martes, abril 19, 2005

Mujeres Fatales (Epílogo: Purgando penas)

Con la muerte de Silvia Ramos había terminado mi trabajo. Sin embargo no puedo terminar mi historia sin hablarles de otros fallecimientos que se sucedieron en los meses siguientes a mi partida de regreso a casa; y de cuyos ecos tuve noticia gracias a la prensa sensacionalista que siguió escarbando en los hechos sin llegar a sacar a la luz la verdad de los hechos.

La muerte de Marcos González fue muy comentada tanto por la prensa rosa como por los medios de comunicación especializados en asuntos económicos. El fatal “accidente” de caza que le privó de la vida fue recibido como un ensañamiento del destino en aquella familia señalada por la tragedia. Severiano apenas fue investigado, pues mostraba claras señales de abatimiento personal tras haber matado a su propio hijo. Sabía que no tenía otro remedio de mantener a flote al conjunto de su familia: sin embargo había tenido que actuar de un modo radical en su círculo más cercano: el núcleo afectivo de su vida había quedado mutilado y eso era algo demasiado duro para él. Las semanas siguientes al entierro de Marcos, Severiano entró en un estado depresivo que se agravó con los preparativos del juicio de Sonia.

En éstas condiciones tuvo que dejar los negocios en manos de su primogénito y único hijo capaz de llevar a cabo las finanzas familiares. Se encerró en su casa junto a su esposa Trinidad, y durante meses se mantuvo alejado del mundo. Apenas hablaba con gente fuera de con su mujer, y no asistió a ninguna de las vistas del juicio contra Sonia. De hecho su vida se fue apagando poco a poco tras aquella depresión y retiro. Apenas un año después de haber disparado a su hijo en el bosque, Severiano González moría en su casa, apenas acompañado por su esposa e hijo: solitario y triste.

Un final discreto para un hombre tan sobresaliente en vida. Su fortuna fue heredada por sus dos hijos: Ignacio y Sonia; si bien la segunda tardaría un tiempo en poder disfrutarla por su proceso abierto a causa del asesinato de Roberto.

La muerte de Silvia Ramos tuvo cierta repercusión tras el descubrimiento de su cadáver por un par de mendigos que había acudido a pernoctar a la casa donde quedó tendido su cuerpo. La policía quedó impresionada por la violencia del suceso. La atroz agresión sexual cometida sobre la joven camarera fallecida fue muy comentada en algunos medios de comunicación; especialmente en los programas televisivos dedicados a los sucesos. La juez de guardia encargada del levantamiento del cadáver no pudo evitar el vómito tras inspeccionar el cuerpo. Aquello sin duda era la obra de un monstruo, y la policía no dudó en investigar a fondo aquel crimen. Los rastros de ADN extraídos del semen del agresor, el patrón de comportamiento y la cercanía geográfica no tardaron en apuntar hacia David Jiménez. Éste fue detenido intentando salir del país; y su confesión ante la policía no dejaba lugar a dudas. Su relato de los hechos fue bastante escabroso: relató como Silvia la había atacado, mostró su herida en la pierna, y detalló minuciosamente su explosión de ira: incluso él mismo pensaba que habían sido sus golpes los que habían acabado con la vida de la mujer fatal. No le era difícil llegar a tal conclusión a la vista del rostro desfigurado con que me encontré al entrar en la habitación.

David Jiménez fue visto como un monstruo por la prensa. La gente de bien esperó su juicio con expectación, y el furgón policial que lo trasladaba hasta los juzgados fue golpeado por la masa que se arremolinaba ante la corte de justicia el día en que fue a prestar declaración. Por la televisión desfilaron cada una de sus víctimas anteriores, quienes hicieron unos macabros relatos de sus traumáticas experiencias a manos de mi “pavo”.

La condena a prisión fue muy celebrada. Sin embargo poco sabían entonces que David Jiménez no llegaría nunca a cumplir ni un año en prisión. Fue asesinado de un disparo limpio mientras paseaba por el patio de la prisión. Al parecer un francotirador sin rostro acabó con la vida de mi “pavo”; alguien con quien la policía nunca pudo dar. Sin duda no encontraron el arma que Andrés Padilla utilizó para matar a quien pensaba que le había amenazado a él y a su familia. La pulsera que había visto en el asesino de su protegida era la prueba fehaciente de que había confundido mi trabajo con la chapuza de de mi “pavo”. Andrés no podía dormir con la idea de que un cafre como David Jiménez saliera un día de la cárcel y recordara la amenaza que le había hecho en el coche. Creía haber matado al “hombre del saco”, y a mí no me preocupó más el asunto.

Finalmente, yo, Antonio García; regresé a mi hogar. Sin embargo, aquel trabajo supuso para mí una etapa de reflexión muy seria. Había aprendido de mis errores y había salido victorioso de aquel encargo. Sin embargo me costó un tiempo volver a aceptar otro trabajo. Me planteé la posibilidad de dedicarme a otros menesteres; especialmente cuando por primera vez en mi vida, el asesinato de uno de mis objetivos afectó mi vida privada. Tras el lamentable estado en que me encontré a Silvia antes de rematarla, tengo que aceptar que me costó un tiempo volver a estar con una mujer. Cada vez que recibía una insinuación, un leve coqueteo, o un flirteo sensual, sobre mi cabeza revoloteaba la imagen del cuerpo desnudo e hinchado de la camarera. Entonces sentía una sensación difícil de describir; una mezcla de repulsión y asco: me volvía irritable.

Para solucionarlo tuve que estar varios meses desconectado de todo. Finalmente decidí poner mi vida al día: acepté la invitación a la boda de un amigo de toda la vida y acudí con mi mejor imagen. Nunca me he corrido una juerga tan grande en mi vida. Al despertar al día siguiente en el lecho del hotel, acompañado por una de las damas de honor, supe que el sicario que vive en mí estaba de nuevo preparado para entrar en acción.


Por cierto... Sonia González acabó siendo absuelta por falta de pruebas en el asesinato de su amado Roberto. Otra cliente satisfecha.

1 Comments:

Blogger Chica_Llavero said...

Autodestrucción familiar. Que simple es a veces hacerse daño entre todos...

12:29 AM  

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