, ni le interesaba su dinero, pero como ya he comentado con anterioridad; en la vida cuesta mucho decir “no”. Nuestro muchacho no veía motivos para desilusionar a Sonia, y dado que era un tipo solitario, admitió de buen grado la insistencia de mi cliente en su relación: Sonia era para él una buena amiga… pero nada más. Su cabeza estaba puesta en otra persona: una chica morena e introvertida a quien Sonia conocía bien: Silvia Ramos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sonia entendía que Roberto y Silvia eran para ella las dos personas más importantes de su vida después de su familia. No necesitaba más amigos, ni novios, ni confidentes, ni compañeros que aquella pareja de tímidos adolescentes. Durante años fueron juntos de vacaciones, salieron de marcha, estudiaron juntos y reían, soñaban y compartían sus inquietudes como una piña. Poco sospechaba Sonia que entre su mejor amiga y su pretendida media naranja existían algo más que sentimientos de amistad. El carácter tímido de Roberto le impedía expresar abiertamente que a quien realmente quería era a Silvia; y ésta por su parte, no deseaba desairar a Sonia, su amiga del alma; además de miembro de la familia para la que trabajaba su padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Silvia también estaba prendada de Roberto. En el fondo eran almas gemelas, estaban hechos el uno para el otro. Cuando Sonia se ausentaba para sus clases de baile, los dos amantes se veían y trataban a espaldas de mi cliente sin llegar a declarar abiertamente sus sentimientos. Era como un triángulo amoroso de gente inmadura: realmente tuve que disimular la mezcla de risa y displicencia que me provocó la narración telefónica de Sonia mezclada con suspiros y llantos. Me parecía que para tener la edad que tenía era una niña grande con problemas y traumas que todo el mundo ha superado más o menos a sus quince años. En el fondo no estaba equivocado del todo, pero de eso ya hablaremos más adelante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El caso es que éste triángulo duró casi nueve años. Roberto era ahora un fotógrafo periodístico que empezaba a despuntar tras acabar sus estudios; Silvia se había emancipado y trabajaba como camarera del bar que siempre frecuentaban los tres amigos, mientras que a Sonia se la rifaban los carteles de los teatros de media Europa para ver su espectáculo de danza. La vida de Sonia estaba a punto de dar un vuelco de 180 grados. Todo ocurrió cuando por su cabeza empezó a rondar la palabra “matrimonio”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Empezó a insistir a Roberto con la idea. Llevaban nueve años saliendo juntos, besándose, acostándose furtivamente en casa de ella cuando aún eran adolescentes inexpertos, y abiertamente cuando eran ya jóvenes mayores de edad. Era una larga relación que tenía que formalizarse. Sin embargo nuestro hombre por fin había madurado; y tras un gigantesco esfuerzo, se armó de valor confesó la verdad a Sonia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Llevaba años engañándola con su mejor amiga, viéndose con ella de forma clandestina en un principio y acostándose después cuando ella salía de gira en la escuela de danza. No había podido resistirse a aquel encanto innato de Silvia, estaba obsesionado con el aroma de su cuerpo, con el sonido de su voz, con sus gestos y su mirada fría que escondían un ardiente deseo en su interior. Había aprendido a leer entre líneas a aquella joven camarera, y no podía continuar engañando a Sonia. Para él no era más que una amiga. Aquellas palabras rompieron el corazón de mi cliente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Roberto entendió que no podía seguir viendo a Sonia: había oficializado su opción por Silvia y el contacto con la joven estrella de la danza sólo acabaría por causar más daño a ambos. Desde ese día evitó al máximo el contacto con ella, no respondía al teléfono, ni a las cartas ni los e-mail. Sonia no se dio por vencida: estaba convencida de que aquellos nueve años no podían haber sido un espejismo. Su insistencia acabó por desagradar a Roberto: un día lo esperó en su portal durante horas, bajo la lluvia, y lo siguió durante todo el trayecto al trabajo implorándole que recapacitara, explicándole que le perdonaba aquellos años de engaño, que le amaba; le mostró incluso un anillo de compromiso en su mano para que viera hasta qué punto era incondicional su amor… La voz de Sonia se quebraba entre sollozos al teléfono cuando me narraba ésta patética humillación persiguiendo a su amado. Yo escuchaba con cínica comprensión, recabando datos de la historia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La irritación de Roberto iba en aumento, hasta que finalmente explotó. Exigió a Sonia que dejara de acosarlo, de perseguirlo, de atormentarlo. Ella se quedó llorando a la puerta de su casa, delante de todos los vecinos curiosos que observaban la escena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Aquella tarde a última hora acudió al trabajo de su nueva rival y antigua amiga. Silvia se mostró más fría que nunca. La situación era realmente incómoda. Mi cliente pidió un café y lo estuvo removiendo hasta que se quedaron solas en el bar. Finalmente se rompió el hielo. Sonia le culpaba de todo el infierno que estaba pasando. No era justo que ella, quien se había volcado con Roberto desde el principio fuera ahora marginada de aquella manera. Las dos personas que tanto había querido ahora le daban la espalda; paseando juntas en público, cenando en los restaurantes donde sus hermanos celebraban encuentros de negocios: humillándola delante de su familia y sus conocidos. Silvia aguantó estoicamente toda la cascada de reproches de Sonia, con su mirada helada clavada en sus ojos. Finalmente habló antes de salir de la barra y apagar las luces. Sólo fue una frase, pero terminó por hundir a Sonia: “Ya no podemos seguir siendo amigas… nunca más”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El mundo de Sonia se tornó en un pozo sin fondo del que nunca podría salir. En su mano lucía el anillo de compromiso que había comprado y que ahora le recordaba continuamente que vivía una pesadilla. Se volvió sombría e irritable. Sus padres y hermanos comprendieron que su hija estaba sufriendo un tormento que no se merecía por ser tan buena hija y hermana. Sonia culpaba de todo a Silvia, exculpando de todos los males a Roberto. Para ella, sin aquella traidora, ahora viviría una vida feliz junto a su amado. Uno de sus hermanos decidió ayudarla a reponerse de aquel golpe. Uno de sus socios se había librado de un competidor muy molesto en los negocios gracias a un tipo muy especial… ¿Lo adivinan?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La jugosa suma que me ofreció Sonia, aquella mujer fatal que había sido tan ruinmente engañada no me dio pie a formular dudas sobre el encargo. Antonio García entraba en acción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111236957914358542?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111236957914358542/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111236957914358542' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111236957914358542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111236957914358542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/04/mujeres-fatales-parte-ii-compromiso.html' title='Mujeres Fatales (Parte II: Compromiso roto)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111230070690191800</id><published>2005-03-31T12:22:00.000-08:00</published><updated>2005-03-31T12:25:06.913-08:00</updated><title type='text'>Mujeres Fatales (Parte I: Dinero Seductor)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/euro2.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En la vida hay que aprender a decir “no”. A la gente le cuesta mucho expresar ésta palabra monosílaba capaz de ahorrarnos muchos quebraderos de cabeza. Cuando un mendigo nos pide dinero, cuando un comercial acude a nosotros a vendernos su producto, cuando le piden que haga horas extra en el trabajo… las personas tendemos a utilizar circunloquios que eviten la pronunciación directa de ésta palabra. Nos excusamos por no llevar la cartera encima, o por no tener dinero suelto para el mendigo; prometemos pensar profundamente en la oferta que ese vendedor nos hace aunque sabemos de antemano que nos importa bien poco lo que nos ofrece; inventamos excusas peregrinas para evitar causar un desaire a ese jefecillo que se cree que sus empleados trabajan por amor al arte. Todo con tal de evitar la cruda verdad abofeteando el rostro de éstas personas; la rotundidad y desnudez de nuestra determinación para negarnos a acceder a sus peticiones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, si a ésta tendencia natural le añadimos un factor extra como la recompensa económica, todos convendrán conmigo en que cuesta mucho más decir “no” si hay una jugosa suma de por medio. Suele decirse que todo el mundo tiene un precio; si alguien no obtiene de nosotros lo que desea es que no ha ofrecido el montante necesario. Las preguntas hipotéticas sobre si haríamos tal o cual cosa por dinero son sólo un modo de medir el nivel de hipocresía individual: les aseguro que cualquiera haría cosas terribles si la cantidad de líquido a engrosar su patrimonio es lo suficientemente jugosa. El dinero es el mayor tratante de esclavos de la modernidad: anula nuestras conciencias y nos empuja a actuar bajo la voluntad de otros sin reticencias ni escrúpulos. Muy poca gente es capaz de negarse a hacer algo por dinero; y debo confesar que hubo un tiempo en que yo pertenecía a éste tipo de personas. La diferencia es que yo no me he sometido nunca a humillaciones ni vejaciones por dinero; algo que está a la orden del día. Dentro de mi negocio es obligatorio aprender a moverte con autonomía. Sin embargo, al principio de mi carrera accedí a aceptar trabajos que hoy en día no haría; el dinero me sedujo y me ví obligado a reaccionar a tiempo para salir con vida de aquellos embrollos. Hoy en día soy una persona selectiva. No acepto cualquier trabajo; aunque la suma que me ofrezcan sea tan elevada que pudiera ahorrarme hacer los trabajos que me quedan hasta la jubilación. He aprendido a valorar mi integridad por encima del dinero, y eso me ha ayudado a permanecer ejerciendo el sicariato de manera digna y rentable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Puede que les suene contradictorio lo que les digo teniendo en cuenta que soy alguien que se dedica precisamente a quitar vidas a cambio de dinero. Sin embargo para mí el hecho de eliminar a alguien por una cantidad monetaria; si se mantiene dentro de mis parámetros éticos, no supone ningún trauma filosófico. Es un negocio como otro cualquiera, sólo que está muy mal visto. Lo que quiero decir con mis palabras es que a para mí el problema no es matar a mis víctimas, pues entiendo que es un modo como cualquier otro de ganarse la vida. Es el hecho de saber decir que no aceptamos un determinado trabajo lo que quiero que comprendan: no siempre acudir a un sicario con un determinado encargo implica que éste individuo se preste a colaborar. Debe mostrar un determinado perfil, además del monetario, para que alguien como yo esté dispuesto a hacerle el trabajo sucio. De lo contrario, las consecuencias de mi trabajo pueden resultar fatales para ambos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La historia que hoy nos ocupa comenzó precisamente por no seguir otro criterio laboral que no fuera el dinero. En mis comienzos como asesino a sueldo, el dinero era un medio de obtener placer rápido: una manera de exprimir mis años de juventud al límite, el procedimiento para degustar con intensidad lujosa de cada bocado de tiempo que vivía. Si usted pagaba la cantidad apropiada y no me pedía algo excesivamente ruin como acabar con la vida de un menor de edad; yo ejecutaba mi tarea sin contemplaciones. Era y sigo siendo un tipo metódico y reflexivo; confiaba en mi capacidad de trabajo como para no tener que preocuparme de otros asuntos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Fue así como empecé a trabajar en el encargo de Sonia González: una joven pudiente de una familia respetable. La suya era una historia de amor roto y celos: un melodrama de época. Particularmente no me importaban mucho sus motivaciones, pero siempre tengo la costumbre de ponerme en antecedentes antes de actuar. Fue de esa manera como conocí su historia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sonia era una chica jovial y extrovertida de 25 años: rubia, pelo corto, ojos verdes, y una sonrisa permanente en los labios. Su vida era de cuento, nacida en una cuna adinerada, criada en colegios caros, era una hija modélica. Sus padres habían gastado un dineral en cursos extraescolares donde Sonia pudiera tener acceso a ese tipo de parcelas reservadas el dinero de las personas absorbidas por el trabajo que tienen hijos: había estudiado danza y ballet desde los seis años. Siendo la menor de la familia, detrás de sus dos hermanos varones; sus padres no pusieron impedimento en que sus pasos se encaminaran hacia el baile profesional: tenía talento y sus otros hijos habían estudiado sólidas carreras universitarias como para hacerse cargo en el futuro del patrimonio familiar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Así Sonia realizaba sus sueños sin toparse con mayores problemas. Trabajaba en lo que le gustaba, era una bailarina profesional de renombre, tenía un fuerte apoyo económico para costear sus caprichos, y sus progenitores la idolatraban como una hija modélica, alegre y cariñosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;A pesar de ser una chica tan jovial y abierta, Sonia se había visto privada del contacto de otras jóvenes de su edad; apenas tenía amigas debido a los continuos cambios de residencia de su padre cuando éste iba medrando en cargos de lo más variado del mundo de la elite empresarial. Apenas llegaba a un colegio donde hacía un grupo de amigas, su padre obtenía otro puesto en otro lugar y debía abandonarlo todo al curso siguiente. No fue hasta una edad casi pre-adolescente, cuando por fin la familia consiguió algo de estabilidad. Fue entonces cuando Sonia se hizo íntima amiga de la hija de una de los componentes del servicio de su casa: Silvia Ramos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Silvia tenía la misma edad que Sonia, y aunque ambas compartían casa, lo cierto es que vivían en mundos aparte. Una era la princesa y la otra cenicienta. Sin embargo eso no fue un obstáculo para que ambas se convirtieran en uña y carne. Eran compañeras de juegos, confidentes la una de la otra. Se complementaban a la perfección; todo lo que una no tenía, la otra lo derrochaba. Sonia extrovertida, Silvia introvertida; una alocada y la otra juiciosa, una ardiente y la otra fría, Sonia rubia y Silvia Morena, la primera millonaria, la segunda humilde. Sin embargo Silvia tenía algo que Sonia carecía: un mayor atractivo físico y personal. Mientras que la jovialidad de Sonia podía llegar a resultar cargante, la timidez enigmática de Silvia resultaba irresistible.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Como habrán deducido ésta fue la chispa para que ésta relación se viniera abajo. De nuevo Sonia y Silvia se iban a complementar; pero ésta vez iba a ser diferente: Sonia verdugo, Silvia víctima. La asignación de roles, como siempre, la marcó un buen montón de dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111230070690191800?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111230070690191800/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111230070690191800' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111230070690191800'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111230070690191800'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/mujeres-fatales-parte-i-dinero.html' title='Mujeres Fatales (Parte I: Dinero Seductor)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111221440989955596</id><published>2005-03-30T12:25:00.000-08:00</published><updated>2005-03-30T12:29:41.853-08:00</updated><title type='text'>Regreso desde el barro.</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/barro.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Por fin de vuelta a una buena cama, una buena habitación, una buena comida. La vida del sicario cuando acecha a su víctima implica aceptar privaciones, mancharse de fango el calzado si tu objetivo es aficionado a recorrer lodazales, dormir al raso si no tienes otro remedio. Una larga serie de penalidades que nos encargaremos de hacer pagar a quien nos contrata con su dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;En todo este tiempo, sin embargo, aprendes mucho sobre tu siguiente fiambre: sus modos de reaccionar ante determinadas situaciones, sus pequeñas manías, la manera de relacionarse con los demás y la forma de ver la vida que tiene quien está a punto de morir. Hasta cierto punto se puede decir que el sicario se convierte en un admirador secreto de su objetivo; alguien con quien convive sin saberlo, un confidente anónimo, un ángel de la muerte que mira por encima del hombro de su ángel de la guarda, calentándole la nuca con su respiración. Todo ello es una tarea agotadora, pero imprescindible. Obtendremos una información fundamental para estudiar el modo de dar una muerte apropiada al sujeto en cuestión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;En los momentos de descanso me he dedicado a ojear un par de catálogos de viaje; buscando un buen lugar de descanso para cuando todo esto haya terminado. Aún no me he decidido si ir al sol de &lt;st1:personname productid="la Riviera Maya" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Riviera" st="on"&gt;la Riviera&lt;/st1:personname&gt; Maya&lt;/st1:personname&gt; mexicana o si bañarme en las aguas azul turquesa de Bora Bora. Lo que tengo absolutamente claro es que me voy a ir a un sitio soleado; lejos de la lluvia y el frío al que mi víctima me ha empujado en su escapada vacacional. Viendo al individuo que debo eliminar cuesta mucho imaginar que alguien de sus características sea tan aficionado al agroturismo, el senderismo y la montaña. Por su edad uno espera encontrarse con alguien más asentado y sedentario; sin embargo he tenido oportunidad de evaluar su capacidad física en el caso de que deba enfrentarme de modo inesperado a un encontronazo antes de darle muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Ahora mismo estoy de vuelta en la ciudad, con la ropa llena de barro girando en la lavadora, ojeras y barba de varios días. Al mirarme en el espejo me ha costado reconocerme a mí mismo. Creo que las canas que pueblan mi cabello se han multiplicado y tomado un tono más blanquecino que cuando salí, haciendo que mi cabeza aumente su tono grisáceo. Me veo envejecido. Debo de retirarme pronto, ya no estoy para éstos trotes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Por el momento, ésta tarde he tenido un respiro en mis seguimientos. La temperatura de la ciudad es apacible y ha invitado a la gente a salir a la calle durante ésta tarde de primavera. Camuflado entre matrimonios maduros que pasean cogidos de la mano, madres que caminan tirando del cochecito de sus bebés mientras miran escaparates de los comercios, grupos de adolescentes que ríen y hablan por sus teléfonos celulares, indigentes que tocan el violín con pasión frente a su funda con unas pocas monedas; Antonio García ha recibido el abrazo compasivo de la urbanidad. Sentado en una terraza justo enfrente de donde mi víctima se reengancha a su trabajo, he podido relajarme un poco y aclararme la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Creo que por fin conozco el modo de ejecutar a mi sujeto. Ahora debo empezar a hacer los preparativos. Va a ser un trabajo corto. No voy a darles muchos más detalles sobre mis intenciones. Creo que me conocen lo suficiente como para deducir que no voy a fallar; lo que me interesa ahora es que éste trabajo sea lo suficientemente anónimo como para que nadie pueda nunca acusarme del crimen que estoy a punto de cometer. Para ello me buscaré un “pavo” eventual; un imbécil que pueda cargar con mis culpas si se diera el caso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Por ahora, les saludo en mi reenganche a mis memorias. Espero que mi ausencia no les pareciera demasiado larga y tengan a bien seguir conociendo los diferentes aspectos de mi vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Para no aburrirles demasiado con mi situación actual en los siguientes capítulos de mis memorias repasaré algunos de mis peores trabajos; aquellos que pese a la adversidad me sirvieron para aprender de mis errores, corregir mis fallos y seguir vivo en éste negocio. Espero que disfruten con su relato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111221440989955596?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111221440989955596/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111221440989955596' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111221440989955596'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111221440989955596'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/regreso-desde-el-barro.html' title='Regreso desde el barro.'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111159284928644813</id><published>2005-03-23T07:36:00.000-08:00</published><updated>2005-03-23T07:47:29.310-08:00</updated><title type='text'>Un paréntesis forzoso</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/stop.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Un sicario no se va de vacaciones cuando está acechando a su víctima. Por desgracia, las víctimas no saben que tipos como yo andan vigilando sus pasos, y es por ello que sí se toman vacaciones en fechas como éstas. Para no desvelaros mucho sobre mi objetivo os diré que tiene planes de viaje fuera de la ciudad en éstos días; y yo habré de ir tras su rastro a una zona demasiado remota como para llevar conmigo el ordenador portátil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Es así que debo detener el relato de mis memorias una semana; hasta el miércoles que viene, que es cuando tiene previsto volver a la rutina. Quizás en mi casa echen de menos a Antonio García durante éstas festividades; aunque ya les tengo acostumbrados a tantas ausencias. Espero que ustedes no me tomen en cuenta que me aleje de aquí siete días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Con algo de suerte, tendré terminado mi trabajo para mediados del mes que viene. Entonces podré volver a mi vida ociosa, cogiendo las vacaciones que ahora pierdo, y alojándome en hoteles de calidad con buena conexión a la red podré seguir desgranando mis memorias en ésta página.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Saludos a todos los habituales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111159284928644813?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111159284928644813/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111159284928644813' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111159284928644813'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111159284928644813'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/un-parntesis-forzoso.html' title='Un paréntesis forzoso'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111159077477009962</id><published>2005-03-23T06:59:00.000-08:00</published><updated>2005-03-23T08:02:17.216-08:00</updated><title type='text'>Trabajo artesano</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/alfarero1.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;El oficio del sicario es algo totalmente artesanal. La muerte sobre determinados sujetos a cambio de dinero no se vende en serie a los consumidores privados. Sólo en las guerras se produce una mortandad violenta sistemática, pero en éstos casos el asesinato es gratuito, nadie va a pagar un céntimo por cada cadáver puesto fuera de circulación por el soldado. El servicio que proporciona el sicario es propio de un artesano perfeccionista; nadie va a recibir el mismo tipo de trato, cada muerte será única. Como sicarios evitamos repetir nuestros patrones de conducta a la hora de matar a alguien. Variando nuestro modo de operar es como conseguiremos que nadie repare en nuestra presencia. Esto es muy práctico, pues nos permite alterar nuestro proceder de modo que lo podamos amoldar al estilo con que actúan nuestros chivos expiatorios con antecedentes: nuestros &lt;a href="http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/02/el-pavo.htm"&gt;"Pavos"&lt;/a&gt;. Además, poniéndonos en el peor de los casos, si fuéramos descubiertos y detenidos, no existirían delitos anteriores en que un sello o factura determinados pudieran hacer caer sobre nuestras espaldas otros crímenes del pasado. Es una buena medida de seguridad para los supuestos en que todo nuestro esfuerzo se fuera al traste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;La artesanía tiene ligada a su significado el trabajo manual. Éste tipo de trabajos artesanos, tal y como hacen los reposteros o los alfareros, implica tener que ensuciarse las manos. En cierto modo el sicariato es así; la naturaleza de nuestra labor nos hace cometer tareas que requieren que en ocasiones nos manchemos literalmente por el trabajo sucio. Es extremadamente complicado hundir un puñal en el cuerpo de alguien sin que una pequeña gota de sangre te salpique. Existen métodos para evitar que el torrente sanguíneo de nuestras víctimas nos empape. No es agradable recibir un chorro caliente y ferruginoso de hemoglobina en la cara por no clavar la hoja en el lugar apropiado, se lo aseguro. Siempre es recomendable extraer el arma blanca de nuestro objetivo una vez que esté muerto, pues ya les he contado con anterioridad que mientras le lata el corazón la sangre saldrá a borbotones de la herida si afecta a una vena, arteria u órgano vital.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;El problema de la sangre es que cuesta mucho limpiarla una vez se ha secado. Se adhiere a la piel al coagular, y hay que frotar con esmero el área afectada hasta que quede totalmente limpia. En éstos casos yo suelo usar jabón de grasa, parecido al que utilizan los mecánicos que trabajan en los garajes de autos para limpiarse el aceite de motor que pringa sus extremidades. En cuanto a la ropa, dado que no vamos con esos ridículos monos de faena con que habitualmente la gente de bien hace los trabajos engorrosos; yo prefiero quemarla si ha recibido salpicaduras de sangre. Esto es extremadamente fácil si nos dirigimos a un hospital; gran parte de sus desperdicios tienen como destino el crematorio. Además, a nadie le sorprende encontrar entre la basura de un hospital ropa manchada de sangre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;La mejor muestra de la naturaleza artesanal del oficio del sicario es que todos los encargos que realizamos son personalizados. Diseñamos muertes para nuestras víctimas de modo que nuestros clientes queden razonablemente satisfechos y libres de culpa. Vamos a poner una dedicación completa e individual a cada una de nuestras tareas; algo impensable en la mayoría de los oficios del mundo contemporáneo. Desde el zapatero que le vende calzado producido en serie donde usted queda reducido a simple encaje entre las tallas, o el panadero que todos los días le vende barras de pan en base a una determinada medida; casi todo el mundo ofrece bienes producidos en serie, fríos e impersonales. El sacerdote suelta su sermón a una audiencia donde se mezclan gentes de todo tipo, el vendedor de coches se preocupa de su personalidad animándole a añadir más complementos al equipamiento de serie que trae el coche que va a adquirir, el dependiente de unos grandes almacenes le va a vender ropa fabricada en &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;cadena en China.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;En cambio, el sicario, al igual que un buen sastre artesanal, le va a hacer un trabajo a medida. El vestido que le haga el sastre va a ser exclusivo para usted, ideado para que su cuerpo entre en él a la perfección, adaptándolo a su fisonomía. Del mismo modo, el sicario va a matar a quien usted le ordene sabiendo cómo hacerlo de modo que nadie pueda culparle a usted de estar detrás de todo ese asunto turbio, y produciendo la erradicación de esa persona tan molesta que tanto le incomoda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Cuando acceda a los servicios de un sicario profesional debe ser consciente de que no existen certificados de calidad para nuestro gremio; si bien seguramente entrará en contacto con nosotros gracias a otro cliente satisfecho por nuestra labor. Dispóngase entonces a realizar un pago acorde con lo que usted demanda. Al igual que un pastel elaborado en una repostería tradicional es pagado a un precio bastante más elevado que el de un dulce de bollería industrial que adquiera con un envoltorio de plástico; el trabajo del sicario precisa de un bolsillo generoso capaz de realizar el pago por éste cometido tan particular.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;El problema que tiene la gente a la hora de valorar nuestro oficio es que parte de una serie de prejuicios que ha sido alimentado por el mundo de la ficción y ha empañado nuestra tarea. Ya les he explicado con mucha profusión las diferencias abismales que existen entre un asesino amateur y un asesino profesional. Creo que ya les he hablado en muchas ocasiones de mi desprecio hacia los creadores de ficción, ya sea de celuloide, de papel, o de los rayos catódicos de su receptor de televisión por el flaco favor que han hecho a nuestra imagen. Sin embargo nunca me cansaré de recordárselo. Sus sicarios televisivos o de novelas son personas que no tienen nada de artesanos. Matan sin ton ni son; haciendo caso omiso a toda norma de prudencia; obviando la necesidad de no desarrollar patrones de comportamiento identificables por la policía, y sin tener el más mínimo respeto a la vida humana que implica el ejercicio de nuestra tarea (pues el sicario profesional, ante todo, es un tipo selectivo). Son productores de muerte en serie, de crímenes al por mayor, ejecutores de cadena de montaje. Asesinan del mismo modo en que podrían hacer salchichas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Sin duda cambiarían mucho su opinión de nosotros si nos vieran como realmente somos: como el alfarero trabajoso que dedica horas a plasmar con sus manos la vasija que tiene en la mente. Girando pacientemente su torno va moldeando el barro, creando formas de la nada, ajustando los volúmenes, humedeciendo la composición cuando lo necesita, hasta que al final del trabajo mete su cerámica en el horno. Así es como es sicario crea una muerte; planeando, modelando, esculpiendo los pasos finales de su víctima hasta que al final acaba como todas las demás obras de su trabajo, metida en un horno que es la muerte. Algunas de mis víctimas acaban literalmente en un horno; el que va a incinerar sus restos tras el velatorio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111159077477009962?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111159077477009962/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111159077477009962' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111159077477009962'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111159077477009962'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/trabajo-artesano.html' title='Trabajo artesano'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111144087987627306</id><published>2005-03-21T13:30:00.000-08:00</published><updated>2005-03-21T13:43:15.676-08:00</updated><title type='text'>Vicios y manías.</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/cerilla.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Un sicario no puede tener vicios. Debe de ser una persona independiente de los pequeños placeres con que el resto del mundo se deleita habitualmente para evadirse de su trabajo. Pequeñas costumbres como el café, el tabaco, el licor, goma de mascar o la comida en general, deben de ser evitados al máximo por un sicario. El motivo no es otro que las razones más prácticas que pueden suponerse a un trabajo que requiere de su profesional la entrega de todos sus sentidos a la tarea. La distracción de nuestra atención puede ser muy negativa si aspiramos a ser unos profesionales reconocidos. Son los pequeños detalles algo demasiado importante como para arriesgarnos a perdérnoslos si ocupamos nuestra cabeza en otros menesteres. Es en ellos donde se esconde la solución al enigma que supone el método de dar muerte a nuestro objetivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Sin embargo existen otro tipo de razones mucho más claras para comprender que no tengamos ningún tipo de vicio. En primer lugar, un sicario que fume tiene varios tantos en contra para ejercer su oficio. Para empezar irá dejando un rastro de ceniza y colillas allá por donde vaya, sin olvidar que el olor tan característico del tabaco adherido a su ropa le hace totalmente identificable en caso de acechar a un tercero. Es extremadamente fácil saber para un no fumador si alguien que fuma ha estado husmeando en su casa; lo cual le pondrá irremediablemente en alerta. Así mismo, una colilla apagada cercana al lugar de un crimen puede servir a la policía para extraer un perfil genético del tipo que dio caladas a ese pitillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Cosas parecidas pasan con los chicles: calmar los nervios o amenizar una espera mascando la goma puede parecer del todo inofensivo para nuestros intereses. Nada más lejos de la realidad. En primer lugar, corremos el mismo riesgo de que un investigador que se tope con nuestro rastro pueda sacar una muestra de ADN de nuestra saliva; por no mencionar que si dejamos impresa la marca de nuestra dentadura en la goma, tarde o temprano encontrarán un historial dental que nos identifique tan claramente como una huella digital.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;El problema del café es que nos mantiene hiperactivos en un trabajo donde la paciencia es un don muy importante. A esto debemos añadir que suele dejar un fuerte rastro en nuestro aliento; y el olor es un enemigo al que debemos combatir a toda costa: ni tabaco, ni café, ni comidas especiadas o con ajo, ni siquiera un buen perfume o desodorante. Nuestra tarea implica pasar totalmente desapercibidos; no podemos emitir el más mínimo resquicio de nuestra presencia; no podemos oler mal, a tabaco, café, sudor o suciedad; pero tampoco debemos oler bien, a desodorante, sales de baño o perfume. Hemos de ser totalmente inodoros, incoloros e invisibles. Sombras que acechan en la oscuridad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Las comidas copiosas provocan somnolencia, y los licores ejercen una influencia demasiado evidente como para que me explaye demasiado explicando por qué motivo no podemos recurrir a ellas para amenizar nuestros seguimientos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Cuando estoy inmerso en un trabajo, tal y como me sucede en estos momentos; siempre me vienen a la cabeza éste tipo de pensamientos absurdos. Observo a mis víctimas hacer cosas rutinarias como encender un pitillo junto a un café, atiborrarse a comer o compartir asiento en el autobús mientras despiden una suave fragancia gracias a su colonia favorita. Cosas habituales a las que yo he tenido que renunciar para que nadie repare en mi presencia. Debo ser un tipo gris, con costumbres grises y un modo de vida minúsculo; una fachada transparente que oculte perfectamente la naturaleza de mi trabajo cuando me dispongo a recabar los medios para entrar en acción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Seguramente éste tipo de divagaciones deben de aburrirles soberanamente, pero quizá así entiendan que realmente la profesión de sicario; reducida al día a día, no es gran cosa. No pasamos horas acariciando las hojas de nuestras dagas, o engrasando nuestras armas de fuego; no fumamos con el estilo con que lo hacen los matones del cine, ni nos mostramos como elegantes ángeles de la muerte que descargan sus armas sobre usted con trajes de diseño. En realidad somos como cualquier otra hormiguita de la gigantesca colonia que nos rodea. Trabajamos en nuestra parcela del hormiguero, pero durante el tiempo que dedicamos a preparar el breve instante en que daremos muerte a nuestro objetivo, en realidad somos como cualquier otro aburrido asalariado. Analizamos, estudiamos, comprendemos y apuntamos; pero sobre nuestra cabeza rondan asuntos banales tales como la sana envidia de un buen helado de postre, un café caliente a media tarde, o el dulce sabor de boca que te deja un chicle de fresa cuando tienes que esperar durante horas la salida de casa de tu víctima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;El único entretenimiento que encuentro en todo éste tiempo es mordisquear una cerilla mientras espero en la oscuridad a que la persona que tengo el encargo de matar salga a trabajar. Me gusta el sabor de la madera, el olor del fósforo bajo mi nariz. Cuando la noto demasiado estropeada, la guardo en mi bolsillo: nunca sabes cuando la podrás utilizar. Una cerilla es una gran aliada: siempre que quiera usted borrar cualquier olor solo tiene que encender una cerilla. Su ignición matará todo rastro olfativo a su alrededor: una bella metáfora del camuflaje del sicario. Quizás en éste nuevo encargo me sea muy útil… de momento no diré mucho más; mañana debo volver a madrugar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111144087987627306?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111144087987627306/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111144087987627306' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111144087987627306'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111144087987627306'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/vicios-y-manas.html' title='Vicios y manías.'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111132068741698588</id><published>2005-03-20T03:57:00.000-08:00</published><updated>2007-03-24T20:15:00.630-07:00</updated><title type='text'>Amor apasionado</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/corazon.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Una fotografía en la mano, una dirección manuscrita en el dorso y una paciente espera. Conocer a tu próxima víctima es lo más parecido que existe a acudir a una cita a ciegas. Tienes unas referencias de la persona en cuestión, unos datos fríos sobre su edad, estatura, oficio y residencia. Has hecho un primer juicio superficial del individuo en base al retrato que te han facilitado, y la naturaleza del encargo. Sin embargo, cuando aguardas oculto a que tu objetivo aparezca por primera vez ante tus ojos, la sensación que te recorre es semejante a la que puede sentir alguien a quien le van a entregar ese coche tan fabuloso que ha comprado en base a un catálogo. Conoces datos como las prestaciones del vehículo, sus accesorios, equipamiento, color, dimensiones…étc. Sin embargo te dispones por primera vez a conducirlo, a experimentar su velocidad, a percibir el ruido del motor ronroneando al dictado del pie que tienes sobre el pedal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Por hacerles un símil que puedan comprender de un modo mucho más gráfico: cuando a un sicario le entregan los datos de su próxima víctima es como si le facilitaran la receta de una onza de chocolate: sabemos que tiene una determinada cantidad de cacao, leche, azúcar, aromas… pero sólo en el momento en que probamos su sabor, jugamos con nuestra lengua en contacto con su textura y derretimos lentamente el bocado; es cuando realmente sabemos lo que es el chocolate. Así, cuando acudimos al acecho y seguimiento de nuestra próxima víctima, es como si fuéramos con una receta de cocina en la mano; es sólo en el momento de conocerla de cerca, de ver sus gestos, su mirada, su sonrisa o su cejo fruncido; cuando por fin probamos el plato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Hace ya más de una semana que he llegado a mi nuevo destino. Acomodarme me ha llevado un tiempo; por fin he abandonado la sobria habitación del hotel por una casa de alquiler. He conseguido construir mi nueva identidad, certificar la entrada de mis honorarios en mi cuenta bancaria, y conocer la nueva ciudad. Ayer me puse oficialmente a la tarea de eliminar a mi próximo objetivo. Comprenderán que no les de muchos datos sobre mi nuevo encargo. Son puros motivos de seguridad, a fin de cuentas mis memorias son públicas y no sería prudente dar indicios de donde voy a dar mi próximo golpe. Con un poco de suerte, dentro de un tiempo mi trabajo no ocupará más que un pequeño recorte en la página de sucesos de la prensa local; eso a lo sumo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Así es como he vuelto a acudir a esa primera cita a ciegas con la persona a la que voy a tener que conocer en profundidad durante las próximas semanas. Éste es siempre un momento emocionante. La fotografía es incapaz de proporcionarte datos tan interesantes sobre la persona como el tono de su voz, el olor de su cuerpo o su manera de andar. Ustedes pueden conocer a una persona por lo que se ha escrito de ella, por su retrato o por una grabación en televisión. Podrán conocer sus anhelos, sus opiniones, manías, gustos y fobias. Pueden leer durante horas libros sobre su vida, seguir su trayectoria como un fan que idolatra la figura de su ídolo. Sin embargo viven en una dimensión distinta a la de esa persona. No pueden conocer la cara con la que sale todos los días de casa, el aroma de su desodorante cuando pega su cuerpo al tuyo en el metro durante la hora punta, la reacción de su rostro al leer el titular principal de la prensa del día, o el calor que aún guardan sus zapatos en el vestuario de su gimnasio cuando está haciendo aeróbic. El 80% de mi trabajo consiste precisamente en esto; experimentar, conocer, estudiar y analizar. Durante días he de ser la sombra de un desconocido al que tengo que terminar por conocer como si fuera un clon de su alma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Siempre me ha causado desprecio la figura que tiene la gente del sicario; ese tipo frío y cruel, ese asesino sin alma. No saben una mierda de nuestro trabajo; no nos conocen lo más mínimo. Precisamente ese desconocimiento sobre nuestra labor es la que les hace vulnerable a la mayoría de ustedes. Viven en la ilusión de que son dueños de su intimidad, de que poseen secretos de cara a los demás y de que existen esferas vedadas al conocimiento de los otros. No son conscientes de la capacidad del sicario para sortear esas barreras de privacidad que levantan a los que les rodean; de nuestra habilidad para llegar al corazón de sus vidas sin dejar más rastro que el puñal que lo atraviese en su último instante de existencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Existe en el asesino mercenario un instinto animal que el resto de los seres humanos no se han preocupado en desarrollar. Podemos saber cuando ha tenido un mal día en el trabajo en el momento en que usted se esfuerza en ocultarlo a su familia tras una máscara risueña al llegar a casa; sabemos cuando se caga de miedo a pesar de su gesto de tipo duro; o como le corroen por dentro los demonios del deseo cuando mantiene esa hipócrita actitud de indiferencia ante su compañera de trabajo. Nuestra naturaleza depredadora nos ha enseñado a descifrar cada una de las triquiñuelas con que engañan al resto de los mortales en el día a día. Sólo esperamos el momento oportuno para actuar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Un sicario es alguien devoto. Ya en otra ocasión he dicho que somos como los amantes apasionados. Si nuestro esfuerzo por conocer cada rincón de su alma fuera tan imitado por las personas que le aman, sin duda podría considerarse como un sujeto afortunado. Si enfocase mi tarea a un ejercicio recíproco de amor, sin duda mis romances serían mucho más intensos de los que acostumbro a llevar. Alcanzaría ese tipo de comunicación en el que las palabras son prescindibles y pudieran sustituirse por la telepatía que deja leer las almas como un libro abierto. Por desgracia, ni nuestras parejas tienden en ocasiones a dedicar ese esfuerzo; ni nosotros mismos gastamos esa fuerza que reservamos para nuestra actividad profesional. Nos contentamos con andar cogidos de la mano, besarnos a ratos, hacer el amor con cierta rutina y hablar de vacuidades. Me pregunto hasta qué punto los matrimonios no son un cariño domesticado y reconfortante que nos ayuda a seguir con nuestra vida respaldados por ese apoyo que es la familia. Si cabe tras ese nombre el amor con mayúsculas, incontrolable, salvaje, incondicional, profundo e impredecible. La fusión de las almas, el conocimiento del espíritu de tu pareja. El amor pasional, como el que ponemos en práctica los sicarios en nuestro trabajo. Renunciamos a nuestra vida para convertirnos en una sombra de la de otros, subordinamos nuestros horarios, nuestro tiempo y dedicación a conocer hasta el último rincón de la personalidad de quien tenemos el cometido de matar. Amar-Matar. Sólo volveremos a ser libres cuando pongamos fin a esa relación con nuestras víctimas; cuando después de explorar cada resquicio de &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;su alma, demos el paso de poner fin a todo. Cuando el último aliento de vida salga de sus pulmones volveremos a recuperar nuestra vida, volviendo a casa, disfrutando de las pequeñas cosas a las que renunciamos durante tanto tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111132068741698588?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111132068741698588/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111132068741698588' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111132068741698588'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111132068741698588'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/amor-apasionado.html' title='Amor apasionado'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111124534169881629</id><published>2005-03-19T07:11:00.000-08:00</published><updated>2005-03-19T07:15:41.706-08:00</updated><title type='text'>Contabilidad creativa (Epílogo: Simplicidad bella)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/futuro.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El problema de ser un despojo es que a nadie le sorprende que acabes tirado en la basura. Eso es exactamente lo que le pasó a Pedro cuando la policía investigó su muerte. Un tipo que había tocado fondo, tanto en su vida como en su final; su cadáver en el asfalto era un resultado lógico de su propia autodestrucción. La botella de ginebra rota que le había acompañado en su último viaje era una confirmación definitiva de que aquel borracho yacía entre un charco de sangre por iniciativa propia. El cuerpo no mostraba indicios de lucha antes de caer, la declaración de cuantos le conocían sólo pudo demostrar que la vida de aquel individuo atravesaba un profundo bache que nunca logró superar. Ni siquiera su propia hermana pudo concebir otra explicación a su caída al vacío que no fuera el alcohol. Mi trabajo de sicario era totalmente satisfactorio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La muerte del traidor no sacaría a su socio de la cárcel, pero consolaría la amargura de mi cliente. Meses después de mi trabajo la observé desde la lejanía. Aunque volvía a salir de casa a visitar a su marido preso, su aspecto era radiante. Una mujer de armas tomar; fría y decidida. Eduardo era un hombre afortunado. La confirmación de la muerte de mi objetivo había llenado de gozo agridulce su interior: entraría a la sala de visitas con la cabeza bien alta, llena de dignidad, a sabiendas de quien había provocado todo aquel mal reposaba eternamente en el cementerio. Pagar medio millón de libras esterlinas por aquel trabajo se le antojaba como una ganga después de tanta ira contenida y sufrimiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Para mí fue mi primer trabajo de elevado caché: abandoné el cielo plomizo de Londres y pasé una temporada de vacaciones en el Mediterráneo. Cambié la ropa de abrigo por las camisas hawaianas, los polos de manga corta, bañadores y chanclas. Merecía un buen descanso bajo el sol. Al arrullo del mar y bajo el suave mecer de las palmeras pude olvidar el rostro consumido del contable: el calor y la brisa marina me compensaron la gélida espera tras la puerta del salón de Pedro. Fuera de la masificación de Londres, del ambiente oscuro de los pubs y el estirado carácter inglés; Antonio García volvía a recuperar un poco de paz. Busqué las calas desiertas de la isla donde me retiré a descansar, me bañé en las aguas azul turquesa y aspiré aquel aire inconfundible de los acantilados. En mis oídos, el rumor de las olas era música celestial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Hoy no les quiero aburrir con mis reflexiones sobre el valor de mi trabajo. Sólo deseo compartir con ustedes un bello recuerdo; me gustaría poder expresarles el sentimiento de paz que me inundó tras aquel trabajo. Si fuera posible que con mis palabras pudieran, aunque sea por un instante, poder experimentar las sensaciones que yo tuve en aquellos momentos me daría por plenamente satisfecho. Tras un trabajo sórdido en un lugar gris, volverte a encontrar con el sol te produce una cascada de emociones que no tienen un valor económico. Recibir medio millón de libras por el trabajo había sido mi premio; pero hay cosas en la vida que el dinero no puede comprar. Son regalos que la naturaleza nos hace generosamente si nos detenemos a observarlos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Les hablo de los cabellos dorados de una mujer al ser bañados por el sol en el atardecer; cuando la luz del astro rey perfila las formas multiplicando su belleza. Me refiero a la intensidad del perfume al ser potenciado por el calor: la particular dimensión que adquieren los colores, los olores, los sabores. El viento cálido ondeando una camisa blanca sobre tu pecho al disfrutar de una copa&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en una terraza junto al mar. Cuando Antonio García se toma unas vacaciones y se aleja del mundo sórdido que suele frecuentar, no encuentra su mayor placer en las cosas que paga su dinero, sino en los momentos fugaces que nos ofrece la vida si sabemos observarlos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cuando en éstos momentos, al encontrarme enfrascado en una nueva tarea, consigo durante unos instantes cerrar los ojos y evadirme, mi mente vuela hacia cosas sencillas y hermosas que nada tienen que ver con el dinero. En mi retina se dibujan los contornos delicados de mis rosas, el pelo recogido en una coleta cayendo sobre la espalda desnuda de mi última amante, el dulzor de la brisa marina, el murmullo del río donde me bañaba de niño junto a mis hermanos y hermanas durante las vacaciones de verano, el sol luminoso del mediterráneo dibujando perfiles dorados en el pelo de mis brazos en aquella escapada tras mi trabajo en Londres, un cielo azul decorado de nubes blancas y algodonosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Luego abro de nuevo los ojos y vuelvo a la realidad. Tengo que volver a matar, a privar a alguien de todos éstos pequeños goces. Sin embargo lo haré de un modo sencillo. Quiero que comprendan que el trabajo del sicario, a pesar de todo, es mucho más eficaz cuando se basa en la simplicidad: como todos los regalos de la naturaleza. Vale más eliminar a alguien de un pequeño empujón que acribillándolo a balazos. En el fondo, las muertes naturales se producen por mecanismos lógicos que no implican una gran complejidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111124534169881629?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111124534169881629/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111124534169881629' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111124534169881629'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111124534169881629'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/contabilidad-creativa-eplogo.html' title='Contabilidad creativa (Epílogo: Simplicidad bella)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111109408263036469</id><published>2005-03-17T12:57:00.000-08:00</published><updated>2005-03-17T13:14:42.660-08:00</updated><title type='text'>Contabilidad creativa (Parte III: Un salto a la fama)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/botella.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Matar al contable traidor hubiera sido engañosamente fácil. Cada noche, cuando salía tambaleándose del último bar hasta su apartamento era una presa fácil para cualquier hombre armado. No había mucha gente en la calle, y la oscuridad facilitaría la acción de cualquier individuo. Sin embargo aquello era excesivamente peligroso. Una vez muerto de forma violenta; apuñalado, atropellado o cosido a disparos; lo más probable es que la policía investigara a aquel cadáver extranjero y pidiera un historial delictivo en su país de origen. No tardarían mucho en señalar a mi cliente, la mujer de su antiguo socio encarcelado, como la principal sospechosa de haber encargado su muerte. Eso no podía ni debía pasar. Aunque la posibilidad de que encontraran un rastro del desembolso que hizo por mis servicios fuera ínfima, no podía arriesgarme. Finiquitar a aquel despojo requería que su fin pareciera más un accidente o una consecuencia lógica de la existencia miserable que llevaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Dado que nuestro contable apenas se relacionaba con nadie en la ciudad, era bastante difícil encontrar a un “pavo” creíble ante los ojos de la policía. Si bien era una alternativa viable, me parecía que con el encarcelamiento de su antiguo socio, Pedro ya había cubierto el cupo de personas entre rejas por su culpa. Su muerte era algo mucho más sencillo de lo que cualquiera pudiera pensar, pero llevarlo a cabo precisaba del talento de un profesional como yo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Durante semanas le había seguido en su peregrinar nocturno por los locales de la zona: le escudriñé tomando una copa tras otra, sentado con la mirada perdida en la barra del pub. Parecía un pobre hombre desvalido. Sin duda, al compararlo con la fotografía que me facilitó mi cliente, el alcohol había hecho una fuerte mella en él. El individuo del retrato que tenía en mi poder era una persona elegante, vigorosa, de cabellos castaños y algo rolliza. Por el contrario, aquel sujeto que inclinaba la cabeza junto a la barra era un tipo casposo y de cabellos blancos; el rostro chupado y sin carnes, desaliñado y mortecino. Su mirada borrosa y ausente dejaba entrever la oscuridad de su interior. El pecado de la traición no le había afectado tanto como la pérdida de su mujer; eso es algo que tenía que arreglarse. Puede que Eduardo fuera un estafador que defraudara al fisco, y no me cabe duda que para todos los contribuyentes, la traición del contable y su confesión fueron un gran servicio a nuestros bolsillos. Sin embargo todo ello no puede ocultar el crimen; había cometido el mismo delito que Bruto o Judas: era un traidor. Había vendido a su mejor amigo y socio; sometiéndole al escarnio público, haciéndole pagar por su debilidad. Mientras él estaba demasiado ocupado en la autocompasión por su fatídico destino; esa obsesión que lo estaba volviendo loco y alcohólico; la mujer de Eduardo estaba sola en casa. Mi cliente tenía que soportar el desprecio de quienes antes la recibían como una gran dama, la mirada indiferente de los funcionarios de la prisión los días de visita; o el acoso de la prensa sensacionalista que había encontrado un gran filón en su historia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Aquel bastardo borracho había causado mucho daño a su alrededor como para dejarle con vida. Además no hay que olvidar la importante suma que cobraría por darle el pasaporte. Viéndolo en aquella situación durante días no me costó acabar cogiéndole ojeriza. Siempre ausente, vacío, triste, deshecho y derrotado por el alcohol. Salía del bloque de pisos con la cara convertida en una máscara de ansiedad, buscando un largo trago que le ayudara a escapar del mundo real e imaginario que le intimidaban. Al regresar completamente ebrio, acompañaba sus pasos en zigzag con una expresión de estupidez en su rostro que no casaba con la capacidad intelectual que un día derrochaba, cuando era un hombre de negocios respetable. Matando a ése cabrón iba a hacerle justicia: sería como rematar a un caballo agonizante, a un perro con rabia… una eutanasia compasiva con un enfermo terminal que se retuerce en la inmundicia de su lecho de muerte. El contable iba a ajustar sus cuentas pendientes ante el sicario: el debe y el haber compondrían un balance donde un cadáver sería puesto sobre la mesa. Pura contabilidad creativa: setenta kilos de carne y hueso empapados en alcohol etílico por medio millón de libras esterlinas. Sin duda su muerte sería el fraude más grande de su carrera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Conociendo sus costumbres y sus vicios sólo necesitaba una botella de ginebra de su armario para conseguir darle muerte. Un frío día de invierno, mientras mi objetivo recorría los pubs de Londres, yo me metí en su casa y aguardé a su regreso. Abrí las ventanas de par en par, dejando entrar un helado aire purificador en el ambiente viciado del apartamento. Aquello era lo más parecido a una pocilga: los vanos intentos de su hermana por ayudar a Pedro con las tareas domésticas en las visitas que le hacía cada dos semanas, no conseguían adecentar aquel habitáculo. Las estancias olían a una mezcla nauseabunda de alcohol y vómito etílico, las sábanas de la cama, sin hacer, estaban sucias y rotas; el suelo plagado de desperdicios. Costaba andar por aquel piso sin pisar nada: algo vital si pretendía no dejar huellas de mi presencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Coloqué la botella de ginebra en la repisa de la ventana y aguardé acurrucado tras la puerta del salón a que mi objetivo regresara. El cuarto se iba llenando de un aire gélido que me hizo tiritar mientras esperaba paralizado en mi escondite. Por suerte, Pedro fue puntual en su regreso a casa. La modulación de su vicio para poder acudir al trabajo me había proporcionado una capacidad de manejar patrones horarios de un modo razonable. La puerta de la calle se abrió y unos pasos dieron cuenta de la presencia de mi presa en el apartamento. Sin embargo, mi tarea no iba a ser tan fácil. El ruido de las pisadas se apresuró y una puerta se abrió de golpe al otro lado del pasillo: la arcada resonó por toda la casa antes de dar paso a una asquerosa espera entre sonidos guturales y golpes líquidos retumbando en el aseo: Pedro bostezaba en technicolor, echaba la mierda, conducía el autobús de porcelana… vomitaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Tras una incómoda espera, mi víctima parecía no salir nunca el baño. Un leve zumbido me hizo comprender que se había quedado dormido sobre la tapa del retrete. La situación era delicada: si me movía podía causar ruido y despertarle, si le mataba violentamente todo mi trabajo sería una chapuza, y si me quedaba quieto podían pasar horas antes de que Pedro diera señales de movimiento. Temía que el aire que congelaba el ambiente me hiciera estornudar, llamando así la atención de mi víctima y poniéndola en guardia. Los miembros se me empezaban a entumecer tras aquella puerta. Con sorna llegué a imaginarme siendo el hazmerreír de una noticia irónica: la muerte de un sicario congelado mientras acechaba en la casa de su víctima. Aquel hijo de puta parecía estar protegido por el espíritu burlón de su esposa, alargando los minutos infinitamente. Fue una tensa espera de casi media hora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Por fin, el frío que inundaba la casa pareció hacer efecto sobre el contable. Se despertó temblando sobre el desaguisado del cuarto de baño y no tardó en buscar aquella fuente de aire gélido que no le dejaba dormir en paz. Al otro lado del pasillo se encontraba la respuesta: una ventana abierta de par en par dejaba colarse aquella brisa glacial que tanto lo incomodaba. Tras levantar trabajosamente el trasero del suelo pegajoso del baño, sus pasos lo llevaron al salón. No reparó en mi presencia tras la puerta ni un momento: su atención estaba centrada en otros menesteres. Sobre la repisa de la ventana, al borde del abismo, una de sus botellas de ginebra enfriaba su contenido para él. ¿Qué hacía eso allí?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Pedro no recordaba haber dejado la ventana abierta, ni haber colocado aquella botella en ese sitio. ¿Acaso su hermana había pasado por allí? No era probable, siempre le visitaba en fin de semana y hacía algo de limpieza; la casa parecía estar inmersa en su sordidez habitual. Vacilante, nuestro contable se acercó a la ventana. Aquello era muy extraño. Extendió la mano y recogió la botella. Estaba sin abrir ¿Para qué habría sacado él una botella llena del armario sino era para beberla? ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Qué…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Súbitamente, Pedro dejó de hacerse preguntas para percibir con sobresalto que una fuerza estraña le sujetaba de las rodillas y los tobillos; acto seguido esa fuerza lo empujó a través del marco abierto de la ventana, precipitándolo al vacío. El viento frío le abofeteó brevemente el rostro en su bajada. En el país de Newton, Pedro encontró una lección magistral sobre la ley de la gravedad. Un golpe seco y un pequeño eco confirmó su dominio de la materia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Es asombroso el estampido que produce un cuerpo humano al chocar contra el pavimento después de caer varios pisos. El impacto de la masa de una persona contra el asfalto es tan sonoro que pareciera que ha caído un pedazo de la fachada del edificio: cuesta creer que alguien pueda generar semejante sonido con su organismo en colisión contra el suelo. Si usted se encuentra cerca de tal evento notará que el suelo tiembla a sus pies al absorber la fuerza del choque. La explosión de sangre y vísceras también es considerable. ¿Alguna vez, cuando conducen su auto, se ha estampado contra la luna un insecto que volaba ajeno a la muerte que le esperaba? Notarán como si el bicho en cuestión era un mosquito, puede dejar incluso un rastro rojizo de sangre en el cristal. Siempre que se hace un viaje por el campo, especialmente en verano, es posible hacer ésta comprobación. Pues bien, el cuerpo humano sufre un efecto semejante al caer desde una altura considerable contra el firme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, en aquella ocasión, me ahorré el espectáculo de ver el cadáver de Pedro incrustado en los adoquines de la calle. Cuando todos los vecinos salieron alarmados de sus casas por el ruido de la caída, yo ya me encontraba en mi apartamento. Fuera, el cuerpo inerte de un contable ebrio sostenía en sus manos una botella rota de ginebra. De nuevo, nuestro hombre saltaba, literalmente, a la fama efímera de las páginas de sucesos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111109408263036469?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111109408263036469/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111109408263036469' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111109408263036469'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111109408263036469'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/contabilidad-creativa-parte-iii-un.html' title='Contabilidad creativa (Parte III: Un salto a la fama)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111092438812759150</id><published>2005-03-15T13:51:00.000-08:00</published><updated>2005-03-15T14:06:28.150-08:00</updated><title type='text'>Contabilidad creativa (Parte II: Un gris bloque de apartamentos)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/apartamentos2.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Londres es una urbe gigantesca. Solo hay que asomarse a la ventanilla del avión para darse cuenta de sus proporciones: los edificios y calles se extienden hacia la línea del horizonte sin que se llegue a ver su límite. En ésta lluviosa megalópolis había fijado su nueva residencia mi víctima, lejos de la tierra que le había visto ascender trabajosamente para luego caer en picado. Si en su patria nuestro contable era un afamado empresario envuelto en asuntos turbios, en Gran Bretaña no era nadie. Tan sólo un extranjero más entre la multitud que trata de ganarse la vida en las entrañas de la capital. Poco importaban sus conocimientos de inglés o su experiencia en el mundo de los negocios; allí era sólo un anónimo profesional de oficina con un acento extraño. No hubiera sido difícil que terminara fregando platos en un restaurante de mala muerte o sirviendo té en un hotel. Sin embargo, nuestro hombre contaba con una importante ayuda en su exilio: contactos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La hermana de Pedro se había casado con un inglés de clase media. Su vida no había estado cubierta de los lujos con que había gozado su hermano, pero siempre había recibido cumplidos y regalos caros por parte de Pedro. Vivía en una casita adosada con su jardincillo, su chimenea, su mascota y sus dos hijos (niño y niña) de mofletes sonrosados y ojos azules. Al principio hizo un hueco a su hermano, y gracias a su esposo pudo conseguirle un mediocre trabajo de chupatintas en una empresa de cerámicas. El sueldo no era una maravilla, pero serviría para que Pedro viviera dignamente. Gracias a la venta de los pocos bienes que la policía y los jueces no habían expropiado al contable, pudo comprarse enseguida un pequeño apartamento en un gigantesco bloque del centro. De ese modo dejaría libre el espacio que ocupaba en la casa de su querida hermana y podría dedicarse con tranquilidad a beber. Su afición al alcohol había preocupado a su familia y enrarecido el ambiente con su cuñado, quien juiciosamente pensaba que Pedro no ofrecía una imagen ejemplar ante sus hijos con su contínua ebriedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;A pesar de no haber dejado la bebida ni un solo día durante el tiempo que estuvo en prisión, Pedro había aprendido a moderar su alcoholismo. Su instinto de supervivencia le había empujado a modular sus impulsos; y si bien acababa en estado etílico todas las noches, por la mañana acudía puntualmente al trabajo con la resaca. Sus compañeros de la oficina sabían de su adicción a la bebida, pero salvo unas risitas furtivas cuando franqueaba la puerta en dirección a su mesa, nunca le llamaron la atención por la huella del alcohol en su rostro desencajado. Seguía siendo un contable con talento, y su habilidad con las cuentas ayudó a silenciar cualquier posible reproche por su modo de vida. En el fondo inspiraba una profunda piedad a cuantos le rodeaban: veían en él a un hombre consumido por la fatalidad, prisionero de una enfermiza dependencia a las botellas de licor para acallar a los fantasmas que le perseguían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Al regresar a su apartamento, nunca tardaban demasiado en regresar a sus oídos las risas con que desde ultratumba le saludaba su esposa fallecida. A la cita también acudían la cara sombría de su socio, sentado en el banquillo mientras él lo condenaba con su declaración, y la mirada inyectada de odio con que la mujer de Eduardo le había dedicado cuando salió de la cárcel: clavando en él aquellos ojos que destilaban una ira profunda y terrible. Entonces mi víctima se servía una copa de ginebra londinense de entre las botellas que guardaba en el mueble en que reposaba el televisor de su salón. Bebía tragos largos al principio, buscando con ansiedad el efecto rápido de la euforia sobre sus sentidos. Luego, bajaba a los “pubs” de Londres y empezaba una peregrinación de local en local, de pinta en pinta, de licor en licor, a sorbos pequeños y lentos según se iban apagando las luces de su mente…hasta que sus pasos le devolvían de nuevo al ascensor que le elevara al apartamento 54, en la novena planta del bloque donde vivía. Al entrar en la casa los fantasmas ya no estaban. Su mente estaba tan alejada del mundo que no reparaba en quién se había convertido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Quien fuera un hombre respetado e imitado era ahora un deshecho que malvivía en un cuchitril sucio y desordenado. La fortuna que un día amasó era sustituida ahora por un sueldo mediano para pagar de manera exacta su autodestrucción. No ahorraba nada, pues no tenía sueños en que depositar su dinero. Vivía sin ilusión, pues todo lo que anhelaba había muerto hacía ya tiempo, y el hombre que un día fue era ahora un mal recuerdo en aquel cuerpo consumido. Si se miraba en el espejo sólo adivinaba un despojo despreciable: carecía de cualquier autoestima. Si aún vivía era por pura inercia, porque su instinto de supervivencia aún le susurraba al oído que debía seguir caminando por el desierto de su vida. Ya le había ayudado antes, al hacerle declarar ante el juez incriminando a su socio y amigo; no perdía nada siguiendo escuchando los consejos de aquel instinto que le empujaba a seguir en éste mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Lo que no sospechaba Pedro es que no muy lejos de él había alguien que observaba todos sus pasos. Un sicario que se había mudado al mismo bloque de apartamentos donde vivía, un asesino a sueldo que le seguía furtivamente al trabajo por las mañanas, comía en la cafetería de enfrente a donde almorzaba y que apenas bebía un par de sorbos mientas lo acechaba oculto entre la multitud del bar donde se hacía servir una pinta tras otra. Sobre Pedro caía una mirada que le examinaba sin pestañear: atravesándolo. Era como una sombra que escudriñaba todos sus movimientos, descifrando sus gestos, estudiando sus conductas, inspeccionando su alma. Yo, Antonio García, tenía el encargo de acabar con aquel miserable que era incapaz de poner fin a los restos naufragados de su vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;No fue difícil dar con Pedro en Londres. Sabía de la existencia de su hermana y seguí los pasos de mi víctima durante semanas. Cuando se mudó al bloque de apartamentos no tardé en encontrar un hueco unos pisos más arriba que él. Aquel enorme edificio, de sobrio aspecto soviético, desentonaba terriblemente con el estilo de ciudad inglés. Los británicos tienen la curiosa tendencia de no hacer grandes edificios en ciudades pequeñas, y a su vez, hacer grandes ciudades de pequeñas casas. Salvo en algunos lugares donde resaltan las torres de algún banco, por lo general no gustan de edificar de un modo caótico, manteniendo una cierta armonía entre las alturas de sus inmuebles. Sólo en Londres, donde se incumple ésta premisa, podía nuestro contable haber encontrado un cuchitril como aquel para vivir; y eso me daba la ventaja de poder compartir portal con él desde el más absoluto anonimato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Los vecinos de aquel antro eran gente de todo tipo; había muchos inmigrantes, estudiantes, profesionales y solteros. Por lo general nadie conocía a nadie en aquel sitio; los apartamentos se alquilaban constantemente y no era extraño cruzarse con alguien nuevo cada vez que subías en el ascensor. Tenía más de veinte plantas, por lo que podía permitirse tener un portero mal pagado atendiendo la entrada del portal: eso me restaba capacidad de movimiento, pero me permitió hacerme una copia de la llave de la casa de mi objetivo en un despiste del encargado. Tras duplicarla en un supermercado cercano la devolví a su sitio sin levantar sospechas: gracias a ella pude merodear por la casa del traidor y fraguar un plan para darle muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Pronto aquel alcohólico se reuniría con su mujer y yo podría regresar a mi casa con medio millón de libras esterlinas engrosando mi cuenta bancaria. No me gustan las grandes ciudades como Londres, donde todo es masivo y anónimo; no en vano vivo en una urbanización alejada del ruido de la ciudad. Si a todo ello le sumamos la lluvia, la niebla y las grises costumbres británicas, no resulta difícil comprender mis deseos de terminar cuanto antes con aquel trabajo. Odio el desayuno inglés (huevos fritos con morcilla y tomate), el pastel de riñones, los locales “&lt;i style=""&gt;fish &amp;amp; chips&lt;/i&gt;” y el insípido gusto del té. Sin embargo, no tardaría en deshacerme de toda aquella gris ciudad, pues a las pocas semanas de mudarme a aquel bloque ya tenía preparada mi trampa mortal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111092438812759150?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111092438812759150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111092438812759150' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111092438812759150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111092438812759150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/contabilidad-creativa-parte-ii-un-gris.html' title='Contabilidad creativa (Parte II: Un gris bloque de apartamentos)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111083522431412965</id><published>2005-03-14T13:14:00.000-08:00</published><updated>2005-03-14T13:23:23.836-08:00</updated><title type='text'>Contabilidad creativa (Parte I: El precio de la traición)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/contable.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;De todos los “crímenes” cotidianos que diariamente se cometen, existe uno especialmente despreciable y que no está penado por ningún código penal salvo para casos abstractos: la traición. Usted puede ser condenado por un delito de traición a su patria, a su bandera, a su comunidad: cosas intangibles pero que son protegidas de un modo desmesurado si tenemos en cuenta lo poco que se aplica ésta ley sobre las personas de carne y hueso. Lo peor de todo es que esa ausencia de preocupación hace que éste crimen se cometa todos los días de manera generalizada. Una esposa engañada por su marido es cotidianamente traicionada, al vulnerar el hombre la confianza que ella deposita en los votos que le hizo; un amigo puede traicionarte en cualquier momento si tiene agallas para ello y recibe un bien muy codiciado por él, ya sea un ascenso en el trabajo, un amor, una amistad de alguien más influyente… No duden ustedes que las élites políticas del mundo entero se han construido a base de puñaladas por la espalda entre los que hacían carrera por el poder. Es entonces cuando saltan a la luz los escándalos financieros, sexuales o familiares de nuestros representantes públicos: todo vale para quitar de en medio al competidor que te disputa el liderazgo, aunque defienda tu propio bando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La traición es algo que no soporto. Significa una quiebra en la lealtad de quien se supone que debería ser tu amigo, tu hermano, tu pareja, tu familia. Su dimensión no tiene que ser necesariamente económica, sino que juega con los sentimientos de aquel que es traicionado. Cuando alguien te traiciona es como si te despreciara con más fuerza que escupiéndote a la cara en plaza pública. Te pisotean el amor propio, el alma: es un acto que me infunde un asco profundo. Los traidores suelen encontrar la vergüenza en las páginas de la historia; aunque su causa fuera muy justa. Ahí tienen a Bruto, el hijo de Julio César, apuñalando a su propio padre aunque con ello acabara con el tirano que derribó por su orgullo la república de Roma. Su nombre se ha convertido en sinónimo de ruindad en nuestro idioma: la “Brutalidad” es algo despreciable. Podemos mencionar a Judas, quien vendió a su maestro por treinta monedas de plata. O a los generales de Viriato, caudillo Luso que murió a manos de sus propios hombres a cambio de una recompensa… con su vergüenza vieron como su retribución se convirtió en una frase para la posteridad: “Roma no paga a traidores”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Los casos a lo largo de los tiempos han sido muchos. Sin embargo, el relato que hoy nos ocupa tiene su inicio precisamente en una traición. Fue al principio de mi carrera como sicario cuando tuve oportunidad de ajustar las cuentas con un traidor de campeonato; aunque su traición fuera estimada como un gran servicio para la sociedad. Todo arrancó en una firma de arquitectura dirigida por el marido de mi cliente, al que llamaremos Eduardo. La empresa era dirigida por un hombre de negocios de gran prestigio, Eduardo, y por su socio, amigo y contable: Pedro Vázquez. Lo que empezó siendo un pequeño estudio de construcción fue convertido por Eduardo y Pedro en uno de los mayores imperios empresariales de éste lado del mundo. En aquella empresa pusieron esfuerzo, dedicación, horas de sueño y ausencia familiar. El trabajo codo con codo hizo crecer una gran amistad entre los dos socios. Ambos compartían vecindario, aficiones… y hasta tal punto llegó aquella amistad entre los dos, que llegaron a compartir altar y banquete el día de su boda. Como si de dos dichosos hermanos que fundieran sus vidas, sus éxitos y felicidad, Eduardo y Pedro mantenían una unión nunca vista entre dos hombres de negocios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo el mundo da muchas vueltas, gira con rapidez y lo que hoy es blanca y luminosa quietud, mañana puede tornarse en negra y tenebrosa tormenta. Todo comenzó a cambiar con la muerte de la esposa de Pedro en un accidente deportivo: la pobre mujer murió ahogada mientras practicaba submarinismo. El suceso fue totalmente fortuito, al parecer debido a un fallo en las precauciones de despresurización durante la inmersión. El golpe que el destino descargó sobre las mejillas de Pedro fue terriblemente acusado por éste. De un plumazo había perdido a la única mujer que había amado: el dinero, queridos amigos, nunca consigue suplantar el amor; y es por ello que el trabajo en la firma con su socio ya no llenaba a nuestro buen contable. Da igual lo mucho que intentara centrarse en su labor, en su interior iba creciendo un vacío que nada en el mundo podía llenar. Aún cuando desviara su conciencia hacia los números, veía la mano de su esposa tecleando la calculadora. Cuando ponía la mente en blanco, era la suave susurro de la sonrisa de su difunta cónyuge la que devolvía con violencia a la realidad; como si su fantasma le rondara a lo largo del día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En ésta situación decidió desvincularse del mundo, matar sus recuerdos a golpe de alcohol. Al principio tomaba sólo una copa, la suficiente para hacer frente a otro día de ausencia. Luego tomaba un par de vasos, hasta coger el puntillo eufórico que le hiciera abandonar su tristeza por unos instantes. Finalmente necesitaba beber para desconectar del mundo, olvidar su soledad, su nostalgia y su vida… a fin de cuentas, sin su mujer no veía motivos para mantenerse sobrio: ¿Con quien iba a compartir el tiempo de desperdiciaba delante de la barra del bar? ¿Qué importaba el dinero si no iba a poder pagar a nadie para que devolvieran a la vida su más preciado bien? El alcohol le ayudaba a no tener que pensar, a dormir, a consumirse lentamente para poder reposar junto con su esposa en el menor tiempo posible.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo éste vicio acarreó una serie de efectos secundarios que fueron muy graves para el marido de mi cliente. Eduardo comprendió enseguida que su amigo y socio no estaba en condiciones de trabajar. Al principio no quiso comentarle nada, pensando que mientras se mantuviera ocupado, Pedro dejaría atrás sus preocupaciones. Era mejor tenerle en malas condiciones ocupando un puesto de trabajo que obligarle a estar desocupado en su casa, junto con todos los recuerdos de su difunta esposa; libre para hundirse más y más en la degradación que vivía. Sin embargo, los meses pasaron y la caída de Pedro en manos de la depresión era todavía más acentuada. Los negocios son un mundo poco comprensivo con los sentimientos. Si eres débil no puedes competir; el mercado es gobernado por la ley del más fuerte. Eduardo se vio empujado a mandar a su socio a unas vacaciones obligatorias que le mantuvieran alejado durante un tiempo de los asuntos de la empresa. Por desgracia, Pedro no entendió bien el gesto de su amigo. Tras perder a su mujer a nuestro contable sólo le quedaba ser un hombre respetable de negocios: aquellas vacaciones le quitaban cualquier identidad, la última sombra de su autoestima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cegado por su paranoia, Pedro acudió a un bar a coger una buena borrachera. Allí bebió durante horas, hablando por los codos contra su amigo y compadre. Abrir la boca más de la cuenta entre un grupo de desconocidos es algo peligroso si los que te rodean son conscientes de que eres un tipo importante. Contar todos los trapos sucios de tu socio; sus cuentas oscuras, fraudes al fisco, blanqueo de capitales y lindezas por el estilo a un conjunto de individuos que apenas conoces puede ser catastrófico; sobre todo si el tipo que presta más atención pertenece al cuerpo de la policía judicial y tiene hilo directo con la inspección de hacienda. Pedro no llegó nunca a partir hacia sus vacaciones forzosas. El segundo día de asueto forzado lo pasó declarando en una comisaría; el tercero delante de un juez. Gracias a su abogado obtuvo un buen trato: por una pena mínima iba a cambiar su destino tras unos barrotes a costa de su amigo, su socio, su hermano. Una traición por un despecho. A pesar de todo lo deprimido que creía estar, Pedro fue de golpe consciente de que no quería acabar en la cárcel. Puestos a elegir, mejor cargar con ese muerto a otro; aunque sea tu mejor amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La colaboración de nuestro contable, sus conocimientos y los datos que aportó en el juicio condujeron a Eduardo a la cárcel. Quien había estado en la cresta de la ola; quien había sido un hombre ejemplar, se había convertido de la noche a la mañana en un villano. Los periodistas y tertulianos se felicitaban de que la justicia golpeara por fin a los poderosos: un hombre rico en un banquillo es una jugosa noticia. Nos hace pensar que la ley es igual para todos, que no importa el dinero que tenga, pues pagará por todos sus crímenes, y por aquellos que cometen diariamente la gente rica como usted: le aguarda una condena ejemplar. El juicio fue seguido con pasión por el gran público; la condena, celebrada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Eduardo acabó en prisión, traicionado por su mejor amigo y aborrecido por todos aquellos que le rodeaban. Su familia vio como se les cerraban puertas que antes se abrían ante ellos con alfombras rojas. La mujer de Eduardo, mi cliente, era una amante esposa. Idolatraba a su marido: se había casado con él por amor. Era una mujer rica, si por algo había conseguido seducir a Eduardo era porque no andaba detrás de su dinero: ella tenía patrimonio suficiente como para vivir cien vidas lujosamente. Cuando todos les dieron la espalda, nuestra querida amiga no pudo evitar buscar al culpable de todo aquello. Tenía que pagar por todo el sufrimiento que les había causado: por la tristeza que refulgía en los ojos de su marido cada vez que iba a visitarlo al presidio. Eduardo no paraba de preguntarse por qué le habían traicionado de aquel modo. Quien había sido su amigo, socio, hermano y confidente se había convertido en su delator, enemigo y verdugo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Pedro pasó unos meses en la cárcel y al salir no pudo contener la mirada de la esposa de mi cliente. Para evitar cruzarse con ella por la calle, vendió su casa: cambió de calle, de barrio, de ciudad, de país. Un vuelo lo llevó a su exilio voluntario en Londres, donde nadie conociera su pasado en la cárcel, donde su rostro no fuera conocido por los periódicos. Tenía que empezar de cero y no podía hacerlo en su país: nadie da empleo a un contable indiscreto y conocido por su reciente paso por la prisión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, la mujer de Eduardo no estaba dispuesta a dejar salir impune a nuestro hombre por todo el daño que le había hecho. Aquel contable tenía muchas cuentas que rendirle: e iban a ser pagadas con intereses. De hecho tenía un eficiente cobrador volando hacia Heathrow, el aeropuerto principal de Londres. Un tipo del que tenía buenas referencias. Un sicario sin nombre al que había pagado una importante suma por hacer un poco de contabilidad creativa. Obviamente estoy hablando de mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111083522431412965?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111083522431412965/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111083522431412965' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111083522431412965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111083522431412965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/contabilidad-creativa-parte-i-el.html' title='Contabilidad creativa (Parte I: El precio de la traición)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111055789440275265</id><published>2005-03-11T08:15:00.000-08:00</published><updated>2005-03-11T08:28:08.823-08:00</updated><title type='text'>Cometido justiciero</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/justicia.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Muy pocas víctimas de un asesinato son conscientes del peligro que corrían antes de su muerte. Si hubieran sido plenamente informados de las intenciones homicidas de sus rivales y las hubieran sopesado con detenimiento, seguramente no reposarían sus restos en una sepultura. Poca gente se levanta por la mañana con la certeza de vivir los últimos momentos de su vida: puede que junto con algunos enfermos terminales, éste sea sólo un privilegio de los suicidas y los condenados. Digo bien; “privilegio”, pues considero que todo el mundo debería conocer el momento, las causas y el lugar de su muerte con antelación. Aunque esto seguramente significaría el final de mi oficio (junto con el de las casas aseguradoras), sin duda ayudaría a plantearnos radicalmente la vida que vivimos. Empezaríamos a valorar las cosas realmente importantes, dedicaríamos menos tiempo a trabajar como autómatas para ofrecerlo al cariño y atención de nuestros seres queridos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Saber el momento de nuestra muerte, sin duda, nos ayudaría a decir aquello que habitualmente nos callamos por timidez, cobardía o pudor. Haríamos cosas que sin duda no nos atreveríamos a llevar a cabo en circunstancias normales, pero que la premura de la cuenta atrás hacia la eternidad nos empujaría a hacer. Aunque solo tuviéramos una semana de anticipo a la hora final, no albergo la menor duda de que durante esos siete días viviríamos con mucha más plenitud que en años o meses de rutinaria monotonía. El privilegio de saber que todo se acaba irremediablemente en un tiempo determinado te permite tener el protagonismo del que carecen las personas que fallecen súbitamente, sin previo aviso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Por fin podríamos declarar abiertamente nuestro amor a esa persona que tanto nos gusta, pero que a la vez nos intimida: superaríamos el miedo al rechazo y sortearíamos todas esas barreras psicológicas que nos hacen dar vueltas a la cabeza sin parar hasta que se nos pasa la atracción por quien amamos en secreto. A la vez podríamos mandar a hacer puñetas a ese jefecillo que tan importante se cree y tanto nos toca los huevos; o bien hacer las paces con esa persona con la que tuvimos un fuerte desencuentro por una bobada y ya no hemos vuelto a hablar. Tendríamos la oportunidad de decir a quienes nos rodean lo mucho que nos importan; podríamos regalarles flores o bombones para hacerles un cumplido que no les dedicamos normalmente: como si dar una chispa de afecto y felicidad a los que apreciamos debiera reservarse sólo a fechas señaladas. En la mesa, la gente comería lo que le viniera en gana, sin tener que ceñirse a platos saludables pero insípidos: sería el momento de darse un buen homenaje antes de partir al otro barrio. Sabiendo que nos vamos, podríamos despedirnos de nuestro entorno, besar y acariciar mientras consolamos a los que se quedan; dar consejos provechosos y cerrar todas las indicaciones para nuestra ausencia. Nos iríamos con la conciencia tranquila y el amor de los que nos importa palpitando con fuerza en nuestro corazón moribundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;En definitiva; conocer el momento, la hora y las causas de tu muerte es un auténtico privilegio. Quizás la justicia cree que dibujando un destino de muerte al reo le está condenando con dureza. Personalmente creo que, aunque el castigo es cruel (pues sólo el estado puede poner legalmente a alguien fuera de la circulación sin necesidad de matarlo como hacemos los sicarios), el preso adquiere un privilegio que poca gente disfruta. El mismo juez que lo sentencie al patíbulo puede morir al día siguiente en un accidente de tráfico: su reo vivirá más tiempo que él y encima tendrá ocasión de despedirse de sus allegados sin causarles el trauma del abandono súbito de la vida. Todos los honrados ciudadanos de la ciudad del condenado que mueran accidentalmente en el tiempo que pasa desde que se dicta la orden de ejecución hasta que se hace efectiva, son objeto de un gran agravio respecto al que se cree que está siendo castigado con dureza. El hecho de permanecer en la celda durante años, acumulando polvo y pasando años privado de libertad es un castigo mucho más duro que vivir tres semanas con un suculento banquete final elegido por el inquilino del corredor de la muerte. A fin de cuentas el condenado a la pena capital dejará de existir y de sufrir: no tendrá tiempo para purgar sus culpas y arrepentirse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;En cierta manera, los sicarios nos parecemos mucho a los verdugos de la ley. Realmente estamos haciendo efectiva la sentencia dictada por nuestros clientes sobre la cabeza de las víctimas. Si no entramos a valorar el hecho de que ponemos fin a unas vidas señaladas, en realidad nuestros clientes actúan igual de mal que nuestro amigo el juez. El matiz es que a diferencia de éste, la decisión de nuestros contratantes no es gratuita: deberán pagar una importante suma por la muerte del individuo que ordenan suprimir. Independientemente de si actúan bien o mal, al ordenar éstas ejecuciones, los clientes de un sicario están pagando mucho dinero que les sirve para expiar cualquier terrible error. El juez puede equivocarse y obrar mal condenando a alguien a muerte, pero nunca pagará un céntimo por su error. A lo sumo tendrá algún problema pasajero de conciencia: nada que no se pueda arreglar con un buen par de psicólogos y unas cuantas pastillas para dormir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Siempre me han causado cierta hilaridad esos servidores de la justicia que se rasgan las vestiduras al sentar a un sicario en el banquillo y relatar sus crímenes a la sala. El tipo que &lt;span style="font-style: italic;"&gt;compadece&lt;/span&gt; (pongo bien el verbo, si es que esperaban que escribiera "comparece") ante el tribunal era del todo consciente de los riesgos de su trabajo, sabía bien que su tarea no está bien vista por la sociedad, y tiene la absoluta certeza de que el dinero de sus crímenes está pagando a toda una legión de eficientes abogados dispuestos a desvivirse por su inocencia. En esos momentos se está juzgando a un tipo que por su claridad de ideas debería ser enaltecido respecto del mundo hipócrita en el que vive. Por su parte, el asqueado servidor de la ley trabajará meticulosamente por meter en la cárcel a personas que pueden pasar años purgando un delito que no han cometido; y nunca se le caerán los anillos por ello. Es un tipo que no sabe el rumbo que lleva en su trabajo, salvo que su ambición puede hacer ver como evidentes unos hechos condenatorios más que dudosos para meter a alguien tras unos barrotes, sino para presentarlo ante un patíbulo. Con cada caso “ganado” tendrá una medalla en su currículum: poco importa si se ha hecho justicia o no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Hablo con conocimiento de causa; pues todos mis “pavos” han sido víctimas de tan devotos servidores de la ley. Mientras yo me preparo para un nuevo trabajo que acabará con alguien muerto, decenas de personas perfectamente sospechosas están pagando mis deudas con la ley en prisiones de todo el mundo. Comprendan que no tenga, de éste modo, un buen concepto de la “justicia”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;A mi modo de ver, puede que realmente el trabajo del sicario no se diferencie mucho de la labor del “justiciero”. A fin de cuentas "ajusticiamos" sin contemplaciones a personas que han adquirido una deuda de sangre con nuestros contratantes. Nosotros cobramos esa deuda con su vida. Lo más seguro es que con nuestra acción, las víctimas nunca tengan tiempo de arrepentirse del daño que causaron a nuestros clientes hasta el punto de pagar por su muerte. Morirán ignorantes de sus errores y culpas en una relación tormentosa que no tuvieron voluntad de encauzar. Puede que no le dieran la importancia que realmente tenían sus acciones sobre los que ordenaron matarles, o bien se la concedieron a sabiendas del daño que hacían. Sea como fuere, la sangre llegó al río. Lo que seguro que no calcularon fue que la corriente de ese río arrastraría su cadáver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111055789440275265?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111055789440275265/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111055789440275265' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111055789440275265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111055789440275265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/cometido-justiciero.html' title='Cometido justiciero'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111049077473361126</id><published>2005-03-10T13:36:00.000-08:00</published><updated>2005-03-10T13:39:34.773-08:00</updated><title type='text'>Aterrizando en un nuevo encargo.</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/aeropuerto.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Una nueva ciudad, gente extraña en la terminal del aeropuerto. Me gusta mucho éste tipo de ambiente. Es como si el mundo se concentrara en un edificio donde las patrias de los hombres fueran el cielo y las nubes. A tu oído llega el sonido exótico de lenguas entremezcladas por las gargantas de los cinco continentes; ante tu mirada se abre el abanico de las razas, la moda y las tradiciones de países cercanos y distantes. Quedas admirado por los turbantes Sijs y las cofias hebreas; enormes escandinavos de piel sonrosada pasean con la mirada perdida buscando su embarque mientras que diminutos japoneses teclean con rapidez sus ordenadores portátiles para cerrar la agenda de la semana mientras esperan a que su vuelo salga sin retraso. Después de tantos años viajando en avión todavía no me he cansado de semejante espectáculo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Siempre me ha gustado volar. En particular adoro el empuje brusco del avión al enfilar la pista de despegue: los motores braman con fuerza para desplazar a velocidad de vértigo el tonelaje del aparato durante unos instantes. Luego, como por sorpresa, estás inclinado varios grados respecto al horizonte, volando hacia tu destino. El mundo se va empequeñeciendo a la vez que vas ganando altura. Por fin llega un momento en que vuelas más alto que las nubes que te impiden ver el cielo con su manto los días de lluvia. Ahí arriba hay paz. Es lo más parecido que existe a la reencarnación. Dejas atrás una vida, un hogar, una familia, unos amigos y conocidos: llegas a un lugar nuevo donde al principio eres un extraño. Todo es novedoso y excitante; puedes cambiar de nombre, de pasado, incluso de forma de actuar, pues no hay nadie que sepa de tu antiguo “yo” por los alrededores. Puede que éste sea uno de los alicientes de la profesión de sicario. Tienes la potestad de elegir quién ser con cada viaje; dotarte de un nuevo nombre, nuevas aficiones, tener otro tipo de amistades, y otro modo de actuar… siempre que al final cumplas con tu trabajo dentro de unos determinados parámetros de seguridad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cada vez que empiezo un nuevo trabajo paso por una etapa de aclimatación al nuevo destino donde voy a realizar mi tarea. Me tomo mi tiempo para conocer la ciudad. Además tengo que buscar alojamiento, conocer la cadencia de los transportes, los gestos y costumbres del lugar, el acento de la gente al hablar, los temas de conversación habituales. Es importante saber, por ejemplo, qué toma habitualmente la gente en un bar. Si vas a tomar una cerveza en Gran Bretaña es preciso saber que allí la gente consume más un determinado tipo de caldo de la cebada fermentado de otro modo: se bebe en medidas distintas como la pinta, y a ser posible tiene que ser “bitter” (tostada) en lugar de “lager” (rubia). En Argentina, por su lado, es preferible pedir un mate a un café solo, en Francia es difícil que te den de comer a las tres de la tarde, y en Alemania es mejor no probar el café y decantarse por una buena “Weissbier” (cerveza de trigo, a ser posible acompañada de una salchicha rodeada de &lt;i style=""&gt;chucrut&lt;/i&gt;). La gente gris de todos los países del mundo tiene unas costumbres muy multicolores. Ser un tipo del montón en un sitio distinto requiere conocer qué elementos son los más cotidianos en su día a día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En éstos momentos me encuentro en ésta etapa de mi trabajo. Nueva ciudad, nueva residencia, nueva gente: nuevo objetivo. Es importante llevar dinero en metálico encima. A la hora de buscar hospedaje es probable que tengamos dificultades para encontrar el sitio ideal, y por lo general no nos asentaremos durante unos días. En todo ese tiempo tendremos que buscar asilo en hoteles, pensiones y fondas donde no llamemos demasiado la atención. Para costearlos es preferible evitar pagos con tarjetas de crédito; cuanto menor sea el rastro de nuestra visita a los alrededores del futuro escenario del crimen, tanto mejor. Es por ello que precisaremos de una cartera donde el dinero esté disponible para pagar al contado: unos 2.000 € es una cifra prudente hasta que logremos asentarnos. Con ello podremos costearnos una cama, un armario y una comida durante algún tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;A la hora de buscar una residencia fija en nuestro nuevo destino, yo siempre he encontrado un fiel aliado en las universidades. Suelo pasearme por las facultades de la universidad más cercana a mi campo de operaciones: allí es donde menudean los anuncios de estudiantes buscando compañeros de piso con los que compartir gastos. Son la gente más parecida a mí: individuos que han llegado a un sitio alejado de sus hogares, sus familias y amigos. Viven a su ritmo, sin obsesionarse en exceso por el dinero que les suministran unos terceros (padres o becas en su caso, mis clientes en el mio), y con un determinado objetivo (el suyo es sacar una carrera, el que a mi me atañe es acabar con una vida). A pesar de mi edad no suelo tener problemas para asentarme en pisos de estudiantes: la semejanza de nuestras vidas hace que nos entendamos bien y la convivencia sea apacible. Suelo ser comprensivo con las fiestas que organizan en las casas y si me encuentro con ánimo me sumo a ellos unos instantes. Sin embargo, lo mejor de todo es que, por lo general, los inquilinos de los pisos de estudiantes no figuran en ningún contrato de alquiler. El anunciante que ofrece compartir una habitación tiende a ser el sujeto que ha contraído el acuerdo con el casero: los demás compañeros de piso simplemente ayudan a pagar el alquiler. Si no son conflictivos y teniendo liquidez, no es extraño que te arrienden la habitación; máxime cuando, como en éstos momentos, la búsqueda de un nuevo compañero se produce con el curso ya muy avanzado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Como ven, mi vida cambia de golpe con cada nuevo trabajo. Ahora mismo escribo contra el reloj antes de que cierren el local de Internet. Mientras me hago a la nueva ciudad, y antes de empezar mi trabajo, es probable que siga manteniendo el ritmo del relato de mis memorias. Después, estudio y sangre&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;me esperan. Hasta entonces les contaré otras historias de mi carrera profesional.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111049077473361126?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111049077473361126/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111049077473361126' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111049077473361126'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111049077473361126'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/aterrizando-en-un-nuevo-encargo.html' title='Aterrizando en un nuevo encargo.'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111035371193433307</id><published>2005-03-08T23:32:00.000-08:00</published><updated>2005-03-08T23:35:11.940-08:00</updated><title type='text'>De nuevo en acción.</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/gun.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Hace unos días recibí un correo electrónico en mi cuenta de contacto. Otra vez solicitan mis servicios. Otra vez alguien está a punto de vivir sus últimos meses de existencia en éste mundo. En éstos momentos estará durmiendo, desayunando, paseando al perro, viendo la televisión, besando o entrando a trabajar. Da igual. Aún no lo sabe, pero está consumiendo su último año de vida. La gente con la que se cruza todos los días, le saluda, charla sobre el tiempo, sobre política, sobre deportes, sobre automóviles o tecnología; descubrirá con dolor su esquela dentro de unas cuantas semanas. Será entonces cuando sean conscientes de la levedad de éste mundo; de lo fugaz que es la vida. En su interior sentirán el cosquilleo del miedo: si alguien que hace poco parecía tan lleno de vitalidad y energía está muerto…¿Quién les dice a ellos que no les puede pasar lo mismo? ¿Quién les asegura que a sus seres queridos no les aguarda un final semejante? Luego cerrarán los ojos, desviarán sus pensamientos a cosas triviales como la televisión, o la lectura, o la música… y olvidarán todo esto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;De nuevo vuelvo a estar en activo. Ésta misma tarde he de coger un avión a otra ciudad. Deberé volver a poner en marcha los protocolos habituales: los seguimientos, los sobornos, la adquisición de material, el estudio de las conductas, el análisis de los patrones de riesgo y finalmente la ejecución de la tarea. Durante unas semanas dejaré de ser Antonio García para convertirme en otras personas con nombres corrientes, aspecto gris y conversación predecible. Volveré a convertirme en un actor que representa un papel donde habrá de improvisar mucho a fin de que el drama que ocupa su cartel de esta nueva función sea llevado a buen término. Les aseguro que al final de la obra alguien del público acabará llorando, pues uno de los miembros de toda la pantomima acabará muerto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Esta es la vida del sicario. Durante unos meses mantengo una rutina sencilla y tranquila. Un buen día recibo un aviso, estudio a mi contratante, y si el encargo lo merece, me pongo manos a la obra. El jueves pasado recibí la primera comunicación. Ésta misma tarde salgo a trabajar. Ya me he despedido de mis familiares y amigos; en el fondo están acostumbrados a perderme de vista durante algún tiempo de forma regular. No le han dado mayor importancia. Me pregunto si algún día no regreso de mi trabajo, si estarán lo suficientemente acostumbrados a perderme como para echarme de menos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Hoy he madrugado. Me gusta hacerlo antes de partir. Paseo por mi vecindario justo antes del amanecer. Me gusta sentir el aire fresco en los pulmones, la calle vacía de gente, los ruidos del campo al despuntar el alba. Son sólo unos breves instantes, dado que todavía estamos en invierno. En verano, al alargarse los días, puedes disfrutar más de la soledad en las horas tempranas de la mañana. A esos momentos, cuando salgo a pasear, puedes ir a la ciudad y sólo encontrarás abiertas unas pocas cafeterías y comercios de prensa. La gente se encuentra aún levantándose o desayunando para salir a trabajar. Es un día más entre semana y no hay motivo para que se levanten antes de la cuenta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Esto me permite disfrutar en privado de calles desiertas, es como pasear por el campo en plena ciudad. El cielo, cuando está limpio de nubes, toma esa claridad hermosa que precede al amanecer: el aire está cargado de un perfume que desaparece al ser calentado por los rayos del sol. La naturaleza nos regala todos los días un fabuloso espectáculo con el nacimiento del día; pero por lo general somos unos seres estúpidos que no reparamos en éstos cotidianos milagros: preferimos dormir, desayunar o coger el coche rumbo al trabajo en lugar de sentarnos y disfrutar del acontecimiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Yo encuentro un placer indescriptible en estos momentos. La ausencia de individuos por la calle, el tráfico de automóviles inexistente, te permite descubrir una nueva cara en la ciudad. El silencio que te otorgan esos instantes te permite vislumbrar la vida oculta de la urbe que muere con el ruido de la vida moderna. Para tu asombro descubres el canto de los pájaros en los árboles de las alamedas más concurridas; o el ruido de las hojas de éstos mismos árboles al bailar con las ráfagas del viento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Son las 8:18 am y acabo de regresar de mi paseo. La concurrencia de ejecutivos a sus puestos de trabajo y el despertar del tráfico han señalado el fin de mi particular deleite. Al volver por carretera a mi urbanización he visto al otro lado de la calzada el atasco matinal, al entrar en mi calle, mis vecinos salían de sus casas en dirección a sus empleos. Vivo una vida al revés. Cuando ellos regresen esta tarde a sus hogares, yo estaré cogiendo un avión para comenzar mi trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin duda esto me impedirá mantener actualizada ésta página de mis memorias tanto como me gustaría. No podré mantener la regularidad de mis escritos del mismo modo en que lo hago durante mis meses de vida ociosa. El trabajo me suele absorber en exceso: me juego mucho en éstas partidas, al igual que mis oponentes. Yo arriesgo mi dinero, mi libertad y dependiendo de la reacción de mi víctima, hasta me juego la integridad física. Mi oponente se juega su vida. Si todo sale según lo planeado, volveré a cobrarme a mi presa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Intentaré escribir de vez en cuando desde donde me encuentre. Comprenderán que por motivos de seguridad no les de detalles de mi próxima labor. De cualquier modo no espero tardar más de dos meses en poner fin a la vida del individuo que tengo el encargo de eliminar. Cuando termine seré un poco más rico y estaré algo más cerca de jubilarme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Por ahora disfruto del aroma del café del desayuno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111035371193433307?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111035371193433307/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111035371193433307' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111035371193433307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111035371193433307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/de-nuevo-en-accin.html' title='De nuevo en acción.'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111028252857894024</id><published>2005-03-08T03:47:00.000-08:00</published><updated>2005-03-08T03:48:48.593-08:00</updated><title type='text'>Amor Fraterno (Epílogo: Sopa de sobre)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/sopa.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Irse de casa de tus padres implica una serie de responsabilidades que desconoces en el momento de dar el paso al emanciparte. No tardas mucho en comprender que tu nueva casa no se limpia sola, ni que tu ropa no se mete en la lavadora por sí misma, ni que los platos de comida no aparecen sobre tu mesa por generación espontánea. Salir del nido paterno significa romper con una serie de lazos que conllevan la asunción de tareas nuevas que no siempre aprendemos a controlar enseguida. Tardaremos un tiempo en aprender a hacer bien una colada, a planchar la ropa, o a cocinar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cuando alquilé mi primera vivienda, yo me encontraba en una situación similar. Mis dotes culinarias eran francamente mediocres, y durante un tiempo tuve mi sustento principal en la sopa de sobre: de preparación fácil y rápida, sabor aceptable y agradable fuente de calor en el estómago. Recuerdo todavía su aroma y textura aquel mediodía en que volví a casa tras asesinar a Blanca Garriges. Había regresado a casa con la mente y la mirada perdidas; con una enorme sensación de vacío en mi interior. Tenía la percepción de haber cometido una chapuza cruel, un trabajo de amateur. Me sentía desmotivado y miserable: no conseguía abandonar el recuerdo de mi debilidad y perversión ante la imagen desnuda de mi víctima. Me había hipnotizado con su sensualidad y el deseo me había abofeteado en el momento de actuar. Era un imbécil, un pervertido homicida. Difícilmente podría compensarme el dinero de Samuel Garriges aquella sensación de asco que arrastraba hacia mí mismo. En el recibidor del piso tenía un espejo donde acostumbraba a cerciorarme de mi aspecto antes de salir por la puerta; al entrar en casa evité la mirada de mi reflejo hundido en la vergüenza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Entonces me dirigí directamente a la cocina, coloqué un cazo con agua en el fogón y me puse a preparar una de mis acostumbradas sopas de sobre. Me mantuve absorto en la tarea: con la mirada clavada en la ebullición del agua. En el burbujeo adivinaba la figura de Blanca Garriges, recostada en la bañera con las venas seccionadas tiñendo de rojo su alrededor: sopa de Blanca. Al verter el contenido del sobre en el cazo hirviente se abrió ante mis ojos una danza salvaje de fideos, verduras y guisantes diminutos y rugosos; éstos últimos me recordaban la piel reblandecida por la ósmosis del cuerpo de mi víctima: los carnosos labios amoratados de Blanca. Finalmente apagué el fuego, introduje una cuchara en el caldo humeante, soplé durante un rato la cucharada de sopa caliente y finalmente degusté su sabor. Estaba un poco salada. Era un sabor familiar. Caí en la cuenta de que tenía el gusto a salitre que despiden las lágrimas al rozar los labios: llanto de Antonio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Con aquella sopa iba a tragarme mi vergüenza, mi llanto, la imagen de mi víctima y el recuerdo de mi delito. Fue como un acto de redención. Con cada sorbo iba reviviendo mi último crimen, pero con cada trago iba saciando mi estómago. Finalmente terminé mi plato satisfecho. Fue la metáfora de mi tránsito hacia el sicariato profesional: me obligué a mi mismo a saborear con intensidad cada cucharada de debilidad y culpa, a tragar mi propia duda y llanto, y con éste plato llené el vacío que había ido aumentando en mi interior hasta comprender que al final de todo el proceso, estaba satisfecho. Fue en ese momento cuando corroboré que había nacido para hacer esto, que se me daba realmente bien, y que a pesar de todos los pesares, Antonio García era un sicario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En cuanto a mi víctima; el cadáver de Blanca fue hallado en la bañera por el servicio del hogar al día siguiente. Su muerte conmocionó a la facultad de bellas artes, pero no mereció ni una línea en la prensa. Existe un código profesional en el ámbito del periodismo que obliga a no informar de las andanzas de los suicidas. Alguien que se liquida a sí mismo y consigue llamar la atención puede ser un ejemplo a seguir por aquellas personas que buscan ser tenidas en cuenta en sus desgracias. Es por esto que para prevenir que se siga el ejemplo de alguien que se quita la vida, los medios de la prensa tienden a evitar hacerse eco de los suicidios que se producen en la ciudad. Usted puede saltar desde lo alto de un edifico en la avenida principal de una gran ciudad en plena hora punta, a la vista de centenares de personas; que al día siguiente no aparecerá ni una triste línea referente a su impacto contra el suelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;De ésta manera, Blanca Garriges tuvo una muerte anónima. Los encargados de la limpieza de su casa sacaron el cuerpo de entre las aguas ensangrentadas y llamaron a una ambulancia. Los médicos sólo pudieron certificar su muerte. La autopsia reveló que antes de morir desangrada, la joven había ingerido una mezcla de drogas y antidepresivos bastante elevada; seguramente para asegurar el éxito del suicidio. La policía no se partió la cabeza buscando razones para tal muerte a tenor de los sombríos cuadros que poblaban su estudio; la confirmación de que Blanca había recurrido a tratamiento psiquiátrico fue más que suficiente como para señalar en el informe del suceso que la fallecida se había quitado la vida por sí misma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Su único pariente vivo, su hermano, se encontraba en esos momentos en Suiza, cerrando un importante negocio para la banca Garriges. Al conocer la noticia se mostró consternado, regresando de inmediato a la ciudad para participar en las exequias de su hermana. Todos sus allegados subrayaron la entereza y el pundonor de aquel joven empresario, capaz de sobreponerse a los terribles golpes de la vida y triunfar de un modo tan sobresaliente en los negocios. Aquel año recibió el apoyo de muchos medios financieros, fue nombrado hombre del año por un par de revistas especializadas en economía, y fue profusamente homenajeado por organizaciones de empresarios de todo el país. Samuel Garriges era un ejemplo a seguir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, alguien más, aparte de sí mismo, conocía el verdadero alcance de su amor fraterno. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111028252857894024?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111028252857894024/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111028252857894024' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111028252857894024'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111028252857894024'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/amor-fraterno-eplogo-sopa-de-sobre.html' title='Amor Fraterno (Epílogo: Sopa de sobre)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-111019674622798259</id><published>2005-03-07T03:53:00.000-08:00</published><updated>2005-03-07T03:59:06.290-08:00</updated><title type='text'>Amor Fraterno (Parte III: Lágrimas de un Sicario)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/suicidio.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En ocasiones los trabajos más sencillos se nos antojan extrañamente complicados. No es hasta que damos el primer paso, que caemos en la cuenta de que es nuestra propia actitud la que nos frena a la hora de hacer lo que debemos. Es como cuando aprendes a andar en bicicleta: la obsesión de que vamos a caer en cuanto demos dos pedaladas nos acaba pesando de tal modo, que necesitamos varios golpes y caídas hasta que somos conscientes de que en realidad todo es mucho más fácil de lo que pensábamos. A partir de la confianza que adquirimos al mantener por unos instantes el equilibrio, es cuando realmente somos capaces de montar en bicicleta y no olvidarlo nunca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Matar a Blanca Garriges fue, a su manera, una prueba de fe. Un examen a mi propia determinación y voluntad. Aunque hoy en día me arrepiento mucho de haberla dado muerte, soy consciente de que fue gracias a éste trabajo cuando tuve claro por primera vez en mi vida que el sicariato no era algo temporal. Iba a ser mi modo de vida para bien o para mal, y debía asumir mi naturaleza, aceptarme a mí mismo y no sentir miedo ni remordimiento. Y es que por primera vez en mi carrera era consciente de que iba a eliminar a alguien completamente inocente: una persona que no había actuado con malicia u odio hacia mi cliente. Blanca era sólo una víctima de las circunstancias, una chica desafortunada que iba a ser sacrificada por orden de su propio hermano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Debo admitir que la personalidad de mi objetivo me tenía bastante intimidado. En ella se juntaban de la mano la belleza más deliciosa y la tragedia más amarga. Admitir que me sentía atraído por ella no debe ser algo de lo que me avergüence. Es el hecho de haberla dado muerte lo que me ha hecho recordar con amargura aquel trabajo. Acabé con aquello a lo que quería en secreto: nunca había cruzado una palabra con ella, pero la conocía mucho mejor que aquellos que se llamaban sus amigos. Y terminé por amarla. Me enamoré de sus gestos, de su rostro, de sus debilidades y de su soledad. Cuando maté a Blanca en el altar del dinero comprendí que no era mucho mejor que Samuel Garriges, y eso debo decir que pesó sobre mi conciencia durante un tiempo: con el paso de los años lo terminé por superar, pero aún hoy en día no estoy orgulloso de lo que hice.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El día en que entré en casa de Blanca a sabiendas de que no saldría de allí sin haberla eliminado, descubrí por primera vez que me temblaban las piernas. Estaba aprendiendo a montar en la bicicleta del asesinato profesional y ésta era la prueba de fuego. Iba a quitar las ruedecillas auxiliares y comprobar si era capaz de pedalear por mí mismo en la ruta de la sangre fría, la crueldad y la insensibilidad. No tardé en comprobar que era muy apto para éste cometido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Fue tras una de las habituales fiestas con que Blanca agasajaba a sus compañeros universitarios cuando procedí a darla muerte. Había estudiado cada uno de los rincones de la casa, y ya había elaborado un plan para poner fin a la vida de mi objetivo. Aunque muy poca gente lo sabía, la joven Garriges se encontraba en tratamiento psiquiátrico tras la muerte de sus padres. Había recorrido varias de las mejores consultas médicas de la ciudad exponiendo su problema a “comecocos” de renombre que la miraban con seriedad pero le ayudaban bien poco. Escuchaban sus cuitas y sus miedos, la soledad en que se sentía abandonada por la muerte de sus padres y el distanciamiento con su hermano; asentían con la cabeza al verla confesar lo mucho que le costaba asimilar la nueva situación, la ausencia de afecto y la escasez de apoyos para afrontar el día a día. Aquellos ilustres psicólogos y médicos sintieron piedad, pero no habían sabido o querido ayudarla de verdad. Finalmente uno de ellos le había recetado unos antidepresivos que le hacían sentir momentáneamente “bien”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cuando visité su residencia en una de las fiestas que daba pude ver los medicamentos en el baño. Estaban en un armario debajo de un tocador donde seguramente se maquillaba antes de hacer de anfitriona. Aquel armario delataba la ausencia no superada de sus padres: junto a las toallas de ducha estaba doblado un albornoz con las iniciales bordadas de su madre, y en uno de los cajones aún estaban los efectos de higiene personal de su padre: espuma de afeitar, cuchillas, &lt;i style=""&gt;after shave &lt;/i&gt;y colonia masculina. Disponía ya de las armas necesarias para mi labor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Los domingos por la mañana; cuando se despertaba entre las sábanas del cuarto de matrimonio junto a su conquista de la noche anterior, Blanca empezaba una rutina bohemia y decadente. Despachaba a su amante y paseaba por aquella casa sucia y desordenada tras la fiesta de la víspera. El servicio de limpieza no vendría hasta el día siguiente, así pues vivía en la inmundicia durante toda una jornada. Desayunaba frugalmente, y después se desnudaba y se tiraba a la piscina tropical del jardín. Al estar climatizada poco le importaba el tiempo que hiciera en el exterior: era el modo en que se quitaba el rastro del acto sexual de la noche de fiesta y amor con un desconocido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Después rebuscaba algo de droga entre los restos que le habían dejado los invitados de la velada, se colocaba, y desconectaba del mundo durante un rato. Dormía con su dosis durante largo tiempo: le ayudaba a olvidarse de sus problemas y le servían de inspiración. Luego, aún bajo los efectos de la droga, se despertaba y subía al estudio que tenía en la segunda planta de la vivienda. Allí pintaba sus cuadros: tristes, oscuros y deprimentes. La estancia estaba llena de oleos, pintura, pinceles, disolventes y barnices. Sobre la pared colgaba una foto de sus padres sonrientes, admirados por el talento de su hija. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Aquel día no subiría a pintar. A diferencia del resto de los invitados a la fiesta de la noche anterior, yo no me marché. Esperé agazapado en una zona boscosa del jardín, cerca de la piscina, a que despachara a su amante. La observé, tras unos setos y matorrales, ir a la cocina, desayunar con la mirada ausente, recorrer el salón diseminado de desperdicios y saltar en cueros sobre la piscina. Su imagen desnuda era tan hermosa, que descubrí con alarma que en mi entrepierna se habría paso una poco profesional excitación sexual. La juventud te hace éste tipo de jugarretas; los instintos juegan en tu contra. Aquello empezaba a ser peligroso; si no conseguía mantener la concentración podía acabar cometiendo fallos. Empecé a desviar mi mente hacia otros menesteres mientras ella nadaba en la piscina. Por fin salió del agua, se anudó un albornoz rosa y se metió en la casa. Al de veinte minutos estaba inconsciente por el efecto de las drogas duras que le suministraba para sus fiestas una de sus mejores amigas. Era el momento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Blanca no acostumbraba a cerrar la puerta corredera que daba entrada a la casa desde la piscina. El sistema de seguridad del hogar estaba desconectado debido a que los invitados que se quedaban a dormir en las habitaciones de la casa tras la noche de desenfreno podían hacer saltar las alarmas al marcharse, por lo que no había peligro alguno en mi acción. Entré dentro del inmueble y me dirigí directo al baño. Del armario saqué los dos botes de antidepresivos que Blanca guardaba y abrí el grifo de la bañera. En el salón, mi víctima viajaba inconsciente a un mundo alejado de las preocupaciones mundanas, al lugar donde vivían las musas de su inspiración ante el lienzo. Cuando la vi tirada en el sofá, con los ojos cerrados, respirando pausadamente y con la boca entreabierta, supe que estaba completamente a mi merced.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Me acerqué con sigilo y le deslicé un puñado de pastillas por los labios, ligeramente abiertos. Era el momento de dar a conocer mis cartas. Me abalancé sobre el cuerpo en reposo de la joven Garriges, inmovilizándola, y con la mano derecha le taponé las vías respiratorias. Blanca se sobresaltó, pero estaba demasiado aturdida como para reaccionar. Con la mano izquierda empecé a frotarle compulsivamente el cuello hasta que tragó todas las píldoras. Estuvo revolviéndose y gimiendo un buen rato; trataba de zafarse sin éxito de aquel individuo que la mantenía inmóvil en el sofá. El efecto de las pastillas no tardó mucho en causar un profundo sueño a mi víctima, que pronto dejó de revolverse bajo mi peso. Blanca moriría sin sufrimiento, tal y como pidió su hermano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Me costó mucho levantar el peso muerto de la joven inconsciente. Ustedes no se imaginan lo difícil que resulta cargar con una persona en volandas cuando no colabora. Es como acarrear un saco de cuarenta kilos de patatas por una casa. Al llegar al cuarto de baño me resbalaban grandes gotas de sudor por la frente. Le quité el albornoz e introduje su cuerpo desnudo en la bañera. La contemplación de su belleza, de sus formas y curvas; de su sensualidad joven y frágil atrajo sobre mí una ola de deseo. De nuevo volví a notar como la excitación sexual volvía a jugarme malas pasadas: tenía que terminar con aquello cuanto antes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Saqué del armario las cuchillas de afeitar de su padre, y sosteniéndolas con la mano inerte de la joven, le provoqué una incisión en la muñeca izquierda. Le seccioné las venas con una hoja que tenía que apretar entre sus dedos a fin de que aquello pareciera un suicido. No precisaba de ninguna carta de despedida: el tratamiento psiquiátrico, los antidepresivos, las drogas, los cuadros sombríos y lóbregos de su estudio, la foto sonriente de sus padres en la pared de la estancia donde pintaba… eran la prueba más evidente de que Blanca Garriges se quitaba la vida para huir de la soledad. La policía no le daría muchas vueltas. Además, en la casa había huellas y rastros de decenas de personas que habían acudido a la velada de la noche anterior. Sólo en el cuarto de baño donde el cuerpo de Blanca se desangraba podía haber decenas de rastros genéticos: buscar mi presencia era tanto como buscar una aguja en un pajar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cortarse las venas en la bañera es una forma de suicidio muy habitual, sobre todo entre las mujeres. Es una muerte relativamente tranquila: el enfriamiento del cuerpo que provoca la pérdida de sangre es compensado por la masa de agua caliente que le rodea. Apenas te das cuenta de que te vas al otro barrio. Lo único que se precisa es tener las agallas suficientes como para que el corte en las muñecas sea lo suficientemente profundo; de lo contrario la sangre coagulará pronto y la herida se cerrará. Es por ello que para encontrar el valor, muchas suicidas recurren al alcohol o a las drogas: se emborrachan o colocan para superar su miedo a la sangre. Una vez hecho el corte en las venas, metidas en la bañera con agua caliente, la paulatina pérdida de sangre, sumada al efecto alucinógeno de las sustancias que han ingerido para dar el paso al suicidio, hacen el resto. El debilitamiento del cuerpo les impide dar marcha atrás; en algunos casos la muerte no se da por desangramiento, sino que la suicida recostada en la bañera resbala por su propio peso, sumergiendo todo su cuerpo en el agua. La muerte entonces se produce por ahogamiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La imagen del cuerpo desnudo de Blanca Garriges tendido en aquella bañera mientras la rodeaba un manto rojo de sangre quedó grabado en mi memoria durante mucho tiempo. En su semblante se dibujó un gesto de infinita paz a la par que iba palideciendo con la pérdida de sangre: por fin iba a reunirse con sus padres. Finalmente su cabeza se inclinó inerte sobre su hombro. Sus labios carnosos estaban arrugados y amoratados; de su boca escapó un último aliento. Había muerto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sentado en el bidé frente a ella había estado observando como el agua se había ido tiñendo de aquel color escarlata tan característico. Había visto como su respiración se había ido apagando lentamente, hasta que su pecho no volvió a mecer el agua con una bocanada de aire. Mi trabajo estaba hecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sobre mis mejillas sentí un persistente cosquilleo. Dos gotas resbalaban hacia mi mentón. Aunque había sudado mucho cargando con el cuerpo de Blanca hasta el cuarto de baño, aquellas dos gotas que surcaban mi rostro no eran debidas al esfuerzo corporal; sino al esfuerzo del alma. Me acerqué al espejo empañado por el vapor del agua de la bañera y escruté a la figura borrosa que había tras él. No aparté el vaho, pues eso delataría mi presencia en el escenario del “suicidio”; pero tampoco necesitaba hacerlo para saber lo que había reflejado allí. Salí del baño y me senté en el sofá donde había asaltado a la joven cuyo cadáver yacía a escasos metros de mí. Las dos gotas de mi rostro se negaban a resbalar del todo, pegándose en mis mejillas. Con los dedos describí su estela sobre mi cara en sentido opuesto al que habían trazado; llegando a mis ojos, el orígen de aquellas dos lágrimas. Incliné la cabeza sobre mis manos, tapándome el rostro, encerrando al sicario frío y profesional que siempre me acompaña en mi trabajo, y con un gemido sordo rompí a llorar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-111019674622798259?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/111019674622798259/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=111019674622798259' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111019674622798259'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/111019674622798259'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/amor-fraterno-parte-iii-lgrimas-de-un.html' title='Amor Fraterno (Parte III: Lágrimas de un Sicario)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-110985078325940120</id><published>2005-03-03T03:51:00.000-08:00</published><updated>2005-03-03T03:55:35.370-08:00</updated><title type='text'>Amor Fraterno (Parte II: Belleza efímera)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/sensual.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;¿Alguna vez han visto una escultura de arena? ¿O una estatua de hielo? Ambas suelen ser levantadas por la mano habilidosa de un artista; alguien que moldea las formas y pule las superficies del frágil material con que trabaja. El resultado suele ser de una belleza difícil de describir: sin embargo su hermosura es pasajera, su destino es desaparecer en un corto espacio de tiempo. El viento, la lluvia, o la marea derribarán los castillos y figuras de arena; el sol y el calor derretirán los rostros de hielo. Cuando los elementos hayan terminado con su labor, en nuestra cabeza sólo quedará el rastro fugaz de aquella lindeza efímera nacida de las manos del escultor de lo pasajero. Si tuvimos oportunidad de inmortalizar la obra con una foto podremos recordar el volumen y las formas: sin embargo nunca será lo mismo. La escultura de la foto nunca podrá reemplazar la imagen y las sensaciones que vivimos al contemplarla de cerca: la brisa del mar que rodeaba a la construcción de arena en la playa, o la lluvia de colores que se formaba en las entrañas de la obra de hielo al ser expuesta a un foco de luz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Blanca Garriges tenía mucho de esta belleza fugaz: condenada a desaparecer. Era una chica joven y esbelta; de cabellos rizados y labios carnosos. En su mirada podías dibujar la limpieza del firmamento y la claridad de la luna, en sus movimientos adivinar el contorneo felino de la sensualidad. Su voz era tan suave que parecía un susurro delicado que pudiera quebrarse de un momento a otro. Por último, su sonrisa era abierta y alegre: iluminaba su rostro sembrado de pequeñas pecas, haciéndolo resplandecer entre la multitud anónima de estudiantes de la facultad de arte donde cursaba sus estudios. Creo que quedé prendado de ella en cuanto la ví. Enseguida comprendí que Samuel era un tipo sin escrúpulos, pero no fue hasta que vislumbré a mi víctima caminando entre sus compañeras universitarias cuando fui consciente de lo podrida que estaba el alma de mi cliente. Me estaba pidiendo que me convirtiera en viento, en lluvia, marea y calor: mi encargo era matar la belleza sublime y pasajera de Blanca. Y aún me arrepiento de haberlo hecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;La vida de Blanca se había transformado de golpe. Había sido la pequeña de dos hermanos: mimada y protegida. Sin duda sus padres habían reparado también en la belleza prematura de su hija, y es por ello que la habían colmado de cuidados y atenciones; como si fueran conscientes de que la joya más hermosa del patrimonio de los Garriges fuera aquella muchacha jovial y vitalista que era capaz de aclarar los nubarrones de un día lluvioso con su sonrisa. Blanca se hacía querer, y sin duda adoraba a sus padres: el sentimiento de amor era recíproco ante los cuidados de sus progenitores. No cabía la menor duda de que la súbita muerte de éstos en un accidente de tráfico había sido un duro trauma para mi víctima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Y es que el peligro de su deslumbrante belleza, el riesgo de quedar hipnotizado por el candor que irradiaba era precisamente no caer en la cuenta del drama interior que la joven Garriges arrastraba por dentro. De golpe se había quedado huérfana en la flor de la vida, con un hermano frío y distante, con una existencia que había sido moldeada para la felicidad y que se había teñido de dolor por la repentina muerte de sus padres. A pesar de su hermoso aspecto sólo había que observar los cuadros que pintaba en la universidad para ser consciente de la soledad de Blanca. Los tonos ocres y oscuros, los trazos violentos y rectos; la constante presencia del llanto y el abandono que mostraban sus obras me hacían compadecer el triste destino al que se había visto condenada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Blanca se esforzaba en ocultar su aflicción; cuanto más vacío encontraba en su interior, más resplandeciente se mostraba en la superficie. Sin embargo, como sicario, soy una persona habituada a conocer el más profundo subconsciente de mis objetivos, y no tardé en ver indicios de su sufrimiento en los minuciosos seguimientos que le hice. La creciente fortuna familiar que estaba levantando Samuel permitía a mi víctima llenar los huecos de su vida con remiendos de felicidad artificial: aquellos que se cosen con las puntadas del dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Las fiestas universitarias que ofrecía a sus compañeros de facultad eran una leyenda en todo el campus. Blanca abría de par en par la residencia de verano de sus padres: una vivienda unifamiliar rodeada de jardines bien cuidados en los que una enorme piscina tropical hacía las delicias de sus invitados. En sus veladas corrían de la mano el alcohol, las drogas y el sexo. Los jóvenes estudiantes entraban en tropel hacia las amplias estancias de la casa, bailaban al ritmo de la música que salía de un equipo de alta fidelidad de última generación, se emborrachaban con licores caros, fumaban hachís, marihuana u otro tipo de sustancias más duras y hacían el amor en la privacidad de las múltiples alcobas del hogar veraniego de los Garriges. No cabía duda de que Blanca era una fantástica anfitriona que gustaba de agasajar a sus invitados; como si de éste modo quisiera desviar las atenciones que dedicaba a sus difuntos padres y las repartiera entre aquella multitud anónima de universitarios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Fue en una de aquellas fiestas cuando pude entrar en la casa de Blanca, oculto entre la marea de gente que acudía a la llamada de la diversión frenética de la joven potentada. Paseé por cada una de las estancias y rincones del inmueble. Pude husmear a mis anchas y tomar nota de los elementos en que pudiera sostener mi plan para acabar con Blanca. No tardé mucho en ver los puntos débiles del recinto: lugares por donde un visitante inesperado pudiera colarse y dar muerte al morador de aquella villa del desenfreno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Igualmente pude observar a mi víctima de cerca; descifrar sus gestos, sus miradas y sus movimientos. Rodeada como estaba de gente eufórica y ociosa, yo era el único que conocía a la verdadera Blanca Garriges. Sólo yo era capaz de leer la soledad de su alma y su ansia por llenar los espacios vacíos de su espíritu. Donde todos los demás veían una chica jovial y alegre yo veía a la niña que llora desconsoladamente en la soledad de la noche. Era tan evidente que necesitaba afecto y cariño que una fachada de vacua riqueza no podía ocultármelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Lo veía en cada una de sus fiestas. Blanca siempre terminaba en los brazos del chico más atractivo de la noche; besándose con pasión, pidiendo a gritos calor humano. Luego sustituía la ausencia de afectividad con el sexo: se entregaba en cuerpo y alma por una noche a la lujuria con un desconocido. Al día siguiente, con la resaca del alcohol y desvanecido el deseo, despachaba a sus amantes y no volvía a repetir la compañía entre sus sábanas con él en la próxima velada. Siempre habría otros brazos en los que buscar los mimos y atenciones que se le habían privado con la defunción de sus padres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Era comprensible que con el tren de vida que llevaba, Blanca no contemplara en ningún momento deshacerse del protector manto económico que le brindaba el éxito de su hermano. Dado que Samuel era un individuo frío, poco comunicativo y distante; lo menos que podía hacer por ella era proveerle con dinero del amor que se negaba a depositar en su hermana. Sin embargo era evidente que se sentía herida por la displicencia con que era tratada por parte de su familiar vivo más cercano. ¡Cuánto más desdichada se hubiera encontrado de saber que la ambición de su hermano tejía su mortaja de las manos de un sicario!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;Conociendo sus patrones de conducta, sus vicios y errores, se acercaba el momento de actuar. Pronto llegaría el momento en que mi mano borrara del mundo la delicada belleza de Blanca: robando su vida como el sol derrite a la estatua de hielo. Tenía un plan elaborado que pondría en práctica en la próxima ocasión en que tuviera acceso al hogar de los Garriges.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Verdana;"&gt;La sentencia de muerte estaba a punto de ser ejecutada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-110985078325940120?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/110985078325940120/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=110985078325940120' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110985078325940120'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110985078325940120'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/amor-fraterno-parte-ii-belleza-efmera.html' title='Amor Fraterno (Parte II: Belleza efímera)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-110977783792459230</id><published>2005-03-02T07:29:00.000-08:00</published><updated>2005-03-02T07:37:17.940-08:00</updated><title type='text'>Amor Fraterno (Parte I: Dos hermanos muy unidos)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/fraternidad.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El mundo está lleno de gente sin principios. Auténtica escoria humana que no conoce límite alguno para alcanzar sus objetivos. Aunque muchos de mis clientes acuden a mí por causas extremas, otros recurren a mis servicios por pura ambición. No les importa pagar lo que sea por eliminar a alguien que les es molesto. No es necesario ni que la odien; a veces incluso sienten afecto por la persona que me ordenan ejecutar. Todo es cuestión de avaricia, ambición y dinero. Los sentimientos se aparcan a un lado y se priorizan los beneficios. Si éstos merecen la pena, simplemente se recurre a un sicario para que haga su labor. No hay más vuelta de hoja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La historia que hoy nos ocupa fue uno de mis primeros trabajos. Yo aún era un principiante en el mundo del homicidio. Mi caché profesional aún no me permitía cobrar grandes sumas de dinero; había quitado de en medio a cinco o seis individuos: técnicamente era un becario del asesinato. Por éste motivo, aunque mis clientes seguían siendo gente de muchos recursos económicos, yo aún era accesible a profesionales liberales y gente con una economía no excesivamente boyante. Había empezado a asentarme en el mundillo; había asimilado bien mis primeras experiencias como sicario, había actuado con notable eficacia en mis trabajos anteriores y mis contratantes eran personas jóvenes, dispuestas a comerse el mundo y a actuar. La juventud te anima a ser más lanzado, a pensar menos las cosas y por tanto, a contratar a sicarios para matar a alguien sin pensártelo demasiado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El dinero que obtenía de mi trabajo me permitía vivir cómodamente: abandoné la casa de mis padres y me emancipé. Vivía en un bonito piso de alquiler. En mi cabeza aún no se abrían paso las canas que hoy la pueblan, físicamente era un chico de complexión media: ni flacucho, ni atlético, ni fondón. Fuera del trabajo me dedicaba a buscar otro tipo de salidas laborales aparte de la que había acabado teniendo. Pensaba que el asesinato era algo temporal, una ayuda para salir de una vida mediocre tras acabar mi tránsito por la facultad. Lo cierto es que aún tenía la cabeza llena de pájaros: mis pensamientos fuera del trabajo eran chicas, chicas y más chicas. No contemplaba cosas como el futuro, la familia, o el dinero. A día de hoy, cuando miro con perspectiva mi pasado no tengo muy buena opinión de mí mismo en mis comienzos. Sin embargo era un joven responsable, trabajador y perfeccionista; eso me permitió sobrevivir como sicario. De lo contrario habría terminado mi carrera prematuramente, bien tras unos barrotes, bien en una sepultura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;La muerte ajena era sinónimo de dinero fácil. No me paraba demasiado a pensar en las motivaciones ajenas: si me pagaban por hacer el trabajo, lo hacía. Sólo tenía unos límites ya conocidos: no eliminar a menores y no ejecutar a más de dos individuos por cliente. A partir de aquí, cualquiera que fuera el trabajo era bien recibido y ejecutado. Ésta falta de criterio me hizo ser partícipe de uno de los homicidios de los que más me arrepiento hoy en día: la muerte de Blanca Garriges.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Todo comenzó una mañana de noviembre. Mis contactos habituales de aquella época funcionaban como hoy en día: discreción y silencio. Sólo un grupo reducido y selecto de personas se pasaban la información sobre un desconocido que solucionaba problemas. Por entonces mis clientes eran gente parecida a mí; personas prácticas con la juventud que les empuja a comerse el mundo… y a sus rivales. Mi cliente buscaba a alguien que le arreglase un problema muy serio por vías poco convencionales. Al ser amigo íntimo de uno de mis primeros clientes, no tardó en hacerme saber a través de éste último que precisaba de mi concurrencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Como es habitual, me puse de inmediato a trabajar en el protocolo previo al contacto. Estudié al contratante, su liquidez y fiabilidad. Se llamaba Samuel Garriges, un joven y brillante banquero que llenaba las portadas de las revistas de economía. Con menos de treinta años había heredado una pequeña compañía de empréstitos de sus difuntos padres y había conseguido colocar la pequeña fortuna de los Garriges entre las más importantes del país. Daba conferencias en universidades y asociaciones empresariales; siendo el modelo a seguir en el mundo de la banca. Tras asegurarme de que cumplía todos los requisitos para ser parte de mi cartera de clientes, procedí a mi primera comunicación con él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;En su historia no había lugar para el drama, ni para el odio, ni para el miedo. Samuel era un tipo práctico, ambicioso e inteligente. Su encargo era cruel y frío: necesitaba que alguien diera muerte a su hermana menor, Blanca Garriges. Al morir los padres de Samuel y Blanca, habían repartido en el testamento las propiedades por igual entre los dos hermanos. Samuel, seis años mayor que su hermana, había sido siempre un buen estudiante: fue el primero de su promoción en la universidad. Con un título de economista se había hecho cargo de la empresa familiar, y con su inteligencia y dedicación había hecho prosperar el patrimonio recibido, cuadruplicándolo en apenas un par de años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Blanca, por su parte, era todo lo contrario de su hermano. Era una joven de 22 años mimada y ociosa. Al ser propietaria de la mitad de los bienes de los Garriges, había conseguido prosperar gracias el esfuerzo de su hermano por explotar el patrimonio compartido. Dilapidaba dinero con soltura y llevaba una vida frenética. Sus fiestas eran una leyenda entre sus compañeros de universidad, conducía vehículos de lujo, compraba ropa de manera compulsiva, se acostaba con quien quería y nunca daba explicaciones a nadie. Para su hermano era una rémora soportable, si no se hubiese interpuesto en uno de los negocios de su vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El joven Samuel Garriges tenía intención de vender su grupo empresarial a una multinacional bancaria. Adquiriría parte de las acciones de la entidad y sería nombrado director general de la nueva sociedad resultante. Sería su total consagración como empresario. Ante sí se abrían el reconocimiento y la fortuna… si no fuera por su hermana Blanca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Blanca se negaba a vender su mitad de la empresa; era una estudiante de arte y sabía que si se desvinculaba de la gallina de los huevos de oro que formaba la compañía familiar, su futuro económico dependería de su responsabilidad a la hora de gestionar sus capitales. Además no se fiaba de su hermano; y lo cierto es que a tenor de lo que le estaba preparando con mis servicios, tenía razones más que de sobra para temerlo. De éste modo, si Blanca no quería vender, Samuel no podía consumar el trato, pues la idea era que el negocio fuera absorbido por completo por parte de la entidad compradora. A pesar de los intentos vanos de Samuel por convencer a su hermana, ésta no dio su brazo a torcer: la venta no saldría adelante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El joven Garriges lo tenía claro. Quería a su hermana, pero iba a ser un escollo en su camino, un lastre que iba a estar indisolublemente unido a su patrimonio por el resto de su vida. Entre el dinero y la familia, Samuel eligió al primero. Su hermana tenía que salir de escena: iba a dejar de ser una rémora en su carrera, un parásito improductivo dado a la vida ociosa y descarriada. Cincuenta millones de pesetas (unos 300.000 € de la actualidad) iban a ser los culpables de que la joven Blanca Garriges dejara de interponerse entre el éxito y el reconocimiento de su hermano. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Samuel sólo me hizo una petición: que su hermana no sufriera al reunirse con sus padres en el otro barrio. Todo un ejemplo de amor fraterno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-110977783792459230?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/110977783792459230/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=110977783792459230' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110977783792459230'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110977783792459230'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/amor-fraterno-parte-i-dos-hermanos-muy.html' title='Amor Fraterno (Parte I: Dos hermanos muy unidos)'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-110968850289359214</id><published>2005-03-01T06:46:00.000-08:00</published><updated>2006-11-04T16:57:03.133-08:00</updated><title type='text'>La sencillez de la muerte</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/entierro.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Lo sencillo es bello. La genialidad del maestro se esconde en la simplicidad de sus enseñanzas. La mayor sabiduría no se esconde tras el ceño arrugado de los sesudos pensadores que nos hablan en una jerga indescifrable. ¿De qué sirve ser el más sabio de los hombres si eres incapaz de compartir tu conocimiento con los demás? ¿Qué utilidad tiene aquello que sabes si eres incapaz de universalizarlo, de difundirlo y hacerlo entender a los otros? La idea brillante suele ser, por lo general, la explicación más fácil de un fenómeno común: una rueda redonda para poner debajo de un vehículo, dos pedernales en fricción para hacer saltar la chispa del fuego, la canalización del agua para evitar enfermedades en los núcleos urbanos… cosas que hoy tenemos como obvias pero que han sido fruto de mentes capaces de iluminar a los demás de las virtudes de ésta simplicidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Matar a un ser humano no es un asunto menor. En ocasiones, los productores de televisión, cine, u entretenimientos de masas recurren con demasiada alegría a la violencia gratuita. En un solo filme televisivo de acción pueden llegar a morir cincuenta personas. Cincuenta individuos que han ido en el vientre de su madre durante nueve meses, cincuenta antiguos alumnos de un colegio de primaria, cincuenta padres, madres, hermanos, primas, cuñados, abuelas que son eliminados sin contemplaciones por los protagonistas del filme. Imagínense los cincuenta funerales. Los cincuenta cadáveres en los cincuenta féretros. Los cincuenta velatorios. Los cincuenta responsos, los familiares destrozados, las autoridades alarmadas por la matanza, las páginas de los periódicos con la foto de los cincuenta enterradores montando las sepulturas. Las cincuenta esquelas. Es algo demasiado serio como para frivolizar como lo hacen nuestros amigos del ocio rápido, las emociones de celuloide y palomitas de maíz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Y sin embargo, matar es algo extremadamente sencillo. Tanto que se sorprenderían de lo fácil que resulta. El sicario lo sabe bien. A lo largo de mi carrera profesional he dado muerte a muchas personas, jóvenes y mayores, he eliminado a gente retorcida e ingenua por igual, sin discriminaciones. Sin embargo nunca he sido partícipe de la violencia gratuita. No he tomado parte en ninguna matanza, ni creo que sea prudente ni ético hacerlo. Les juro que me molesta de veras encender la televisión y ver cómo un tipo ametralla un vagón entero del metro para acabar con el bueno de la película. Aparte de caricaturizar nuestra profesión muestra una inhumanidad que no comparto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;A lo largo de mi carrera he puesto punto y final a muchas vidas: varias decenas. Sin embargo siempre lo he hecho con limpieza, evitando el derramamiento de sangre innecesario. Todos los muertos de mi currículum tenían un valor económico nada despreciable por su cabeza. Algunos debieron repartir ese precio con los que perecieron intentando cubrirles de mis actos. De cualquier forma siempre he procurado ser un individuo selectivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El buen sicario sabe lo fácil que es arrebatar una vida. Sin embargo no juega con ese conocimiento; y tampoco lo intenta compartir. Cuando trabajamos, los asesinos a sueldo somos gente solitaria. Es preciso que así sea. Actuando individualmente nos evitamos la concurrencia de cómplices que no nos pueden asegurar su discreción, o de testigos que puedan señalar nuestra presencia. Es por esto que el sicario no puede permitirse ser demasiado enrevesado en sus actuaciones. Cada vez que elimina a una de sus víctimas debe hacerlo contando con sus propias limitaciones: precisa de un plan sencillo que le permita llevar a buen fin su cometido sin ayuda del exterior.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El gran problema de las bandas organizadas es precisamente éste. Formar parte de un grupo criminal puede acabar implicando que el fallo de uno de sus miembros desemboque en el encarcelamiento del conjunto. Usted puede ser un perfecto delincuente que jamás cometa un error, pero si comparte su trabajo con tipos de los que no puede responder a la hora de estimar su competencia, se arriesga a caer con ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Es precisamente en ésta soledad donde el sicario se encuentra con las musas. En cierta manera somos como los artistas encerrados en su estudio. Aprendemos de los errores que cometen en su vida cotidiana aquellos a los que tenemos encargado eliminar. Estudiamos su forma de vida y cavilamos durante horas el modo de ponerles fin. Es entonces cuando invocamos a nuestra inspiración para formular un plan que acabe con nuestros objetivos. Un plan sencillo. Un plan hermoso. Un plan mortal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;A lo largo de las narraciones anteriores basadas en un grupo de personas que he liquidado habrán caído en la cuenta de que nunca he recurrido a sofisticadas armas para ponerles fuera de la circulación. La mayoría de mis instrumentos de trabajo han sido elementos cotidianos en la vida de la mayoría de ustedes: un cuchillo, condones, la batería de un coche, o los celos de un tercero. Objetos al alcance de cualquiera que sepa como utilizarlos en su beneficio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;No puedo negar que también recurramos a armas convencionales, pero muchas veces puede resultar muy contraproducente su utilización. Recuerden que ante todo, el sicario se distingue del resto de los asesinos por el hecho de cometer sus homicidios de modo que nadie los relaciones con una factura profesional. El armamento ligero, el uso de explosivos u otro tipo de artefactos de los que hace gala el cine suelen quedar relegados a un plano marginal en nuestra labor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Durante éste mes les pienso mostrar la utilidad que tienen cosas tan comunes como una cuchilla de afeitar, el frío o una botella de ginebra. Son todos elementos de uso común en mi tarea; instrumentos mortales de mis primeros homicidios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Si deciden acompañarme en este viaje les prometo que no se aburrirán.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-110968850289359214?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/110968850289359214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=110968850289359214' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110968850289359214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110968850289359214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/03/la-sencillez-de-la-muerte.html' title='La sencillez de la muerte'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-110960507051818729</id><published>2005-02-28T07:22:00.000-08:00</published><updated>2005-02-28T07:37:50.536-08:00</updated><title type='text'>Antonio García en privado</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/sonrisa.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;¿Quién es Antonio García fuera de su trabajo? La dedicación que empleo al ejercicio del sicariato me obliga a abandonar durante largas temporadas mi vida privada. Durante meses me convierto en el instrumento ejecutor de la voluntad homicida de quien me emplea. Construyo una nueva identidad, me pongo mil máscaras con las que ocultar mi presencia y entrego todos mis esfuerzos a cumplir con mi tarea. Cuando soy el sicario profesional que se encarga de matar a su objetivo divido mi tiempo en estudiar a mi víctima, idear el modo en que voy a eliminarla, buscar a un “pavo” si es precisa su concurrencia; y ante todo, a fingir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, al volver a casa, el sicario desaparece de mi vida y es cuando aflora el auténtico Antonio. Mi trabajo sólo me incomoda en mi recogimiento privado al hacerme mentir sobre mi profesión. Oficialmente soy un “consultor privado” dedicado a analizar la productividad de las empresas que contratan mis servicios. Ello me ayuda a justificar mis intermitentes y largas estancias en el exterior. Al ser algo lo suficientemente etéreo consigo dar carta de naturaleza a mi tren de vida entre las personas que me rodean: nadie sospecha que mi coche, mi casa, mi ropa y mis caprichos se pagan con el dinero que extraigo de explotar la muerte ajena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Cuento así con una apariencia respetable y amable entre quienes me rodean. Personalmente me definiría como un tipo gris en mi vida privada. Aunque he fijado mi residencia en una urbanización de casas unifamiliares, con sus jardincitos, sus setos separando las parcelas, y los coches aparcados en el exterior de los garajes; lo cierto es que fuera de los lujos que me doy a la salud de los que perecieron a mis manos; no soy un tipo que me considere importante. No suelo vestir trajes caros, ni luzco joyas de oro: ni anillos, ni cadenas, ni pulseras, ni un triste reloj de marca. No me gusta la ostentación en absoluto. Me parece una tendencia frívola y decadente. El dinero está para procurarnos bienes materiales, tal vez placer. Sin embargo no entiendo a aquellas personas que se obsesionan por mostrar una determinada fachada de estatus social: caballeros estirados a la última moda, niños ricos con coches caros de gran cilindrada, ancianas que todos los días cambian de peinado en la peluquería y pasean ridículos perritos con lacito. Tal vez sea un deje profesional; pero yo soy un tipo práctico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Si me vieran cuidando de las rosas en mi jardín tal vez me confundirían con un empleado del hogar que está más allá del césped, en lugar de identificarme con el propietario. Suelo llevar una sudadera vieja, unos vaqueros descoloridos por el uso y unas playeras pasadas de moda calzando mis pies. Para disfrutar de la jardinería es importante sentirse cómodo; cuidar de las plantas requiere escarbar en la tierra, manejar abonos, impregnarte de la humedad de las flores y de la savia que cae de los tallos cortados. Sería ridículo andar trasteando entre mis rosales vestido de traje: teniendo cuidado de no meter mi calzado de piel en el fango; agarrando los tallos con pinzas no fuera a ser que las espinas de la planta rasguen los delicados tejidos de mi camisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Por lo demás, me gusta pasar desapercibido. Fuera de los pequeños lujos con que me detengo a regalarme: un coche con equipamiento completo, algún viaje de placer, o una pantalla de plasma para ver la televisión; por lo general soy un tipo de lo más normal. Me levanto temprano, acudo a la panadería sin afeitar, compro la prensa con cara de sueño, desayuno un café solo doble con tostadas y mermelada en una cafetería del centro de la ciudad -a ser posible rodeado de los amigos de toda la vida que trabajan por la zona- y saludo con amabilidad a todos los vecinos que sacan a pasear sus mascotas al pasar por delante de mi jardín.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;Al menos un par de veces al mes voy a visitar a mis familiares. No les voy a dar muchas pistas sobre mis padres o hermanos, pero siempre comemos en una mesa con la familia al completo. Es una estampa que, de tradicional, resultaría hasta cómica. Mi padre siempre cuenta sus batallitas de cuando éramos niños; mientras mi madre desliza disimuladamente caramelos a mis sobrinos: unos pequeños diablillos que no paran quietos en la mesa durante todo el tiempo que dura la comida. En ocasiones, uno de mis cuñados saca a discusión temas superfluos como los del fútbol, o la política, o lo difícil que es criar una familia con lo caro que se ha puesto todo con el cambio de la antigua moneda al euro. Es entonces cuando no puedo reprimir algún bostezo. Si mi madre se percata del aburrimiento que me embriaga en esas situaciones, para mi bochorno, me toca aguantar las preguntas de rigor sobre por qué permanezco soltero, si soy una especie de hormiga trabajadora que no tiene tiempo para formar una familia y tener los problemas que tienen el resto de los mortales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Ni por asomo sospechan el modo en que me gano la vida; y prefiero que así sea. No me parece apropiado describir en una mesa, delante de mis ancianos padres y los revoltosos sobrinitos que no paran de pelear entre sí, los detalles de una profesión como la mía. ¿Se lo imaginan? “Dime, querido, ¿Gritó mucho tu última víctima cuando le metiste aquella puñalada?” “¡Oh! ¡En absoluto! Fue en la garganta: es difícil que gritara con una hoja de &lt;st1:metricconverter productid="20 cm" st="on"&gt;20  cm&lt;/st1:metricconverter&gt; atravesándole el cuello… sin embargo no paraba de moverse y hacer aspavientos…¿Te paso el aliño para la ensalada?”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Por supuesto, al igual que mi verdadera ocupación es desconocida para mis progenitores, mis amigos de siempre o mis amantes nunca sospechan a lo que me dedico. Con los primeros siempre hablo de cosas banales: bobadas que todo el mundo cuenta cuando está con la gente que tiene amistad. Discutimos sobre mujeres, anécdotas graciosas en el trabajo (las mías, obviamente son inventadas), o sobre lo mala que era la película que fuimos a ver al cine. Con las amantes dedico más tiempo a escuchar que a hablar. No se imaginan lo extremadamente relajante que encuentro escuchar las cuitas de una mujer; en comparación con lo que el resto de los hombres tiene por costumbre, yo pongo verdadero interés en lo que me dicen. Cuando escucho es como si desconectara de mi mundo, olvidara todo el tedio que me produce la inactividad del trabajo y entrase en otra dimensión donde los graves problemas se redujeran a las discusiones sobre la guerra de sexos, la suerte en el amor que le ha prometido el horóscopo o el modo en el que voy a ir vestido a la boda de su mejor amiga.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Como ven, el sicario no se diferencia en absoluto de cualquier individuo corriente y moliente. Soy consciente de que más pronto que tarde tendré que acabar con mi trabajo y dedicar mi tiempo a otras actividades. A partir de una determinada edad ya no es sencillo aguardar durante horas en una esquina húmeda y fría; &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;acechando hasta que tu víctima salga de su casa para darle muerte. Para cuando eso suceda ya tendré dinero de sobra para vivir una vida cómoda y apacible. En ése momento cometeré mi último crimen: mataré al asesino a sueldo que ocupa la mitad de mi vida y dejaré vivir a Antonio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Junto con él daré vida a todos aquellos que la pierden cuando trabaja el sicario: a Antonio García, el vecino de la casa con el jardín lleno de rosas; a Toño, el colega que siempre que vuelve de uno de sus viajes de trabajo te espera a la salida del trabajo con unas cervezas; a Tony, el amante que te acaricia el pelo tras las orejas cuando te besa a la salida del cine; al señor García, el tipo que hace cola en la ventanilla del banco con cara de sueño; a Tito Tonio que siempre que vamos a comer a casa de los abuelos nos trae un videojuego nuevo para que juguemos en el salón cuando los mayores toman el café…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Multitud de personajes que interpreto en mi sencilla vida privada. Unos tipos que tienen en común esa sonrisa juguetona con que te saludan al volver a casa después de meses fuera "trabajando". Cuando les preguntas que tal les fueron las cosas en todo ese tiempo que han estado lejos de su hogar, los ojos de mis personajes se iluminan y te responden escuetamente: “¡Me lo he pasado de muerte!”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-110960507051818729?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/110960507051818729/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=110960507051818729' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110960507051818729'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110960507051818729'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/02/antonio-garca-en-privado.html' title='Antonio García en privado'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-110951095683697608</id><published>2005-02-27T05:21:00.000-08:00</published><updated>2005-02-27T05:29:16.846-08:00</updated><title type='text'>El sicario y el miedo</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/avaricia.jpg"&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Lo desconocido nos asusta. Nada tememos más que aquello que somos incapaces de controlar, de estudiar y analizar. Es por ello que el futuro nos inquieta. Gracias al miedo ganan su pan los charlatanes y videntes. Intentan arrojar algo de claridad con su palabrería sobre un porvenir que desconocemos. ¿Me darán el trabajo? ¿Aprobaré el exámen? ¿Cómo será mi futura esposa? Sus palabras vacías y ambiguas nos tranquilizan y reconfortan. Nos ayudan a encarar con optimismo el laberinto del devenir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El ser humano siempre ha buscado explicaciones a aquello que se escapa a su control y razón. Creo mitos y religiones que le ayudasen a normalizar y clasificar los fenómenos de la naturaleza que era incapaz de entender. Con ellas combatió el miedo al rayo, al vendaval y al terremoto; buscó un esquema lógico en el que introducir el mayor de sus miedos: la muerte. Era incapaz de asumir que todo se acaba, que vuelve al punto de partida: volver a la no existencia que ocupaba antes de nacer. Muerta la conciencia, eliminada la vida, su cuerpo sólo es carne y hueso en descomposición. La moléculas y átomos que forman su fisonomía regresan a la tierra: como todo lo material, el cadáver está destinado a desaparecer. En el último suspiro de aire, el moribundo dispersa su mente en la belleza del mundo: el bien y el mal, el amor y el odio, las palabras y los silencios se difuminan en sus límites. Todo vacía su contenido y el seso expira: la perfección es alcanzada al fundir su última luz de inteligencia con el aire. Ya no hay nada que temer; pues nada importa. Lo que quedara por hacer ya no tiene sentido. Tampoco hay conciencia para echar de menos lo que se abandona: la muerte es la excusa perfecta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Los suicidas lo saben muy bien. La mejor excusa para no asumir las responsabilidades es estar muerto. No acudir a tu cita, a tu trabajo, a pagar la hipoteca al banco, no tener que aguantar la mirada desafiante de quien te juzga por tus errores… es algo que todo el mundo entiende cuando has muerto. Es la salida fácil de quien desea que le dejen en paz a cualquier precio. La senda del auténtico cobarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Un sicario, al igual que todo ser humano, tiene miedo. Sin embargo su miedo es limitado en cuanto que ha planificado todos y cada uno de sus pasos, movimientos y gestos. Siempre queda la duda de las leyes del caos dictadas por la mano de la fortuna. Algo puede salir mal en el último momento y dar al traste con todo tu trabajo. Con todo, el buen profesional es quien sabe controlar su miedo; quien toma las riendas de su destino y actúa. No existe vergüenza en el hecho de sentir miedo; el desprecio a uno mismo nace en el momento en que dejas que el miedo guíe tus pasos. Ése suele ser el problema de los amateurs: el miedo a ser descubiertos en sus crímenes, el miedo a enfrentar la última mirada de sus víctimas y no rematarlas. Son presos de sus temores y con ellos van a dar con sus huesos tras unos barrotes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El miedo del sicario es distinto: más que temor, lo que experimentamos es el nerviosismo previo que te mantiene eléctrico antes de ponerte manos a la obra. Sin embargo, cuando estás concentrado en tu trabajo; cuando pones todos tus sentidos en la labor que realizas todo lo accesorio se desvanece. Miras a tu destino a los ojos y le devuelves una sonrisa. Cuando has culminado tu labor con éxito el cuerpo te reconforta con una deliciosa mezcla de sensaciones; desde el relajamiento de los músculos hasta el cosquilleo en la espalda que te otorga el orgullo. Tu objetivo ha muerto. Estás a salvo. Vuelves a casa. Eres el puto amo. Esa noche dormirás como un bebé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Los miedos del sicario y del asesino amateur son totalmente distintos. Son&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tan diferentes como lo es decir a tu amante “Me gustas” o “Te quiero”. La primera de las afirmaciones no encierra ningún tipo de compromiso. La atracción puede ser algo momentáneo, fugaz. Su significado es tan pasajero como el tiempo que dura el deseo. En cambio, decir “Te quiero” implica compromiso. Con esas palabras damos a entender que nuestra relación no se circunscribe sólo al gusto, sino que es más profunda. Nuestro amante nos importa. Cuando éste sentimiento se formaliza es cuando nace el amor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El sicario es por ello un amante apasionado. Ama su trabajo porque está comprometido con su tarea. No le importa mancharse las manos de sangre, ni escarbar en los tejidos muertos de sus víctimas para extraer una bala. Es un cometido desagradable, pero como las amantes difíciles; aquellas a las que cuesta arrebatarles un beso, cuando has conseguido tu meta se sientes el hombre en la cima del mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;El amateur es aquel que no entiende el significado de la palabra compromiso. Mata de mala manera, huye de peor forma, y miente ante el juez con una cascada de excusas para no asumir su tropelía. Es una víctima del miedo que no le ha abandonado desde que tomó la determinación de acabar con quien se interponía en su camino por sus propios medios. Da igual la máscara que más tarde adopte. Será un chulo en el presidio, lucirá tatuajes con la leyenda “La maté porque era mía”; marcará bajo sus ojos las lágrimas de la mara que le da cobijo en caso de ser un pandillero. Son tan insignificantes que buscan el respeto y el reconocimiento de sus compañeros de prisión. Necesitan llegar su ego herido con convenciones jerárquicas respecto a otros reclusos con delitos menores. Una auténtica basura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;Sé de pocos sicarios de reconocido buen hacer profesional que hayan terminado en la cárcel. Es difícil que éstos casos se den. El sicario es como un depredador en su trabajo: no concibe la idea de que otros cazadores le acechen. Si lo hacen y le salen al paso prefiere morir en un breve intercambio de disparos. Matar y morir a plomo. Una vez haya cruzado al otro lado nada tendrá verdadera importancia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana;" lang="ES-TRAD"&gt;A fin de cuentas la vida es un pequeño milagro que una vez que termina sólo deja el recuerdo de quienes la compartieron contigo. Pudrirte en una prisión, solitario y olvidado es peor que consumir tu carrera en la milésima de segundo que transcurre desde el momento en que recibes el impacto de la bala mortal y el mundo se difumina abriéndote las puertas de la eternidad silenciosa. En ese momento habrás roto definitivamente con el miedo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10508524-110951095683697608?l=diariodeunsicario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/feeds/110951095683697608/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10508524&amp;postID=110951095683697608' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110951095683697608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10508524/posts/default/110951095683697608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunsicario.blogspot.com/2005/02/el-sicario-y-el-miedo.html' title='El sicario y el miedo'/><author><name>Sicario</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421708726001315057</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://es.geocities.com/eurostia/Antonio.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10508524.post-110934535927186452</id><published>2005-02-25T07:27:00.000-08:00</published><updated>2005-02-25T07:44:34.693-08:00</updated><title type='text'>El as de corazones (Epílogo: Gofres con miel)</title><content type='html'>&lt;img src="http://es.geocities.com/eurostia/gofre.jpg" /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Un hilo dorado y viscoso de miel se deslizaba desde mi mano sobre el gofre.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Sobre la mesa una revista de pornografía y el teléfono móvil acompañando a la taza de cacao caliente. Había pasado la mañana de mi último día en Bruselas haciendo algo de turismo para despejar la cabeza. Compré &lt;i style=""&gt;pralinés&lt;/i&gt; y chocolatinas varias, un muñeco de Tintín; el internacional héroe belga de papel; y un paraguas con la bandera comunitaria. Había visitado el Atomium de la exposición universal de 1958 y deambulado sin rumbo por las calles. La capital no me daba más de sí. Decidí entrar en la cafetería para degustar el sabroso dulce belga por excelencia. La textura del gofre: esponjosa y crujiente. Su sabor: empalagoso hasta el extremo. Aún estaba caliente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;En mi fuero interno se libraba una extraña batalla que rara vez había experimentado anteriormente. Me sentía a la vez inquieto y miserable. Sobre mi mente volvían una y otra vez las imágenes de los momentos inmediatamente posteriores a la muerte a balazos del “as de corazones”. El trabajo había terminado con éxito, pero algo había fallado. Mi olfato, mis cálculos, mi ética profesional se habían tambaleado, sembrando la semilla de la duda en mi conciencia. No había barajado del todo la determinación del cándido y corpulento señor Fiore para eliminar con sus propias manos a mi objetivo. Era un fallo imperdonable. Un sicario tiene que controlar y conocer todas las cartas de la baraja para poder jugar a su particular oficio. Obviamente yo no lo había hecho. El resultado había sido eficaz, pero poco profesional; el derramamiento de sangre: excesivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Muchos de ustedes creerán que como asesino mercenario, en mi trabajo no queda sitio para la conciencia. Me deben tener, y con razón, como a un tipo insensible al dolor ajeno: vanidoso y egocéntrico. Se equivocan de forma diametral. Mi trabajo consiste en eliminar a mi víctima y a aquellos que la protegen si es necesario. He recibido un dinero por ese encargo, y me gusta ejecutar por mí mismo la tarea que me ha sido encomendada. De ésta manera evito más víctimas de las necesarias, actúo con profesionalidad y limpieza. Hago daño a otra gente, mis “pavos”; pero en cierto modo a unos les hago justicia, y a otros les muestro la realidad en la que viven.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;Sacándole a la luz la infidelidad de su esposa con aquel dandi jugador, no hice otra cosa que sacar al señor Fiore del engaño en que vivía sumido. Yo sólo le enseñe la verdad de un matrimonio artificial en el que sólo él parecía creer. Arrojé claridad sobre lo que había tras el bello rostro de su esposa: lujuria y mentira. Sin embargo, la presión que había ejercido sobre Luigi se me fue de las manos: la cagué. Aunque yo no había disparado su arma sobre los dos amantes, puedo afirmar que había guiado la mano del ejecutor. Me había librado de la policía, pero no de mi orgullo de sicario. Era como un martillo que me golpeaba insistentemente en la cabeza desde que observé boquiabierto cómo, a través de la ventana, el “pavo” que había estado cocinando vaciaba su cargador sobre los dos pobres desgraciados que yacían desnudos en su cama.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;El ruido de los disparos alertó a todo el
