Una conversación privada (Capítulo Primero)

“Cuando me casé fue el día más feliz de mi vida. Aquí tengo las fotos de boda; sólo con mi mujer; con mis padres; con mis suegros; el hermano de mi mujer, Diana, Andrés… En ésta estamos todos juntos; casi cien invitados, entre su familia y la mía. Los amigos también acudieron. Fíjate que sonrientes estamos todos. Éramos tan felices… Nada que ver con lo que pasa ahora. Aquel día cometí el mayor error de mi vida.
Hoy éstos recuerdos me hieren profundamente. Llámelo desengaño, pero esa mujer me ha destrozado la vida. Al principio todo iba como la seda. Fíjese que no tardamos en tener a nuestro primer hijo, y eso que yo no pensaba ser padre hasta unos años más tarde. Ahora veo que todo aquello fue un fallo terrible. ¡Qué engañado estaba!
Mis padres era gente de dinero. Hasta el día que cerraron los ojos se desvivieron por darme lo mejor: una educación, cariño, seguridad… El suyo fue un matrimonio felicísimo, casi cuarenta años juntos. Nada que ver con esto. Al fallecer mi madre yo lo heredé todo. Ahí se empezó a joder la cosa.
Nos mudamos con el niño a la mansión donde me crié y abandonamos el piso de la ciudad. Yo tuve mucho lío con las testamentarías y todo eso. Entre el trabajo y el papeleo estuve un mes sin parar. Cuando terminé observé cosas extrañas en mi mujer; no sé… como cuando usted sabe que algo no va bien aunque la fachada le diga lo contrario. No sé si me explico.
El caso es que yo seguía centrado en el trabajo. Ser empresario no es cosa fácil, ya sabe, viajes de negocios, reuniones, impuestos… siempre hay que andar controlándolo todo. Faltas un día a la oficina y te atosigan con llamadas al móvil. Como si la gente que tienes allí fuera una inútil. Tienes que estar a mil cosas y a ninguna. Por eso apenas piso mi casa desde que me voy antes de amanecer hasta que regreso al final de la tarde.
Imagínese que sorpresa cuando aquel día volví a buscar unos papeles que me había dejado en el aparador para cerrar un acuerdo importante y me encuentro unos zapatos de un desconocido en el armario que tengo en la entrada. Subo a mi habitación y me encuentro a la muy puta de mi mujer botando encima de un malnacido encima de la cama de matrimonio que habían usado mis padres. La mujer del servicio se ocupaba del bebé mientras aquella zorra cabalgaba sobre un agente de seguros de mierda. Estaba al corriente de todo lo que pasaba en mi casa y no tuvo la decencia de decirme nada. Vivía engañado en mi propio hogar, ¿Se da cuenta?
Aquella criada se fue a la calle el mismo día. Sin embargo lo de mi mujer es mucho más complicado. El juicio del divorcio está visto para sentencia. La juez es una puta feminista de mierda; se la suda que yo haya sido el marido engañado y que sea la víctima de todo esto. Sé por un amigo que trabaja en el juzgado que la cosa pinta mal. Se las ha arreglado para tener la custodia del niño, y me quieren echar de la casa de mis padres para que esa zorra viva allí con mi pequeño. Como era nuestra residencia habitual, al parecer por ley puede ganarse el usufructo de la vivienda aunque no sea suya. Se queda con mi hijo, con mi mansión y con mi dinero, porque a buen seguro tendré que pasarle una pensión millonaria. No creo que con todo lo que me va a sacar se vuelva a casar con el puto agente de seguros. Mientras pueda desangrarme a mí y darse la gran vida a mi costa… Conociéndola estoy casi convencido de que no podré ni ver a mi pequeño; ya sabe, impedirá las visitas que marca la ley, y si vamos a juicio pueden pasar años hasta que vuelva a ver a mi hijo. El tiempo suficiente como para que le coma la cabeza y lo ponga contra mí.
No sé que hacer, de veras, por eso acudo a ti… sé que hace un tiempo tuviste un problema parecido al mío. Si no fuera porque tu mujer murió en aquel accidente con su nuevo novio, el juicio de tu divorcio habría salido enseguida. ¿Qué pasó exactamente? Tengo entendido que fue un accidente de submarinismo… ¡Vaya suerte tuviste! Bueno… ya ves, a mi mujer no le gusta el submarinismo, sólo follarse a perdedores entre las sábanas de mi casa.
Eres un buen amigo por escucharme, Luis. Estoy jodido… de veras. Yo… ¡joder!... perdona que llore. Quiero a mi hijo ¿sabes?...Me han jodido la vida y me siento tan, tan, tan impotente… No hay justicia en ésta país. Te juro que no sé que pasa en ésta sociedad, pero no hay justicia. Eres un buen hombre, trabajador y eso… y eres culpable por todo; eres una ramera, pero como eres mujer y tu marido es rico… pues eres una víctima…¡Pues de puta madre!
¿Qué puedo hacer? Lo voy a perder todo… voy a estar atado de por vida, por lo menos hasta que el niño crezca y se independice. Tengo que pagarle la manutención y todo ese rollo… ni siquiera sé si podré verle…¡Y yo no he hecho nada! Sólo trabajar, trabajar como un burro… mientras ella se acostaba con cualquiera.
¿Dices que me puedes ayudar? Te lo agradezco; espera que tomo papel y lápiz… hmmmm… sí, dime, que voy anotando… ¿Esto es un número de teléfono?...Un contestador, ya… ¿Es un abogado?
…
Un sicario, entiendo…"
Hoy éstos recuerdos me hieren profundamente. Llámelo desengaño, pero esa mujer me ha destrozado la vida. Al principio todo iba como la seda. Fíjese que no tardamos en tener a nuestro primer hijo, y eso que yo no pensaba ser padre hasta unos años más tarde. Ahora veo que todo aquello fue un fallo terrible. ¡Qué engañado estaba!
Mis padres era gente de dinero. Hasta el día que cerraron los ojos se desvivieron por darme lo mejor: una educación, cariño, seguridad… El suyo fue un matrimonio felicísimo, casi cuarenta años juntos. Nada que ver con esto. Al fallecer mi madre yo lo heredé todo. Ahí se empezó a joder la cosa.
Nos mudamos con el niño a la mansión donde me crié y abandonamos el piso de la ciudad. Yo tuve mucho lío con las testamentarías y todo eso. Entre el trabajo y el papeleo estuve un mes sin parar. Cuando terminé observé cosas extrañas en mi mujer; no sé… como cuando usted sabe que algo no va bien aunque la fachada le diga lo contrario. No sé si me explico.
El caso es que yo seguía centrado en el trabajo. Ser empresario no es cosa fácil, ya sabe, viajes de negocios, reuniones, impuestos… siempre hay que andar controlándolo todo. Faltas un día a la oficina y te atosigan con llamadas al móvil. Como si la gente que tienes allí fuera una inútil. Tienes que estar a mil cosas y a ninguna. Por eso apenas piso mi casa desde que me voy antes de amanecer hasta que regreso al final de la tarde.
Imagínese que sorpresa cuando aquel día volví a buscar unos papeles que me había dejado en el aparador para cerrar un acuerdo importante y me encuentro unos zapatos de un desconocido en el armario que tengo en la entrada. Subo a mi habitación y me encuentro a la muy puta de mi mujer botando encima de un malnacido encima de la cama de matrimonio que habían usado mis padres. La mujer del servicio se ocupaba del bebé mientras aquella zorra cabalgaba sobre un agente de seguros de mierda. Estaba al corriente de todo lo que pasaba en mi casa y no tuvo la decencia de decirme nada. Vivía engañado en mi propio hogar, ¿Se da cuenta?
Aquella criada se fue a la calle el mismo día. Sin embargo lo de mi mujer es mucho más complicado. El juicio del divorcio está visto para sentencia. La juez es una puta feminista de mierda; se la suda que yo haya sido el marido engañado y que sea la víctima de todo esto. Sé por un amigo que trabaja en el juzgado que la cosa pinta mal. Se las ha arreglado para tener la custodia del niño, y me quieren echar de la casa de mis padres para que esa zorra viva allí con mi pequeño. Como era nuestra residencia habitual, al parecer por ley puede ganarse el usufructo de la vivienda aunque no sea suya. Se queda con mi hijo, con mi mansión y con mi dinero, porque a buen seguro tendré que pasarle una pensión millonaria. No creo que con todo lo que me va a sacar se vuelva a casar con el puto agente de seguros. Mientras pueda desangrarme a mí y darse la gran vida a mi costa… Conociéndola estoy casi convencido de que no podré ni ver a mi pequeño; ya sabe, impedirá las visitas que marca la ley, y si vamos a juicio pueden pasar años hasta que vuelva a ver a mi hijo. El tiempo suficiente como para que le coma la cabeza y lo ponga contra mí.
No sé que hacer, de veras, por eso acudo a ti… sé que hace un tiempo tuviste un problema parecido al mío. Si no fuera porque tu mujer murió en aquel accidente con su nuevo novio, el juicio de tu divorcio habría salido enseguida. ¿Qué pasó exactamente? Tengo entendido que fue un accidente de submarinismo… ¡Vaya suerte tuviste! Bueno… ya ves, a mi mujer no le gusta el submarinismo, sólo follarse a perdedores entre las sábanas de mi casa.
Eres un buen amigo por escucharme, Luis. Estoy jodido… de veras. Yo… ¡joder!... perdona que llore. Quiero a mi hijo ¿sabes?...Me han jodido la vida y me siento tan, tan, tan impotente… No hay justicia en ésta país. Te juro que no sé que pasa en ésta sociedad, pero no hay justicia. Eres un buen hombre, trabajador y eso… y eres culpable por todo; eres una ramera, pero como eres mujer y tu marido es rico… pues eres una víctima…¡Pues de puta madre!
¿Qué puedo hacer? Lo voy a perder todo… voy a estar atado de por vida, por lo menos hasta que el niño crezca y se independice. Tengo que pagarle la manutención y todo ese rollo… ni siquiera sé si podré verle…¡Y yo no he hecho nada! Sólo trabajar, trabajar como un burro… mientras ella se acostaba con cualquiera.
¿Dices que me puedes ayudar? Te lo agradezco; espera que tomo papel y lápiz… hmmmm… sí, dime, que voy anotando… ¿Esto es un número de teléfono?...Un contestador, ya… ¿Es un abogado?
…
Un sicario, entiendo…"


3 Comments:
Cómo eran las cosas antes del mail... guao.
Once again let me say that its good to have you back.
Confieso que hubo un momento en que creí perder las esperanzas de no volver a leerte.
Ahora creo que la espera valió la pena
Saludos desde México
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